¡¡Echa paso, echa paso, úrrea, úrrea!! Frases imperecederas que tronarán, acompañadas de guapidos estentóreos, desde este martes 20 de enero en el distrito de Yauyos (Jauja), dando inicio a la fiesta grande de la Tunantada
La tunantada no es una danza de gala ni de suntuosidad, sino una expresión de jolgorio netamente popular. Como resultado de un pueblo que a través del tiempo forjó una danza emblemática, tumultuosa, multicolor y romántica.
Chutos, chapetones, tucumanos, jamilles, huatrilas, jaujinas, huanquitas, sicaínas y demás yerbas del campo, mostrarán su arte cadencioso, alegre, burlón y picaresco.
La tunantada en sus inicios fue humilde, pueblerina, ferial. Nace en esas noches de luna nueva cuando los feriantes, después del arduo trabajo, se solazaban creando cuartillas, poesía sátira, silbando sonidos melodiosos y cantándole al trabajo, al amor, al sufrimiento y, también, a la alegría de vivir.
“La tunantada no es una danza de gala ni de suntuosidad, sino es una expresión de jolgorio netamente popular. Como resultado de un pueblo que a través del tiempo forjó una danza emblemática, tumultuosa, multicolor y romántica.”
Con el paso del tiempo, la tunantada desplazará de la tumultuosa atención popular al jalapato y al cortamonte, que antes primaban en Jauja.
En un certamen tunantero le escuché al distinguido huatrila, Henoch Loayza, decir que la tunantada había dejado ya de pertenecer solo a los jaujinos, pues desde hace varios años el Perú entero se ha apoderado de ella. Incluso ha traspasado fronteras, pues peruanos en el exterior gozan y lloran bailando tunantada.
Sin embargo, Jauja permanecerá orgullosa de ser la cuna tunantera. Pues danzar tunantada el 20 de enero bajo cielo jaujino es incomparable.
También es ocasión de rendir homenaje a decenas de músicos, compositores e intérpretes tunanteros.
“La tunantada había dejado ya de pertenecer sólo a los jaujinos, pues desde hace varios años el Perú entero se ha apoderado de ella. Incluso ha traspasado fronteras… Sin embargo, Jauja permanecerá orgullosa de ser la cuna tunantera.”
Cómo no recordar a don Tiburcio Mallaupoma Cuyubamba, fundador de la legendaria Lira Jaujina. A Julio Rosales Huatuco que paseó su arte con los Engreídos del Perú, entre otros.
Además, no hay tunantada sin el aguacero de enero, con olor a tierra fresca y los campos verdes.
La tunantada es una danza mestiza, símbolo de identidad, memoria y herencia cultural.
Los antiguos peruanos en enero realizaban rituales de ayuno y penitencia, como antesala al florecimiento de los campos.
Asimismo, para contrarrestar las heladas, los indígenas quemaban ramas y hojas para proteger los cultivos, invocando a sus dioses en sendos ritos.
Frente a los ritos que los españoles calificaban de paganos, imponen en el calendario que el 20 de enero se rendirá culto a los santos patronos San Sebastián y San Fabián.

