Hace cuatro décadas, Florentino Lara Santos caminaba entre cerros y caminos polvorientos para reparar torres de alta tensión que habían sido voladas con dinamita. Eran años en que el terrorismo dejaba pueblos enteros a oscuras y un grupo de técnicos, conocidos como linieros, debía devolver la electricidad en medio del miedo y la incertidumbre.
Hoy su vida sigue otro rumbo. A los 70 años, el cantante vernacular conocido como ‘El Ronco de los Andes’ acaba de presentar su primer libro: Tayta Niño. Fe, tradición y cultura en Huayucachi. En sus páginas recoge la memoria de una de las celebraciones más singulares del valle del Mantaro, la tradición de los chinchilpos y gamonales.
Autodidacta, actor de teatro y promotor cultural, Lara regresó a su tierra en 2020. Durante la pandemia decidió ordenar recuerdos, entrevistas y vivencias de toda una vida vinculada a la festividad de Tayta Niño. El resultado es un libro que busca preservar la historia, la fe y la identidad de su pueblo.
“Dicen que una persona trasciende cuando tiene un hijo, planta un árbol y escribe un libro. Yo ya había tenido hijos y plantado árboles. Me faltaba el libro”, cuenta.
Un libro sobre la fiesta de Tayta Niño
El libro tiene 130 páginas y reúne información sobre la festividad que cada enero llena de vida a Huayucachi. Habla del origen de la celebración, de las peregrinaciones, la novena, la víspera y de los disfraces que distinguen a los dos bandos de la fiesta.
También recoge recuerdos de quienes han participado en esta tradición durante muchos años. Florentino entrevistó a más de 25 personas, entre jóvenes y adultos mayores, algunos de ellos priostes o antiguos zumbadores.
Uno de los testimonios es el de Olinda Lara Conde: “Mis padres eran de bandos distintos, mi padre chinchilpo y mi madre gamonal. Pero los dos tenían una gran fe en Tayta Niño”.
Otro recuerdo es el de Aniceto Galarza Molina, quien empezó a participar en la fiesta en los años sesenta. “En ese tiempo la celebración era más pequeña. Solo se nombraban dos responsables como negros mayores. Con los años la fiesta ha crecido mucho”.
Chinchilpos y gamonales
La fiesta gira alrededor de dos grupos tradicionales, los chinchilpos y los gamonales. Cada uno tiene su propia identidad, su vestuario y su forma de participar.
Florentino Lara pertenece al bando gamonal, algo que heredó de su familia.
“Mis padres fueron gamonales, mis abuelos también. Es una tradición familiar. En Huayucachi casi siempre se nace siendo gamonal o chinchilpo”, dice.
Él mismo ha participado durante gran parte de su vida.
“Tengo 70 años y más de 60 como gamonal. En los años setenta también fui bailarín”.
El zumbanacuy
Uno de los momentos más conocidos de la fiesta es el zumbanacuy, el enfrentamiento a latigazos entre integrantes de ambos bandos.
A simple vista puede parecer violento, pero quienes participan lo ven de otra manera. Para Florentino, se trata de una expresión cultural que viene de tiempos antiguos.
“El zumbanacuy representa el enfrentamiento entre clases sociales, los gamonales y los chinchilpos”, explica.
Según cuenta, el látigo que antes usaban los patrones para obligar a trabajar a los campesinos terminó convirtiéndose, dentro de la fiesta, en un símbolo de desafío. El enfrentamiento no se hace sin control. Hay árbitros, policías y reglas claras.
“No es golpearse por golpearse. Hay tiempos y autoridades que vigilan que todo se cumpla”, aclara.
Además, quienes participan suelen prepararse durante meses.
“Ahora muchos entrenan antes de la fiesta. Van al gimnasio o practican con postes o troncos de árboles. En mis tiempos no era así”, recuerda.
La tradición, lejos de desaparecer, ha crecido. En los años setenta cada bando reunía apenas unas decenas de participantes. Hoy pueden llegar a ser 500.
La fe en Tayta Niño
Más allá de la competencia, lo que sostiene la fiesta es la fe.
En su libro, Florentino reúne más de treinta testimonios de personas que creen haber recibido milagros de Tayta Niño.
Cuenta, por ejemplo, que su hijo mayor le pidió al santo poder viajar al extranjero.
“Rezamos, llevamos flores y velas, y al final el viaje se dio”, dice.
Otro caso es el de un prioste que enfermó gravemente de covid durante la pandemia.
“Le pidió a Tayta Niño que le permitiera vivir para cumplir con su fiesta. Logró recuperarse y después celebró la festividad”.
Para Florentino, esas historias ayudan a entender por qué la devoción sigue viva, incluso entre los huayucachinos que hoy viven en otras ciudades o países.
El papel de las mujeres
Aunque el baile y el zumbanacuy son actividades principalmente de hombres, las mujeres tienen un papel importante en la celebración. Florentino lleva más de 60 años casado con Rosilda Rojas Arauco, a quien conoció cuando ambos estudiaban en el colegio Wari Vilca. Tienen cinco hijos.
Ella dice que cada enfrentamiento se vive con mucha tensión.
“Cuando empieza la zumba nos ponemos nerviosas. Solo nos queda rezar para que no salgan gravemente heridos”, cuenta.
Después del enfrentamiento, muchas veces son ellas quienes ayudan a curar las heridas, dedos golpeados, hombros marcados o espaldas adoloridas.
Pero cuando el bando gana, la preocupación se convierte en alegría. “Entonces sentimos orgullo”.
Un sueño cumplido
Para Florentino Lara, publicar el libro significa cumplir un sueño que tenía desde hace años.
“Pensaba que tal vez no alcanzaría a verlo terminado. Ahora ya tengo mis hijos, los árboles que planté y también mi libro. Me siento feliz”.
Aunque solo estudió primaria y secundaria, siempre ha buscado aprender por su cuenta. Ha participado en talleres culturales y hoy trabaja con niños y jóvenes a través del canto, el teatro y la oratoria.
“No me siento viejo. Siento que todavía puedo seguir haciendo cosas”, afirma.
Un nuevo proyecto
Ahora piensa escribir otro libro, esta vez sobre su trabajo como técnico electricista durante los años del terrorismo.
En aquella época, las torres de alta tensión eran atacadas con frecuencia y los trabajadores conocidos como linieros tenían que salir a repararlas. “Nos tocaba levantar torres caídas y devolver la luz en medio del miedo. Algunos compañeros murieron. Fue un trabajo duro y casi nadie habla de eso”, recuerda.
Ese será el tema de su próxima obra.
Antes de despedirnos, Florentino cuenta el origen de su apodo.
De niño tenía problemas para respirar y una voz un poco ronca. En su casa empezaron a llamarlo ‘el Ronco’. Años después usó ese nombre como seudónimo cuando comenzó a cantar. Así nació el nombre artístico con el que hoy lo conocen, ‘El Ronco de los Andes’.
En la sala de su casa hay una imagen de Tayta Niño colgada en la pared. A sus lados están pintados un gamonal y un chinchilpo.
Dos bandos distintos, unidos por la misma fe.
El libro Tayta Niño. Fe, tradición y cultura en Huayucachi está a la venta llamando al número 912 919 706 y también en la bodega Judith, ubicada al costado de la iglesia de Huayucachi, en el parque principal del distrito.


