El problema no solo era Valer

El problema no era Valer. Tampoco es solo Castillo. El problema es el debilitamiento institucional que pesa sobre nuestro país y al que solo queda alimentarlo de participación ciudadana contundente que recuerde que el poder emana del pueblo.

Desconfiado, terco, no sincero y soberbio

En vez de avanzar corrigiendo errores, el torpe de Castillo “manda todo al diablo” y prefiriendo escuchar a sus oscuros asesores se trae abajo un sacrificado trabajo que buscaba avanzar.