Improvisación, acusaciones y desmemoria: ¿por qué todavía Belmont?

"Ricardo pertenece a una de las familias más acaudaladas del país y que también afronta investigaciones por presunto abuso de autoridad, lavado de activos y usurpación".
¿Por qué Belmont?
Erick Gamarra
Erick Gamarra
Periodista
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Estas deben ser unas elecciones generales agotadoras. Por el número de candidatos presidenciales, 35, la oferta política pasa a ser pesada y confusa. Frente a las urnas aparece un elector cansado de los mismos nombres ligados a la corrupción, sea por sus propios actos o por los de su entorno, del terruqueo y de ofrecimientos populistas. Hay postulantes muy conocidos y otros casi invisibles que apenas sobreviven en la retina por alguna aparición en debates. Por eso no extraña que, a pocos días del día central, los indecisos bordeen el 15%. En semejante contexto, uno de los mayores despropósitos es la irrupción de Ricardo Belmont Cassinelli (80 años) —a quien inclusive se le quiere vender de outsider o antisistema— y que hoy, insólitamente, se muestra en los primeros lugares de los recientes sondeos.

Empresario, comunicador y dos veces alcalde de Lima, 1990 y 1993, su andadura arrastra serios señalamientos, principalmente por el “Canal del Pueblo”, plan lanzado en 1986 con el que alrededor de 100 mil aportantes invirtieron bajo la promesa de participar en un canal televisivo. Según la revista COSAS, la iniciativa habría recaudado entre 6 y 7 millones de dólares. Con los años, al menos 56 mil accionistas reclamaron la devolución de su inversión sin éxito. Muchos murieron esperando una restitución que nunca llegó. “Tengo cáncer, no tengo seguro; y mi hermana tiene un tumor, por favor que nos devuelva el dinero”, imploró una de las afectadas en 2004. Con ese registro, el ‘Hermanón’ encarna una figura que, para miles de peruanos, tiene el rostro del abandono, la traición y la sombra de un caso que numerosos califican de estafa.

 

“Detrás de la memoria de sus obras, persisten los cuestionamientos por el abandono a miles de aportantes, el desorden en su gestión y una trayectoria política marcada más por el carisma que por resultados concretos”

 

A su vez, sus seguidores destacan la ejecución de obras de infraestructura, en especial viales. Sin embargo, en contraste, sus detractores le atribuyen que durante su gestión edil se consolidó la informalidad en las calles de la capital. Posteriormente, su trayectoria electoral acumula reveses en sus intentos por llegar a la presidencia, volver a la alcaldía y alcanzar una curul por elección directa. Su ingreso al Congreso se produjo en 2009, luego de asumir el escaño dejado por Alberto Andrade tras su fallecimiento, en el periodo 2006-2011. Como parlamentario, entregó solo tres proyectos de ley y ninguno fue aprobado. Así, detrás de la memoria de sus obras, persisten los cuestionamientos por el desorden, los fracasos, la escasa producción legislativa y una supervivencia mediática sostenida en su viejo carisma.

Para la presente contienda, Belmont declaró al Jurado Nacional de Elecciones aportes voluntarios de personas naturales, a título personal, por 133.000 soles, vía Yape y PayPal, seguramente, provenientes de sus conocidas recaudaciones públicas, tipo el “Yapetón”. A ello se suma que el partido Obras no ha presentado, hasta la fecha, su rendición de cuentas de campaña. De otro lado, conviene no perder de vista que Ricardo pertenece a una de las familias más acaudaladas del país y, además, de acuerdo con reportes periodísticos, tendría cuatro investigaciones por presunto abuso de autoridad, lavado de activos y usurpación. Con todo eso, vuelve difícil respaldar la imagen antisistema que sus llamados “espartanos” —su núcleo fervoroso de fanáticos— suelen atribuirle, pues Belmont está más cerca del establishment que de cualquier auténtica expresión de ruptura política.

 

“La pregunta ya no es qué ofrece, porque incluso en eso hay improvisación, sino por qué, pese a todo lo mencionado, sigue siendo una opción para un gran sector del país”

 

Finalmente, inquieta escuchar las posturas que Belmont expone sobre asuntos nacionales. En materia de inseguridad ciudadana, su propuesta de enfrentar la criminalidad a partir de “dar amor a los delincuentes” y “cambiar su espíritu” suena a un discurso de autoayuda ante una violencia que, a diario, asesina. A ello se añade su admisión de que su plan de gobierno fue elaborado “en tres días” y que, en rigor, ni siquiera podría considerarse como tal. Esa ligereza en temas cruciales se agrava con manifestaciones de tinte homofóbico y machista. Basta recordar cuando sostuvo que la homosexualidad formaba parte de “una vida invertida” sin “valores”, o al referirse al aborto, señaló que la “legalización me permite meterle un balazo a la madre”. La pregunta ya no es qué ofrece, porque incluso en eso hay improvisación, sino por qué, pese a todo lo mencionado, sigue siendo una opción para un gran sector del país.