Los peruanos de la sierra tienen una ventaja genética única. Llevan miles de años comiendo papa, y eso dejó una huella en su ADN. Poseen más copias de un gen llamado AMY1 que cualquier otra población del mundo, lo que les permite digerir este tubérculo con mayor facilidad y rapidez. Sin embargo, el ingeniero agrónomo Rubén Pedraza Huarcaya, especialista en producción de semillas certificadas de papa y exfuncionario del Centro Internacional de la Papa, advierte que ese privilegio milenario podría estar en riesgo por el uso descuidado de agroquímicos en los cultivos.
Un gen que viene de comer papa por generaciones
En mayo, la revista Nature Communications publicó un estudio que encontró algo llamativo. Los habitantes andinos del Perú tienen, en promedio, de diez a más copias del gen AMY1 que el resto de poblaciones de América, Europa, Asia y África.
¿Por qué importa esto? Porque ese gen ayuda a producir amilasa, una enzima que empieza a descomponer el almidón desde la saliva. Cuanto más amilasa produce una persona, más rápido y mejor procesa alimentos como la papa. En otras palabras, el poblador andino tiene, literalmente, una ventaja digestiva para este alimento.
Pedraza explica que este cambio se fue dando poco a poco, a lo largo de los aproximadamente diez mil años que los antiguos peruanos llevan cultivando y domesticando la papa. Él tiene 20 años trabajando en temas relacionados con este cultivo.
El estudio analizó el ADN de 3.723 personas de 85 poblaciones distintas alrededor del mundo, y fue liderado por un equipo de investigadores en Estados Unidos.
El riesgo que traen los agroquímicos
Frente a estos hallazgos, Pedraza (que además de ingeniero es agricultor) empezó a preguntarse qué efecto podrían tener los agroquímicos que muchos productores usan hoy para sacarle el máximo rendimiento a sus cultivos, en cosechas que pueden costar más de 25 mil soles por hectárea.
“El uso de fertilizantes y agroquímicos para controlar plagas, junto con hormonas para que la papa madure más rápido y crezca enorme, puede terminar afectando esta herencia genética con el tiempo. El ADN como tal no cambiaría, pero sí podría verse afectada la enzima que el gen produce”, advierte.
Según él, el problema está en los residuos de ciertos químicos que quedan en la papa y que, al ser consumidos, podrían alterar esa enzima. Lo explica con un ejemplo concreto. “El oxamilo es un ingrediente activo que se usa para controlar el gorgojo de los Andes. Es un veneno, y si se usa en exceso, por encima de las dosis permitidas, queda en el tubérculo. Cuando una persona lo consume, no la mata de inmediato, pero la va intoxicando poco a poco, y eso podría afectar el gen.”
El agrónomo lamenta que todavía no haya suficientes investigaciones sobre este tema, en un contexto donde ya se sabe que el uso de pesticidas está relacionado con un aumento de casos de cáncer. Dice que el riesgo sigue presente, aunque reconoce que Senasa ha retirado del mercado varios productos dañinos y ha permitido el ingreso de otros más seguros.
Por qué los peruanos “llevan papa en la sangre”
Para Pedraza, que los andinos tengan más copias del gen AMY1 no es casualidad. Lo atribuye a dos factores. El primero es la enorme diversidad de papas nativas que existen en el Perú, más de 3.500 variedades domesticadas. El segundo es que, durante siglos, la papa ha sido una parte central (y en cantidades enormes) de la dieta de estas poblaciones.
Esa combinación, dice, fue lo que con el tiempo multiplicó las copias del gen, un cambio que en términos científicos se llama mutación, y que hace que se hable de personas “mutantes” en el sentido de que tienen esta característica genética particular.
Sobre la domesticación de la papa, recuerda que comenzó hace más de diez mil años y que el consumo nunca se ha detenido desde entonces. Cuenta que en las zonas altoandinas de Huancavelica todavía hoy se consumen entre 700 y 800 gramos de papa al día por persona, casi un kilo. Desayunan papa sancochada, en el almuerzo durante la jornada agrícola comen papa con queso, ají o carne, y en la noche otra vez papa.
Eso contrasta con lo que pasa en las ciudades, donde el consumo no suele superar los cien gramos diarios, en parte por miedo a engordar. Aun así, dice Pedraza, la herencia de generaciones sigue ahí.
También señala que el hallazgo del estudio (realizado por los investigadores Kendra Scheer, Luane Landau, Angelis Morales Rivera, Obed García y Omer Gokcumen) no es del todo nuevo, pero antes no se había respaldado con evidencia científica tan sólida.
¿Qué le espera a la papa?
Pedraza no cree que el consumo de papa esté en peligro. Todo lo contrario, piensa que va a seguir creciendo, porque ya es el cuarto alimento más importante del mundo, después del trigo, el arroz y el maíz. Recuerda que históricamente la papa ha sido clave para evitar hambrunas, y que fue gracias a ella que los antiguos pobladores pudieron sobrevivir y dejar descendencia en zonas de altura extrema.
También destaca su rendimiento. Una hectárea de papa puede producir hasta 60 toneladas, mientras que una hectárea de arroz produce alrededor de 12 toneladas
¿Y el tocosh?
El tocosh es papa fermentada en agua durante varios meses, y para muchas personas (incluso en zonas altoandinas) resulta poco agradable. Pero según Pedraza, eso no tiene que ver con el sabor, sino con el fuerte olor que deja la fermentación.
Aun así, en la última década ha notado que las ventas de tocosh han ido creciendo, gracias a su valor nutricional y, sobre todo, a sus propiedades para tratar problemas gástricos.
El ingeniero agrónomo cierra remarcando lo mismo de fondo. La papa ha sido parte esencial de la dieta de nuestros antepasados, y hoy enfrenta nuevos desafíos para seguir siéndolo en el futuro

