Erika tiene cuatro hijos, no se rinde y estudia para ser enfermera

Su cuarto hijo acaba de nacer y mientras le da de lactar, Erika sigue sus clases virtuales de la carrera técnica de Enfermería. Tiene 34 años y demuestra que cuando se quiere no hay obstáculos para alcanzar los sueños.
Nunca es tarde para hacer realidad los sueños
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Su cuarto hijo acaba de nacer y mientras le da de lactar, Erika sigue sus clases virtuales de la carrera técnica de Enfermería. Ella tiene 34 años, es madre, esposa y una empeñosa estudiante que demuestra que cuando se quiere no hay obstáculos ni pretextos para alcanzar los sueños.

No es fácil. Cada día se levanta antes de que cante el gallo, a las 4:30 de la madrugada, para cocinar y preparar el desayuno de la familia, mientras su esposo y sus hijos realiza los quehaceres del hogar.

A las 8 de la mañana toda la familia está en sus ocupaciones. Su esposo William (41) sale a trabajar en el cultivo de café que tienen y sus hijos ya avanzan sus tareas para luego turnarse el celular con el que siguen sus clases virtuales. Ella también se conecta a sus lecciones en el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Teodoro Rivera Taipe de Satipo.

“En los espacios entre las clases del instituto, verifico si mis hijos están atentos o no. Las clases virtuales nos han convertido en madres y maestras al mismo tiempo, por lo que el aprendizaje de nuestros niños también depende de cómo vamos haciendo el seguimiento”, dice Erika.

Su vocación nació cuando tenía 9 años y observó por primera vez la atención de una enfermera a un paciente. La calidez, compromiso y paciencia que observó en la profesional de la salud, hizo ella soñara con una carrera que requiere vocación de servicio.

El cuarto hijo de Erika acaba de nacer y ella continúa en el camino de convertirse en enfermera.

Sin embargo, las circunstancias no eran alentadoras. Sus padres se dedicaban al cultivo de café y otros productos de la zona, para mantenerla a ella y sus siete hermanos. El dinero no alcanzaba para los estudios superiores.

Desde pequeña se dedicó a la chacra y a sus estudios escolares. A los 19 años tuvo a su primera hija, Maricielo, dos años después llegó William, cuatro años más tarde, Breenmts y hace solo cuatro días llegó su última hija. Ni la maternidad, las actividades de casa, ni su último embarazo fueron obstáculos para que ella se decida estudiar y continúe el camino de alcanzar su sueño.

“En ocasiones cuando he tenido muchas tareas me he quedado despierta hasta las 3:00 de la madrugada y he dormido solo algunas horas, pero sé que este esfuerzo valdrá la pena”, subraya Erika, satisfecha de cumplir sus metas.

Refuerza su vocación

Erika está afiliada al programa Juntos del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). Ella cumple con el compromiso de llevar a sus hijos a los centros de salud para sus controles de crecimiento y desarrollo y para que reciban todas sus vacunas.

Fue en esas visitas en que el bichito de su sueño trunco volvió con mayor fuerza. Admiraba la vocación de servicio de las enfermeras que atendían a sus niñois. Además, tener de ejemplo a su hermana menor Luz (27), quien, a pesar de tener una hija de 10 años, estudia una carrera universitaria, la hizo decidirse y postular al Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Teodoro Rivera Taipe, en Satipo, a mediados de 2020.

Así dejó de trabajar en el servicio de limpieza de oficinas en la ciudad y con el apoyo de su esposo William Maldonado (41), inició este camino académico que solo es el inicio de todas sus metas propuestas.

Erika cuenta que el curso que más le ha gustado hasta el momento es epidemiología y su temor más grande es hacer una mala praxis al poner una inyección. “Ser enfermera es una gran responsabilidad, pues estás a cargo de la vida de las personas”.

Pero sus sueños no terminan allí. Luego de culminar sus estudios y buscar un trabajo estable, piensa validar sus estudios en una universidad, en la carrera de química farmacéutica, para en unos años y con algunos ahorros, abrir una botica.

En esta familia, hombre y mujer van al frente. William es luchador y un verdadero mil oficios que se faja, al lado de su esposa, para sacar adelante a su familia. Ambos estimulan a sus hijos a seguir estudiando y, en el mediano plazo, convertirse en profesionales.

“Yo creo que la familia es nuestra mayor motivación y que nunca es tarde para estudiar. Estoy agradecida con mi esposo, mis hijos y mi familia por ser ese sostén que me ha dado todo el soporte para cumplir las metas y sé que lo lograré”, dijo Erika.