Víctor Hugo Cuéllar, el niño boliviano que soñaba con el fútbol y se convirtió en la voz de Enlace

De las canchitas de tierra de Potosí, Bolivia, a los escenarios del Perú. A los 19 años se convirtió en la voz de Enlace y, tres décadas después, esa misma voz vuelve tras seis meses de silencio para dar gracias a Dios en cada canción.
los 12 años, Víctor Hugo Cuéllar soñaba con ser futbolista; a los 19 ya era la voz de Enlace.
Adelina R. Castro
Adelina R. Castro
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Después de seis meses de silencio, incertidumbre y un retiro necesario, Víctor Hugo Cuellar vuelve a abrir su corazón. En una íntima conversación con Huanca York Times, la voz más querida de Enlace habla por primera vez sobre el delicado proceso de salud que decidió mantener en reserva, el profundo cambio espiritual que marcó su vida tras su reciente bautizo y cómo la fe se convirtió en el refugio que le dio fuerzas para regresar a los escenarios.

Con la serenidad que dan los años y las pruebas difíciles, el artista recuerda también al niño de Catavi, en Bolivia, que soñaba con ser futbolista profesional antes de descubrir que su destino estaba en la música. Habla de sus raíces, del amor por su familia, de las ausencias que le dejó la fama y de las tres generaciones que hicieron eternas canciones como No me vuelvo a enamorar, Te sueño y Si te vas.

“Ya no canto solo por el aplauso; canto con agradecimiento a Dios por cada día de vida”, confiesa emocionado.

Y mientras vuelve a reencontrarse con su público, no descarta que algún día su voz también se dedique a cantar alabanzas.

El retorno

¿Cómo te recibió el público en este regreso a los escenarios?

Bastante bien. Luego de seis meses de ausencia, retorné hace poco más de una semana y sentí que la gente realmente esperaba mi regreso para volver a escuchar e interpretar las canciones que tanto les gustan.

(La entrevista se realizó el jueves 7)

¿Por qué decidió hacer un alto en su carrera?

Por temas personales y de salud decidí tomarme un descanso temporal. De aquí en adelante, el plan es cumplir con los compromisos realizados ya desde el año pasado, aunque ahora trato de trabajar de forma menos intensa. Los años no pasan en vano, y los viajes constantes agotan. Hasta hace seis meses trabajaba casi diario, viajes semanales, fuera de mi casa casi 15 o 20 días. Ahora cambié mi ritmo de trabajo, contratos solo fines de semana, viajes cerca o evitarlos de ser posible.

El público desea saber, ¿cómo está la salud de Víctor Hugo?

(Silencio). En algún momento de repente habrá que contar todo lo que pasó en estos seis meses, ¿no? Pero por ahora lo tengo reservado porque es algo delicado, la verdad.

¿Es tu salud el motivo de estos cambios?

Claro, sobre todo por salud y también por la familia. Hay que cuidarse, ya no soy un jovencito.

¿Es el costo de la fama?

Son casi 30 años de hacer música. A veces se llega a un sitial de supuesta fama y sostenerse es difícil, pero gracias al público seguimos vigentes. Satisface muchísimo cantar, aunque hay momentos de extrañar a la familia. Las hijas nos reclaman, nos perdemos fechas especiales.

Se especuló sobre su ausencia…

Sí, y con malos comentarios. Decían que era el karma o que pagaba ciertas circunstancias. Sé que a todo el mundo no le voy a agradar. Somos humanos, podemos equivocarnos. Sin embargo, agradezco a nuestro público preocupado por nuestra ausencia.

La nueva vida de Víctor Hugo Cuellar

El cantante comenta que desde hace años asistía a una iglesia cristiana evangélica, pero recién hace cuatro meses decidió bautizarse en el Movimiento Misionero Mundial (MMM), junto con su esposa, Flor Francia Jiménez, motivados también por la constante invitación de su suegra, Francisca Jiménez.

“Conocer a Dios, a Cristo, es diferente. Es más satisfactorio convertirte por decisión personal. No te podría decir versículos de memoria; sin embargo, Dios se ha manifestado en estos seis meses de descanso, en los momentos más difíciles de mi vida”.

¿Ahora es la fe la nueva bandera de Víctor Hugo Cuellar?

Sí. Mi encuentro con Dios fue a raíz de estos seis meses de proceso que te comenté, a causa de una enfermedad. Conocí mucho más a Dios y me di cuenta de su presencia en estos 52 años de vida y 30 como artista. Por mi ego humano creía que todo lo alcanzado era por mí, por ser buen cantante, pero no. Fue Dios el autor de mis dones; yo solo fui y sigo siendo un instrumento suyo.

¿Y piensa retirarse luego de su bautizo?

Llegará un momento en que sí me voy a tener que retirar, porque los años no pasan en vano. Además, la música del grupo Enlace no es para cantar sentado en una silla. Hace 30 años era más joven, podía bailar mucho más. Al cantar, me gusta moverme en el escenario y no quisiera estar sentado frente al público. Ahí tendría que cambiar de la cumbia a la balada para permanecer en una silla.

¿Quizá seguir el camino de sus paisanos Yuri Ortuño o Fernando Torrico y cantar alabanzas a Dios más adelante?

Sí, sí… de hecho. Más adelante creo que sí. Alabar y honrar su nombre es agradecerle por la vida misma, por todo lo que ha hecho con mi familia y conmigo.

El intérprete de Ojitos negros y Si te vas comparte ahora gran parte de su tiempo con Dios, su familia y Tyson, su perrito, con quien suele salir a caminar. En casa disfruta prepara ceviche, tallarines, chanfainita, chicharrones y papa a la huancaína.

Tobe’, el “Osito de la Cumbia”

Víctor Hugo Cuéllar nació el 10 de marzo de 1974 en el distrito minero de Catavi, en Potosí, Bolivia. Hijo de Irene Lino y del contador Félix Cuellar, es el tercero de cinco hermanos: Esther, Orlando, Rosa y Omar (+).

“Cuando canto en La Oroya, o paso por ahí en mis viajes, recuerdo mucho a mi querido Catavi, que me vio nacer y crecer. Se parecen”, comenta con nostalgia.

En su familia lo llaman cariñosamente ‘Tobe’, porque una de sus hijas, cuando era pequeña, intentaba pronunciar ‘Víctor’ y terminaba diciendo ‘Tobe’. Entre amigos y seguidores es conocido como ‘El Osito de la Cumbia’, apodo que él mismo cuenta entre risas por su apariencia “gordita”.

Su esposa, Flor Francia Jiménez, es natural de Mala, Lima. Juntos tienen dos hijas, Luciana y Karime. Se define como un padre “mamero y engreidor” y habla con profunda admiración de su compañera de vida:

“Con Flor cumplimos 20 años de casados. Aprovecho para agradecerle por haberme soportado tanto. Yo creo que otra mujer no me hubiera aguantado mucho. Mi admiración para ella. Es abogada y le encanta estudiar. Incluso mientras estoy de viaje continúa capacitándose; me agradece porque dice que no la distraigo y aprovecha mis ausencias para seguir estudiando maestrías. Es una esposa y madre ejemplar. Siempre les aconseja a mis hijas: ‘Si quieres ganar mucho más, tienes que especializarte mucho más’”.

Víctor Hugo con su familia, su pilar y fortaleza: “Mi admiración”, dice de su esposa Flor.

Duelos

En el sensible corazón del artista habitan dos grandes tristezas, no haber podido asistir al sepelio de su hermano menor, Omar, quien partió muy joven y la pérdida de su padre, a quien recuerda como un hombre totalmente dedicado a sus hijos.

“Mi padre enviudó muy joven y no volvió a rehacer su vida. Se dedicó por completo a nosotros. Murió a los 82 años. Papá era increíble, todo un deportista. Hasta esa edad manejaba bicicleta y jugaba tenis. Falleció por complicaciones del COVID”, comenta con tristeza.

¿El artista es un payaso?

Así es, es muy difícil perder a un familiar. Ahora, como cristiano, me consuela pensar que sus destinos están en un lugar mejor, donde no hay sufrimiento.

¿Cómo es Víctor Hugo Cuellar?

Una persona muy reservada. No soy muy amiguero, tengo amigos contados, soy solitario. Vengo de una ciudad tranquila y los lujos no me atraen. Incluso cada cinco años y obligado por mis hijas, compro ropa. No aspiro a ingresar a los medios. Me siento bien y agradecido con lo logrado, tranquilo con el público que tengo.

“Recuerdo que en un viaje a Piura con mi familia, en el aeropuerto se acercaron personas para pedirme fotos y autógrafos. Una de mis hijas me dijo: ‘Papá, ¿tú eres famoso?’. Pero la verdad, tampoco me siento famoso”.

Boliviano, con corazón peruano y huancaíno

El querido ‘Tobe’ admira al cantante peruano Gian Marco y suspira con la canción Historia de amor para la flor de su vida. Le encanta el ceviche y la pachamanca. Se declara boliviano, pero con el corazón peruano y huancaíno.

“Me encanta comer carne de cuy, carnero, de todo. Si hay de siete sabores y colores, ahí estoy yo. Con trucha, chancho, pollo… toda la pachamanca entera”, comenta entre risas.

Hay rumores de que usted vive en Huancayo…

Vivo en el Perú hace más de 20 años, pero no en Huancayo. Vivo en Lima, aunque paso hasta más de quince días en La Incontrastable por el gran cariño a Enlace en el centro del Perú, también por la selva central, Huancavelica, Ayacucho, Andahuaylas y Cusco.

Descanso en Concepción admirando el hermoso paisaje y disfrutando de la deliciosa trucha.

¿Y qué significa entonces Huancayo para usted?

Huancayo es una ciudad muy hermosa. Me considero de Huancayo porque es una de las ciudades donde más cariño recibo. Tengo otras ciudades con gran público, pero Huancayo es mucho más.

Parte de mi vida está en Huancayo. Muchos me preguntaban: “¿Tu esposa es huancaína?”. Y yo respondía: “No, mi esposa es de Lima, de Mala”.

La voz de Enlace por tres generaciones

Durante los meses de ausencia, se intentó reemplazar con otras voces al ‘Osito de la Cumbia’, Víctor Hugo Cuellar, pero miles de seguidores no lo aceptaron. En redes sociales comentaban: “Si no canta Víctor Hugo, no es Enlace”.

¿Crees que sin ti ya no hay Enlace?

Son prácticamente 30 años, tres generaciones que cantan y bailan nuestra música. Mucha gente que ya está casada, que tiene hijos e incluso nietos, viene a escucharme a los espectáculos: papá, mamá, hijos y también jóvenes de 18 años que gustan de nuestras canciones. Mi gratitud eterna para todos ellos.

¿Cómo nace tu vena artística?

Provengo de una familia musical. Mi papá era guitarrista, cantaba y grabó un disco. Mi mamá cantaba bonito, pero no se dedicó al espectáculo. Mi hermana mayor también canta y mis sobrinos integran Pasiones, un grupo de música latinoamericana en Oruro. Mi tía Nardy Barrón es compositora, cantante y guitarrista del grupo femenino Bolivia.

¿Y a qué edad te das cuenta de que querías ser cantante?

Mis dos pasiones desde niño fueron la música y el fútbol. Hasta los doce años quería ser futbolista profesional. Recuerdo que jugaba en canchitas de tierra. Antes, en Bolivia, no había mucho apoyo. Hasta ahora me gusta el fútbol; juego de medio campo o delantero.

¿Y la música?

Hasta los diez años viví en Catavi con mi familia. Al ganar una beca para estudiar en el internado Fe y Alegría de los jesuitas, para alumnos de alto rendimiento en Cochabamba, dejé a mi familia y a Catavi. Me gustaba mucho estudiar y también sentía una gran inclinación por la música.

¿Tus pininos?

El colegio tenía guitarras, charangos, piano y baterías y ahí aprendí mucho más de música. A los once años formé mi grupo latinoamericano Guaritai con mis compañeros de salón. Perfeccioné mi destreza con la guitarra, el piano y el canto. Aunque no era el vocalista principal del grupo, cantaba algunas canciones acompañado de la guitarra. Guaritai ganó premios en festivales de Cochabamba.

¿Y cómo fue tu encuentro con la cumbia?

Por coincidencia. Tenía 14 años. El esposo de mi hermana tenía un grupo de cumbia y me invitó a asistir a sus ensayos. Acudí emocionado con el deseo de conocer instrumentos musicales electrónicos, sobre todo la guitarra eléctrica. Pensaba que tenían notas diferentes a los instrumentos acústicos. Y algo curioso ocurrió después.

¿Qué pasó?

A las semanas, mi cuñado me invitó a tocar porque su guitarrista le había fallado. Ante su insistencia fui a salvar el compromiso. Toqué guitarra y bajo. Les agradó y así empecé mi carrera musical en la cumbia.

En el colegio Fe y Alegría de Cochabamba descubrió que la música, no el fútbol, sería su destino.

La historia de Víctor Hugo y Enlace

‘Tobe’ recuerda aquel año 1993. Tenía 19 años cuando su voz y su guitarra fueron escuchadas por uno de los directores de Enlace durante una gira por la selva de Cochabamba, donde él los acompañaba como sonidista.

“¿Por qué no te quedas?”, le preguntaron. Y se quedó.

De no ser músico, ¿qué hubieras estudiado?

Al terminar el colegio deseaba estudiar ingeniería informática o medicina. Empecé informática, pero con las giras, incluso fuera de Bolivia, ya no asistía a la universidad. Tuve que elegir entre los estudios y la música. Decidí quedarme con la música, aunque mi papá se molestó, y mi mamá también, porque deseaban que fuera profesional.

¿Te sientes mal por aquella decisión?

No, pero la música no lo es todo a veces. Puede ser como un hobby. Muchos tienen suerte y les va bien. Muchos también viven de esto. Pero yo creo que tener una profesión como base sería muy bueno.

¿Qué les dirías a los músicos jóvenes?

Que puedan tener como base la música, sin descuidar los estudios. Ser profesional también es un orgullo para la familia: decir “soy abogado”, “soy doctor”, “soy ingeniero” y a la vez “soy músico”.

Pero usted es todo un profesional en la música.

Nunca estudié música. Solamente aprendí con los años, gracias a Dios. Soy empírico, autodidacta. Dios me dio el don y se lo debo a Él.

Desde Bolivia al Perú

¿A qué edad sales de Bolivia y llegas al Perú?

El año 1993 entro al grupo Enlace y grabo canciones como Te sueño, Perdóname y No puedo más, de su segundo disco. Hicimos una primera gira por Tacna. Ya en los años 1994 y 1995 nos presentamos en Arequipa, Cusco, Juliaca y Puno.

¿Y Lima?

Recuerdo que llegamos a Lima con miedo. Nos dijeron: “En Lima domina la chicha y su cumbia no creo que pegue”. Con guardaespaldas nos presentamos en la discoteca salsera Gipsy Blue, en la avenida Venezuela. Para sorpresa nuestra tuvimos muy buena acogida. Asistieron promotores a quienes les gustó nuestra música. Luego pasaron otros acontecimientos dentro de la agrupación y tuvimos que refundar el grupo para seguir adelante.

¿Y logró resolverse lo de la patente Enlace?

La patente se fue peleando durante años. Tengo una registrada como “Víctor Hugo Cuéllar y Los Amos del Ritmo, el grupo Enlace”. Johnny, otro de los cantantes de Enlace, tiene una patente en Bolivia como “Johnny Rollano y su grupo Enlace, Los Originales”. También existen otras patentes Enlace utilizadas por promotores que nos trajeron en los primeros años. Otros registraron nombres como “Los Príncipes de la Cumbia”. En resumen, el nombre original, Enlace Internacional de Voces de Sacaba, Cochabamba, Bolivia, ya no existe. Todo este tema de la patente nos trajo muchos problemas.

¿Algún recuerdo desagradable?

Los Enlace que vinimos a cantar en 1993 hicimos nuestra última gira en 1999. Por estafas y problemas con los promotores nos quedamos ‘botados’ en el Perú. Nos pagaron una cantidad irrisoria por seis meses de conciertos. En el año 2000, tras esa mala experiencia, nos separamos y volvimos a Bolivia. Mi madre falleció en el 2002. Fue entonces cuando decidí regresar y apostar por el Perú, no como cantante ni como Enlace, sino con la idea de ser productor musical, trabajando en masterización dentro de una sala de grabación.

¿Y cómo retomas tu carrera artística?

No quería cantar porque era un ambiente musical más rockero. Charito Grande, locutora de Radio Inka, me invitó para apoyarla en un espectáculo. Para alegría mía, el público nos recibió muy bien. Nunca olvido a Cañete, porque fue mi primera presentación en esta nueva etapa. Tenía 28 años. Después de escucharme, los promotores comenzaron a convocarme y así volví a los escenarios.

No pasan los años

¿Y qué canciones han marcado tu vida, digamos, un antes y un después?

A ver, una canción que yo no escribí, pero sí hice la música, se llama La única

(Y nos deleita con su aterciopelada voz en un pequeño concierto a capela:)

“Yo no sé lo que me has dado,

que no dejo un día de pensar en ti.

Solo sé que yo te amo

y cuando tú me faltes no podré vivir…”

“Esa canción se llama La única”.

Aprendí la letra en la catequesis, donde ayudaba en la iglesia católica de mi pueblo cuando tenía 15 años. Luego grabé la canción con Enlace, con nuestros propios arreglos e instrumentos. Esa canción me marcó por los hermosos recuerdos de mi adolescencia, cuando uno empieza a conocer chicas y enamorarse.

Otros grandes recuerdos son las canciones que siempre pide la gente: Ojitos negros, No me vuelvo a enamorar, Te sueño, Si te vas, Perdóname y Corazoncito.

Surge una inquietud: ¿quiénes son los autores de las canciones?

En honor a la verdad, el 20% son composiciones y el 80% son covers. No me vuelvo a enamorar es de autoría de Leo Dan, quien nunca llegó a cantarla. Si te vas es una cumbia antigua del grupo Coris, de Bolivia. Ojitos negros es una kullawada que no queríamos grabar; decíamos: “Es una kullawada, nadie la va a querer”. No puedo más fue una canción de relleno para uno de los discos y jamás esperamos el éxito que tuvo.

¿Algún tema especial?

Se podría decir que una de las canciones clásicas y prácticamente himno del grupo Enlace es Te sueño. También No me vuelvo a enamorar, Perdóname y Si te vas, porque la gente, si no las canto, insiste y vuelve a pedirlas para bailar, llorar y sentir.

¿Qué caracteriza al Enlace de Víctor Hugo?

La sencillez y la humildad del grupo. No somos extravagantes en el escenario, no hacemos muchas entrevistas en televisión o radio. No queremos vender humo a la gente. Somos como somos y cantamos para el público que realmente nos aprecia.

¿Algo que no puede callar y necesita decir?

Uno se arrepiente de cosas hechas en el pasado. Y si a alguna persona hemos dañado, le pido perdón. Quizá dañamos con nuestras canciones, con palabras o sin querer ofender. Pido perdón a esa persona y también a Dios, mucho más a Dios, por los errores que hemos cometido.

¿Qué decirle a su público en el Perú y a nivel internacional en esta nueva etapa?

He pensado en muchas cosas y situaciones en estos seis meses de descanso. Pero me debo al público. Solo decirles: gratitud eterna.

¿Y cómo ve el futuro de la cumbia?

Hay limitaciones. Ahora el ambiente musical está dominado por la cumbia norteña del Perú y se necesitan grandes inversiones en promoción. Mientras tanto, seguiremos deleitando al público que tanto amamos.

En el Coliseo Romano, la voz insustituible de Enlace sigue haciendo historia.

Hasta que Dios quiera…

Víctor Hugo, ¿seguirás en los escenarios?

No sé por cuántos años más. No sé cuánto más me permita Dios interpretar estas canciones. Será su voluntad. Pero mientras haya vida, y mientras el público siga reclamando la voz de Víctor Hugo Cuellar, aquí estaremos.

¿Compromisos más adelante?

Recibí llamadas para contratos de fines de año e inicios del 2027, así como para viajes a Estados Unidos. El grupo va a continuar y el tour también seguirá, hasta que Dios quiera.

Y nos despedimos mientras nos regala un mix angelical, sensual y aterciopelado con esa voz inconfundible que marcó a generaciones:

“Por esos ojitos negros, mi amor,

mi vida yo te puedo dar…

Te sueño, te sueño… dormida, dormida…

No puedo más vivir sin ti…

No me vuelvo a enamorar para sufrir…

Si te vas, te vas nomás…

Perdóname, abrázame…”

Hasta que Dios lo quiera.