El pincullo, melodía que las nuevas generaciones van olvidando

Dos renombrados ejecutantes del pincullo en el valle del Mantaro, Jhone Martínez Lara y Tomás Ramos Jiménez, aprendieron al oído arrancarle melodías a este popular instrumento, utilizado en conjunción con la tinya, en safa casas, faenas comunales y otras costumbres ancestrales. El investigador José Oregón Morales clama por políticas públicas para preservar al pincullo y su melodía.
Tomás Ramos Jiménez, ejecutantes del pincullo, en Áhuac.
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Desde tiempos muy remotos el hombre y la naturaleza dieron origen a un sinfín de instrumentos musicales, pero son pocos los que sobreviven hasta hoy. Tal es el caso del pincullo, que pese a no registrar partitura, su inconfundible melodía sigue persistiendo y está presente en festividades religiosas y raras veces en actividades comunales.

El pincullo es considerado un instrumento andino, aerófono, proveniente de las culturas Quechua y Aymara.

“El pincullo, juntamente que el chirisua y el cauca son instrumentos musicales ancestrales, instrumentos que se están perdiendo, lamentablemente, debido a que los instrumentistas y sus principales cultores ya han fallecido. Las nuevas  generaciones no han sabido, no han logrado guardar en su memoria las melodías que les correspondería tocar”. explica el exdirector del  Instituto de la Juventud y la Cultura de Huancayo, José Oregón Morales.

La “wanka danza”, una expresión cultural autóctona y de guerra, las faenas comunales, la preparación y el pircado de adobe y el safa casa son algunas de las tradiciones donde la melodía del pincullo estaba presente. Pero sigue vigente en festividades religiosas de Chongos Bajo, Cajas Chico y algunos distritos de la provincia de Chupaca.

Huanca York Times llegó al anexo de Andamarca, en el distrito de Ahuac. Aquí, el señor Tomás Ramos Jiménez es uno de los pocos ejecutantes del pincullo, desde sus 14 años de edad, aproximadamente. Él asegura que no conoce el pentagrama pero lanza el reto de realizar nuestros pedidos musicales.

El agricultor Tomás Ramos Jiménez, uno de los ejecutantes del pincullo, en el parque del centro poblado de Andamarca, en Áhuac, Chupaca.

“Tengo en mi memoria un sinfín de temas. Ahora las melodías van cambiando de acuerdo a las costumbres de cada pueblo. Mi primer tema que aprendí a tocar fue el Ayllu parte y mi primer acercamiento a la música fue gracias a mi hermosa morenada”. Relata.

A don Tomas o “Tomasito el cariñosito”, como le dicen, le pagaban por acompañar con su pincullo en el pircado de una pared o en safa casas, 25 soles por un día de trabajo. Hoy, por tocar melodías como el Ayllu Parte o Izcaychaca, puede ganar hasta 120 soles. Pero ya no es muy solicitado, solo en ocasiones especiales.

Instrumentistas, compositores, autodidactas, pragmáticos son algunos de los adjetivos que se les atribuye a quienes ejecutan el pincullo. Es el caso del señor Jhone Martínez Lara, natural de Huamancaca Chico, un distrito de Chupaca, en la región Junín, quien hace 40 años toca el pincullo. Él es el mentor de don Tomas.  Ambos guardan en sus memorias las notas musicales, y están predispuestos a heredarlas a las nuevas generaciones.

“Yo mismo fabrico y adecúo mis instrumentos musicales, ya que es muy difícil de encontrar al menos en Huancayo instrumentos como estos a no ser que mandes hacer y son muy pocos los instrumentistas”, asegura Jhone.

Años atrás las tinyas eran fabricadas por pellejos, sea de carnero o de chivo, pero cuando se mojaban la melodía que emanaban se alteraba. Por eso cambiaron las tinyas tradicionales por las tarolas, las que después de ser adecuadas  desprenden melodías, en la mayoría de veces triunfales.

El profesor de matemática, Jhone Martínez Lara, natural de Huamancaca Chico, es un cultor del pincullo y sus melodías.

“Yo empecé con una tinya de pellejo de chivo, las melodías que se despendería eran únicas, ese sonido más bien escenificaba a la tristeza a la alegría sin embargo, cuando este instrumento entraba en contacto con el agua era un conflicto, teníamos que hacer calentar y pues era muy difícil ahora pues la tarola en frio o en calor mantiene el sonido”, cuenta don Tomás.

El pincullo también puede ir adecuándose según las necesidades y facilidades de adquisición, pues pueden  fabricarlo de un tubo PVC (máximo de una pulgada) o de bronce. Tomas y Jhonny fabrican y adaptan sus propios instrumentos musicales.

El pincullo, también escrito como pinquillo, pinkillu, pinkullo, pinkhuyllu, pingullo, pingallo o pinkallo, entre otras variantes. Según el mapa instrumental, es considerado uno de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú. Sin embargo, cada región mantiene tímidamente sus características autóctonas. En la región central del país, es la destreza de los ejecutantes ya que mantienen el ritmo, el compás de dos instrumentos (el pincullo y la tinya) en simultáneo. Con una mano interpretan el pincullo, con un dedo sostienen la tinya, y con la otra mano tocan la tinya sin perder el ritmo.

Otras de sus características únicas es que el pincullo del valle del Mantaro es más pequeño que en otras regiones. En promedio, mide 25 centímetros.

Investigador, escritor y dramaturgo, José Oregón Morales, exdirector del Instituto de la Juventud y la Cultura de Huancayo.

¿Exotización?

Las opiniones son repartidas. Si antes el pincullo estaba presente en las faenas comunales o en las actividades religiosas, hoy está presente en cumpleaños, matrimonios y excepcionalmente en vaciado de techos.

“Aquí no hay políticas de proteccionismo, absolutamente nada. La política económica, la globalización, la economía paupérrima en la que se ha sumido nuestros pueblos hace que ellos se dediquen a otras actividades necesarias para poder sobrevivir, olvidan sus costumbres, olvidan su música y en Huancayo las autoridades toman la cultura como la última rueda del coche. Nos preguntamos, las autoridades qué hacen por rescatar, revalorar lo nuestro. No hay. No hay absolutamente nada”, afirma el exdirector del Instituto de la Juventud y la cultura de Huancayo, José Oregón.

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