A 17 años de El Baguazo, el Perú se encuentra frente a una coyuntura política decisiva. La conmemoración de uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente coincide con un nuevo proceso electoral presidencial, en medio de una profunda crisis de representación, desconfianza ciudadana y polarización política. En este escenario, recordar El Baguazo no es únicamente un ejercicio de memoria, sino una oportunidad para reflexionar sobre los problemas estructurales que originaron el conflicto y que aún permanecen vigentes.
El Baguazo reveló las limitaciones de un modelo político construido históricamente desde Lima y para Lima, donde la Amazonía aparecía como una reserva de recursos económicos antes que como un territorio habitado por pueblos con identidad, historia, derechos y proyectos propios.
La raíz del conflicto no estuvo únicamente en un conjunto de decretos legislativos ni en una coyuntura política específica. Su origen se encuentra en la persistencia de una lógica colonial que ha sobrevivido dentro de las estructuras del Estado republicano. Durante décadas, gran parte de la clase política y de las élites económicas concibieron la Amazonía como una periferia destinada a abastecer materias primas para el desarrollo nacional, ignorando la participación efectiva de sus habitantes, quienes han cuidado esos territorios durante siglos.
“El Baguazo reveló las limitaciones de un modelo político construido históricamente desde Lima y para Lima, donde la Amazonía aparecía como una reserva de recursos económicos antes que como un territorio habitado por pueblos con identidad, historia, derechos y proyectos propios”
El Baguazo también demostró la capacidad política de los pueblos amazónicos. Lejos de las caricaturas que intentaron reducirlos (hasta ahora) a actores manipulados o incapaces de formular propuestas propias, evidenciaron una notable capacidad de organización y acción colectiva. Los Awajún-Wampis, junto con otros pueblos, mostraron que la política no se limita a los espacios institucionales tradicionales, sino que también surge desde los territorios, la memoria colectiva y formas propias de comprender la relación entre sociedad, naturaleza y futuro.
En ese sentido, El Baguazo fue la expresión contemporánea de una larga tradición de defensa territorial y autonomía política que ha caracterizado históricamente al pueblo Awajún-Wampis. Comprenderlo únicamente como un conflicto ocurrido en 2009 es ignorar una memoria colectiva construida durante generaciones. Para estos pueblos, territorio, vida, cultura y futuro son dimensiones inseparables. Esa visión permitió sostener una resistencia que trascendió las fronteras nacionales y colocó el debate amazónico en la agenda internacional.
Por ello, El Baguazo obligó al país a discutir asuntos largamente postergados como la ciudadanía intercultural, la consulta previa, la representación política, los límites del extractivismo y la necesidad de construir una democracia capaz de incorporar verdaderamente su diversidad. También puso en evidencia una contradicción histórica, la existencia de una república que proclama igualdad formal mientras mantiene profundas desigualdades en la participación de los pueblos originarios.
“Gracias a la movilización amazónica, el país se vio obligado a debatir cuestiones fundamentales sobre quiénes participan en la toma de decisiones, cómo se construye la legitimidad del Estado y qué significa gobernar una nación diversa”
Pero El Baguazo no solo fue una expresión de resistencia. También constituyó una contribución política a la democracia peruana. Gracias a la movilización amazónica, el país se vio obligado a debatir cuestiones fundamentales sobre quiénes participan en la toma de decisiones, cómo se construye la legitimidad del Estado y qué significa gobernar una nación diversa. Así, los pueblos amazónicos no solo defendieron derechos, ampliaron los márgenes de la democracia peruana y evidenciaron la necesidad de instituciones más inclusivas.
A 17 años, muchas de las preguntas planteadas por El Baguazo siguen abiertas. La relación entre el Estado y la Amazonía continúa marcada por tensiones recurrentes. Persisten visiones centralistas que consideran a los pueblos originarios como actores secundarios en las decisiones sobre sus propios territorios. Por ello, el problema estructural que evidenció el conflicto aún no ha sido superado.
En este contexto, las elecciones presidenciales representan una decisión entre continuidad y cambio para los pueblos amazónicos. La continuidad implica mantener prácticas políticas que históricamente han marginado a la Amazonía y reproducido relaciones de poder desiguales. El cambio supone construir una nueva relación entre el Estado y los pueblos amazónicos, basada en el reconocimiento mutuo, el diálogo intercultural y la participación efectiva en la construcción de un proyecto nacional compartido.
“La Amazonía ya no solo reclama un lugar en la conversación nacional, sino que cada vez está más preparada para ocupar espacios de decisión y contribuir directamente a la construcción del Perú soñado”
El desafío también exige renovar la cultura política del país. La vieja criollada política, entendida como una práctica centralista, paternalista y excluyente que decide sobre otros sin escucharlos, ha demostrado repetidamente sus límites. Su incapacidad para comprender la complejidad del Perú diverso constituye hoy uno de los principales obstáculos para el desarrollo democrático. Un país multicultural no puede seguir siendo gobernado con categorías políticas heredadas de siglos anteriores e insuficientes para interpretar la realidad actual.
Aún estamos lejos de alcanzar consensos amplios y sostener diálogos genuinos entre posiciones políticas distintas. Sin embargo, el diálogo sigue siendo el mejor camino para construir el país que aspiramos. El pensamiento político que redujo la diversidad peruana a una visión única del desarrollo ha mostrado claros signos de agotamiento y, lejos de resolver nuestros problemas históricos, ha contribuido a profundizarlos.
Frente a ello, emerge una nueva generación amazónica que creció después de El Baguazo. Jóvenes que se forman en universidades, organizaciones, espacios comunitarios e instituciones públicas, llevando consigo la memoria de un acontecimiento que marcó la historia política del país. Herederos de una larga tradición de defensa territorial y afirmación identitaria, cuentan hoy con nuevas herramientas para la incidencia política, la gestión pública, la investigación y la producción de conocimiento.
“La pregunta sigue siendo la misma: continuar reproduciendo los errores del pasado o construir una relación distinta entre el Perú y su Amazonía”
En definitiva, a 17 años de El Baguazo, la pregunta sigue siendo la misma ¿continuar reproduciendo los errores del pasado o construir una relación distinta entre el Perú y su Amazonía? La respuesta definirá no solo el futuro de los pueblos amazónicos, sino también el rumbo democrático del país. Pues, el dilema de fondo permanece intacto, transformar las estructuras que dieron origen al conflicto o resignarse a su continuidad.

