Muchos peruanos todavía creen que Huancavelica solo produce papa, cebada o ganado. Pocos imaginan que, en la ceja de selva del distrito de Roble, provincia de Tayacaja, decenas de familias cultivan un café de altura que hoy se sirve en cafeterías especializadas de Lima y ya llegó hasta Italia y Alemania.
La paradoja es que ese mismo café sale por una carretera de tierra, con derrumbes y tramos deteriorados que, cada temporada de lluvias, ponen en riesgo la cosecha y retrasan el desarrollo de toda una zona productiva.
Hace apenas cinco años la realidad era distinta. Los caficultores vendían el café pergamino a intermediarios que llegaban desde Pichanaqui u otros distritos de Chanchamayo. Por cada kilogramo recibían entre 5 y 7 soles. Hoy algunos productores comercializan café de especialidad hasta en S/ 30 por kilogramo, mientras otros agregan valor con los procesos de tostado, molienda y envasado, bajo marcas propias que empiezan a ganar reconocimiento dentro y fuera del país.
Uno de ellos es Isaías Arancel, productor de Tintay Puncu. Hace tres años decidió apostar por el café de especialidad. Aprendió a seleccionar los frutos, controlar la fermentación y perfeccionar el secado del grano. El resultado fue Montaña Verde, una marca cultivada a 2.300 metros sobre el nivel del mar que alcanza 86,5 puntos en taza y hoy abastece cafeterías especializadas de Lima.
“Antes el café no era importante para nosotros. Ahora, mi marca ya es reconocida y puedo vender a un mejor precio”, cuenta mientras muestra una bolsa donde aparece el nombre de su finca, la altitud y el origen del producto. Su siguiente meta es ampliar de dos a seis hectáreas de cultivo. Para ello ya cuenta con plantones de variedades como Geisha, Arara, Obatá y Pacamara, reconocidas por su alta calidad en taza, su potencial para el mercado de cafés especiales y su resistencia a la roya del café.

El camino más difícil
La historia se repite algunos kilómetros más allá. En la Finca Contreras, ubicada en Roble, el café dejó de salir en costales para venderse a granel. Ahora se envasa con marca propia y busca abrirse camino en nuevos mercados.
“Antes secábamos el café y lo vendíamos así nomás. Hoy, lo procesamos, lo envasamos y queremos que consuman el café de Roble”, dice Jenny Contreras, quien recuerda que hace un año su familia recibía alrededor de S/ 15 por kilogramo y hoy el café procesado en su finca alcanza los S/ 25.
Sin embargo, el crecimiento tiene un límite que todos los productores mencionan sin necesidad de ponerse de acuerdo: la carretera.
Para sacar el café deben recorrer una vía afirmada que comunica Roble, el distrito más alejado de la provincia de Tayacaja, con Huancayo. Durante la temporada de lluvias, los derrumbes son frecuentes y el transporte de la producción puede paralizarse por días.
“Muchos dicen que Huancavelica no tiene café. Sí, lo tiene, y nuestra ceja de selva está en Roble”, afirma el alcalde Antonio Gonzales Ccente. Luego cambia el tono de voz para hablar del problema que, asegura, impide que el distrito despegue definitivamente.
“Nuestra carretera está en pésimas condiciones. Nos sentimos olvidados. El Gobierno Regional de Huancavelica no llega al nororiente de Tayacaja y eso afecta el traslado del café, la palta, la granadilla y otros productos”, sostiene.
Paradójicamente, aunque Roble pertenece a Huancavelica, la mayor parte de su producción sale hacia Huancayo porque representa el mercado más cercano y dinámico para los agricultores.

El salto al café de especialidad
El cambio comenzó en 2021, cuando el Proyecto Especial de Desarrollo del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (ProVraem) inició un programa de asistencia técnica para los productores de Roble y Tintay Puncu.
El ingeniero Edwin Huicho Quispe, especialista agrario del proyecto, explica que el objetivo fue enseñar a los agricultores todo el proceso que diferencia un café convencional de uno de especialidad: manejo del cultivo, cosecha selectiva, fermentación controlada, secado, catación y comercialización.
“En 2021 los productores vendían el café a cinco o siete soles el kilo y estaban contentos porque no conocían otro mercado. Hoy venden directamente a cafeterías especializadas y algunos alcanzan hasta treinta soles por kilogramo”, explica.
Según Huicho, los cafés producidos en Tayacaja obtienen entre 86 y 87 puntos en catación, una calificación que los ubica dentro del segmento de cafés de especialidad y les abre las puertas de mercados con mayor valor agregado.
Ese trabajo también permitió que los productores desarrollaran marcas como Montaña Verde, Iscorumi, Monte Sinaí, Paraíso y Sanabamba, además de establecer vínculos comerciales con cafeterías de Lima, Trujillo, Chiclayo y Huaraz. Parte de esa producción, en años anteriores, fue adquirida por compradores de Italia y Alemania.
“El café de especialidad no solo mejora el precio; cambia la vida del productor”, resume el especialista y asegura que varias familias han incrementado sus ingresos, mejorado sus viviendas y logrado que sus hijos continúen estudios superiores gracias a la venta de café con valor agregado.

La vitrina
Toda esa transformación tendrá su principal escaparate del 6 al 9 de julio, cuando Roble realice el VI Festival del Café de Altura, una actividad que reunirá a productores, compradores, catadores y especialistas para promover uno de los orígenes emergentes del café peruano.
Para el alcalde Gonzales Ccente, el evento también busca romper un viejo prejuicio. “Muchos todavía creen que en Huancavelica no hay café. Queremos demostrar que aquí producimos uno de los mejores cafés de altura del país”.
Las bolsas de café de Roble y Tintay Puncu ya cruzaron las fronteras de Huancavelica. Algunas llegaron a las cafeterías más exigentes de Lima, en Miraflores y San Isidro; otras viajaron hasta Italia y Alemania. Sus productores demostraron que podían competir en calidad con los mejores cafés del país. Pero la carretera les dificulta que el café salga de la montaña.

