“Uno ya no puede salir ni a protestar porque te dejan ciego y no pasa nada”.
Erwin Bonner Romero Corilloccla pronuncia esa frase mientras acomoda guantes y mandiles en un mercado de Huancayo. Tiene 31 años y desde hace cuatro vive mirando el mundo con un solo ojo. El otro lo perdió el 2 de abril de 2022, durante las protestas contra el gobierno de Pedro Castillo y el alza del costo de vida. Hoy, cuando una ley aprobada por el Congreso amenaza con beneficiar a policías y militares investigados por hechos ocurridos durante las protestas de 2022 y 2023, siente que también podría perder la posibilidad de obtener justicia.
Erwin vende productos en los mercados de La Incontrastable para ganarse la vida. Lo acompaña un joven que le ayuda a desplazarse y atender a los clientes. Además de haber perdido un ojo, vive con el temor de que la lesión afecte también su otra visión.
“Vivo decepcionado del Estado, de la justicia, de la Policía. Ya ni qué decir de los políticos”, dice mientras acomoda su mercadería. “Sigo en tratamiento para no perder la otra vista”.
En esta misma ciudad, Frayan Toribio Yaranga enfrenta una realidad similar. Antes trabajaba en una mina del sur del país. Hoy depende económicamente de su padre. Un perdigón disparado durante aquella jornada le arrebató la visión del ojo derecho y dejó secuelas en el izquierdo.
“¿Cómo es el Estado, no? ¿A dónde ya podemos recurrir?”, pregunta.
Los dos tenían 27 años cuando resultaron heridos durante las protestas del 2022 en las inmediaciones del Coliseo Wanka. Cuatro años después, siguen esperando que el sistema de justicia determine responsabilidades por las lesiones que cambiaron sus vidas para siempre.
El día que lo cambió todo
Aquella jornada, miles de personas salieron a las calles de Huancayo para protestar contra el incremento del costo de vida y las medidas adoptadas por el gobierno de Pedro Castillo.
De acuerdo con la investigación fiscal, la Policía utilizó decenas de armas antidisturbios, entre ellas escopetas lanzagas y escopetas de retrocarga. El saldo fue de varios heridos.
De acuerdo a las investigaciones, Erwin perdió el ojo izquierdo por el impacto de una bomba lacrimógena. Además, la fiscalía señala que no se encontraba enfrentándose a los efectivos policiales ni participaba en la primera línea de manifestantes. Se hallaba a unos 150 metros de la intervención policial.
Frayan, por su parte, perdió completamente la visión del ojo derecho tras recibir el impacto de un perdigón.
Lo que pedía la Fiscalía
El caso aún se encuentra en etapa de investigación preparatoria, una fase previa al eventual juicio oral. Sin embargo, la fiscal provincial Yesenia del Rosario Castro Espinal ya había formulado un requerimiento en el que planteaba cuatro años de prisión para cada uno de los investigados y una reparación civil de S/430 mil para cada víctima.
Los investigados son el exgeneral PNP Gregorio Martín Villalón Trillo, quien entonces se desempeñaba como jefe de la VI Macro Región Policial Junín, y el entonces mayor PNP Juan Carlos Romero Romero, exjefe de la Unidad de Servicios Especiales (USE) de Huancayo.
La Fiscalía les atribuye responsabilidad como autores mediatos del delito de lesiones graves.
En agosto de 2025, el Ministerio Público calculó una pena de cuatro años para cada acusado, considerando que no registraban antecedentes penales. Además, solicitó una reparación civil total de S/860 mil para ambos agraviados.
Para Erwin y Frayan, aquella fue la primera señal de que, después de años de espera, el caso empezaba a avanzar, hasta hoy.

La ley que amenaza con cambiar el proceso
El panorama cambió el 23 de junio de 2026, cuando el Congreso aprobó la ‘ley de la impunidad‘ impulsada por el congresista fujimorista Fernando Rospigliosi.
La norma aún espera ser promulgada por el Poder Ejecutivo, pero ya ha encendido las alarmas entre las víctimas y organizaciones de derechos humanos.
La propuesta modifica el artículo 20 del Código Penal para eximir de responsabilidad penal a policías y militares que causen lesiones o muerte durante la protección de bienes, instalaciones o de su propia integridad, siempre que hayan utilizado sus armas de manera reglamentaria.
Además, una disposición transitoria establece que la norma también será aplicable a hechos ocurridos durante las protestas de 2022 y 2023, según un abogado penalista consultado por Huanca York Times.
El punto que más preocupa a Erwin y Frayan es que no se puede investigar un mismo caso en la justicia ordinaria y en la militar al mismo tiempo. Si eso ocurre, uno de los procesos puede quedar sin efecto. En ese escenario, el juez militar podría pedir que el caso en la vía común se archive. Incluso antes de una sentencia firme, cualquiera de las partes puede solicitar que se cierre el proceso en la justicia ordinaria.
En la práctica, esto podría hacer que el caso, pese a los años avanzados, termine sin condena, sin reparación económica y sin justicia para las víctimas.
¿Qué puede pasar ahora?
Durante una audiencia realizada en abril de este año, la defensa de los investigados sostuvo que las lesiones podrían haber sido ocasionadas por piedras y no necesariamente por proyectiles policiales.
Sin embargo, la investigación fiscal recoge información sobre el operativo desplegado aquel día, el armamento utilizado y las circunstancias en las que resultaron heridos los manifestantes.
El caso todavía no ha llegado a juicio oral. No obstante, si la ley es promulgada y entra en vigencia, la defensa podrían solicitar el archivamiento del proceso o invocar sus efectos durante las siguientes etapas judiciales.
De ocurrir ello, uno de los pocos casos en Huancayo donde se logró identificar a mandos policiales por lesiones ocurridas durante las protestas podría terminar “en nada”.
Una herida que sigue abierta
Hoy ambos tienen 31 años. Erwin continúa trabajando en los mercados pese a sus limitaciones visuales. Frayan permanece alejado de la actividad laboral y depende del apoyo de su familia.
Los dos cargan las consecuencias físicas, económicas y emocionales de una jornada que les cambió la vida.
Han pasado más de cuatro años desde aquella tarde en las inmediaciones del Coliseo Wanka. Para muchos, las protestas ya son un recuerdo lejano. Para Erwin y Frayan, en cambio, siguen presentes cada mañana, cuando despiertan y vuelven a mirar el mundo con un ojo menos, con la certeza de que el camino para alcanzar justicia ha llegado hasta aquí, pero que aún así solo queda seguir.

