La realidad de la salud mental en el Perú ha encendido las alarmas de las instituciones académicas y sociales. Según reportes actualizados a inicios de 2026, el país enfrenta un aumento crítico en conductas suicidas, una problemática que ha escalado silenciosamente en los últimos cinco años. Ante este panorama, la Universidad Peruana Los Andes (UPLA) ha decidido salir de las aulas para liderar una cruzada de sensibilización regional, advirtiendo que el estigma y el silencio son los principales aliados de esta crisis que afecta a miles de familias peruanas.
El poder de una conversación: Hablar para salvar vidas
“Hablar puede salvar vidas; pedir ayuda no es debilidad, es un acto de valentía”, afirma la Mtra. Julia Martín Marcelo, Coordinadora del Servicio Psicopedagógico de la UPLA. La especialista advierte que la sociedad peruana aún arrastra mitos peligrosos, como creer que mencionar el suicidio incita a cometerlo. Por el contrario, la evidencia científica demuestra que la comunicación abierta y la detección temprana de señales de alerta —como el aislamiento, cambios bruscos de humor o frases de desesperanza— son las herramientas más eficaces para intervenir antes de una tragedia.
Estrategias de supervivencia en una sociedad en crisis
La campaña lanzada por la institución académica propone una ruta de acción inmediata para el ciudadano común, centrada en cuatro pilares preventivos:
- Detección de señales: Aprender a leer el lenguaje no verbal y los mensajes de auxilio en el entorno cercano.
- Escucha sin juicios: Brindar compañía genuina sin criticar el dolor ajeno.
- Restricción de medios: Limitar el acceso a métodos letales en momentos de crisis emocional.
- Conexión profesional: Derivar de inmediato a la persona en riesgo hacia servicios especializados de salud mental.
Educación emocional: La vacuna contra el aislamiento
La iniciativa de la UPLA también pone énfasis en la resiliencia y el manejo de la soledad, factores que golpean con mayor dureza a jóvenes y adultos mayores. La universidad hace un llamado a las autoridades y a la sociedad civil para fortalecer los entornos seguros en espacios laborales y educativos. La meta es clara: reducir las estadísticas de mortalidad mediante una comunidad informada y empática que entienda que la salud mental es un derecho humano fundamental y que, ante la oscuridad, siempre hay una mano dispuesta a ayudar.


