Alianza Lima o la ‘U’, sobre el campeón de 1934: FPF en mutismo y periodismo en complacencia

Noventa años después, la FPF sigue sin definir quién fue el verdadero campeón de 1934. Mientras la FIFA y documentos de la época apuntan a Alianza Lima, la FPF guarda silencio y el periodismo evita incomodar.
El silencio de la FPF
Erick Gamarra
Erick Gamarra
Periodista
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Ha pasado otro año y el tema sigue sin resolverse. Alianza Lima y Universitario de Deportes, las escuadras más emblemáticas y trascendentes del fútbol peruano, han atravesado etapas de gloria y de crisis, pero nunca dejan de ser noticia. Hablar de cualquiera de ellos puede exigir cautela, especialmente cuando se trata de esclarecer quién fue el verdadero campeón de 1934. En el Libro de Oro de la FPF y en su publicación por los 75 años —elaborada por Roberto Salinas— el título figura a nombre de la ‘U’; sin embargo, según las bases de la época y la respuesta que la FIFA dio al periodista Joel Peralta, el campeón legítimo es Alianza Lima. Por eso la pregunta continúa vigente: ¿por qué la FPF no ha puesto fin, de una vez por todas, a este episodio pendiente de la historia del balompié nacional?

En 1934 —al igual que en temporadas previas— se disputaron dos certámenes, el de Reservas y el de Primeros Equipos, cuyo desempeño conjunto definía al Campeón Absoluto (100 % de los puntos del primer torneo más el 25 % del segundo). Alianza y Universitario igualaron con 21 unidades en Primeros Equipos, aunque los íntimos superaron a su rival en Reservas (23 contra 22), alcanzando 26,75 frente a 26,50, lo que les otorgó el título absoluto, ratificado por la Liga Provincial de Football de Lima. De otro lado, los cremas solicitaron un desempate que fue aceptado únicamente para el campeonato de Primeros Equipos, de acuerdo con los boletines 164, 166, 167 y 168, en el que se detallan que el encuentro serviría solo en definir ese galardón. El partido se jugó el 7/7/1935 y terminó 2-1 a favor del ‘Merengue’. Así, Alianza Lima fue reconocido como Campeón Absoluto y Universitario vencedor de Primeros Equipos.

 

“La FPF tiene el deber de garantizar transparencia y coherencia en sus decisiones. En temas como el del campeonato de 1934, su silencio no es neutral: erosiona su credibilidad y deja al fútbol peruano sin una voz que preserve su memoria. Callar es permitir que la historia se acomode a las conveniencias de turno”

 

Cabe recalcar que el Campeón Absoluto era el único con valor total de campeón en esa campaña. Por tanto, si se toma la referencia de los boletines oficiales, el título corresponde a Alianza Lima. La evidencia está documentada y en 2013, la Comisión Histórica del club blanquiazul, la Hermandad Aliancista, solicitó información al archivo central de la Federación Peruana de Fútbol, el cual, basándose en el testimonio de dicho comité, confirmó la verificación de los datos y remitió un informe al secretario general de la entidad. Incluso así, dicho reporte jamás fue difundido. A ello se suma que, a finales de 2024, J. Peralta recibió una contestación del área de comunicaciones de la FIFA, donde se precisó que, conforme a los archivos del organismo, Alianza es Campeón Absoluto de 1934.

A finales de 2019, el autor de esta columna tuvo un diálogo ante el área de prensa de la Federación en busca de una respuesta. En un principio, la atención fue cordial y se estableció una fecha para la entrega de datos; sin embargo, llegado el momento, el propio organismo desconoció la coordinación. Lejos de ser un hecho aislado, el suceso se añade a las constantes señales de una institución que prefiere evadir responsabilidades antes que abordar su historia. La FPF tiene el deber de garantizar transparencia, legitimidad y coherencia en sus decisiones. En temas como el del campeonato de 1934 o cualquier pugna histórica, su indiferencia provoca vacíos institucionales, fomenta la tergiversación pública, y da pie a que los clubes o los hinchas impongan su relato.

 

“El periodismo deportivo peruano, por evitar confrontar, optó por el silencio o por repetir versiones sin contrastar. Ese mutismo no protege al periodismo, lo degrada. Su misión no es complacer, sino buscar, examinar y revelar con rigor y ética”

 

En esa línea, la FPF no se pronuncia y esa inacción no es neutral. Erosiona su credibilidad, mengua su autoridad moral y deja al fútbol local sin una voz que preserve su memoria. En el fondo, callar es permitir que la cronología se acomode a las conveniencias de turno. Y aun cuando el papel de la gestión de Agustín Lozano es duramente cuestionado, el caso ilustra una raya más al tigre. Por otro lado, resulta lamentable el rol del periodismo deportivo peruano, que pocas veces se tomó la labor de profundizar en el asunto. Por evitar confrontar, muchos medios optan por funcionar tal fueran agencias de relaciones públicas o por caer en lo elemental: publicar las 2 versiones sin contrastar. Es ahí donde surge la cobardía editorial, el miedo a molestar a los poderosos. Un silencio que no resguarda al periodismo, lo somete y degrada, porque su misión no es complacer, al contrario, buscar, examinar y revelar las eventualidades con rigor y ética.

Por su parte, Universitario y sus representantes llevan a cabo su rol, el de sostener su postura y cuidar sus intereses, aunque ello mantenga viva una versión todavía discutida. En contraposición, las administraciones de Alianza Lima, pese a contar con pruebas sólidas, hicieron muy poco —si no nada—, a menos que estén trabajando en discreción y recién lo revelen (¿?). Ese letargo no solo debilita la defensa del club, condena su legado a la manipulación ajena, pone su herencia a la duda y prolonga una herida que debió cerrarse hace tiempo. Esa pasividad no es mesura, es una forma de abandono institucional, una traición a lo que dicen proteger.

Finalmente, y en conclusión, la FPF posee en sus manos la posibilidad de cerrar un capítulo que no le pertenece al debate, sino a la búsqueda o al sello de la verdad. Hacerlo repararía una deuda con la historia, también devolvería confianza a los aficionados, claridad al sistema y fiabilidad al deporte más seguido de la nación. El mutismo de la FPF ya no es prudencia ni omisión, es complicidad con la confusión. Y si el periodismo enmudece, tampoco cumple su función. Porque si las organizaciones y la prensa callan, la mentira se arraiga. Y en un país que se acostumbra a mentir, nadie gana, ni Alianza ni la ‘U’ ni el Perú.