La mesa está servida con mantel largo y en plato hondo.
El fujimorismo gobernará desde el 28 de julio, y en los próximos cinco años, con todos los poderes en sus manos. Tiene, virtualmente, ganada la presidencia de la República, posee en sus manos al Senado y, con un poco de clientelismo y favores políticos, seguramente manejará también la Cámara de Diputados.
Además, tendrá el control de todas esas instituciones denominadas autónomas y constitucionales, como la JNJ, el TC, la Contraloría, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y demás yerbas del campo.
Por fin, la señora Keiko Fujimori hizo realidad su dorado sueño. ¿Y de qué manera? Esperó 15 años para ello. Ahora, gobernará como su padre, el dictador, como ella misma lo mencionó durante la campaña. Y como corolario, la Constitución la inviste como jefa suprema de la Policía y las Fuerzas Armadas.
Es decir, una presidenta todopoderosa que tendrá todo bajo sus pies. Y el que diga que no, agárrese.
¿Y todo esto, gracias a quién? Gracias, pues, a los votos de millones de pobres que viven en Lurigancho, en los cerros, en las barriadas, en los conos y demás distritos populosos de Lima Metropolitana, donde muchos de ellos no tienen agua ni desagüe y menos para comer.
A esos votos de la gente pobre se sumaron los de los ricos y las clases medias acomodadas.
La lideresa de Fuerza Popular se benefició, igualmente, con los votos mayoritarios de las provincias del norte del Perú, así como de algunas regiones selváticas.
Pese a todo, Juntos por el Perú, con un trabajo denodado, ya había ganado las elecciones, aunque ajustado, en el territorio nacional. Sánchez iba a coronarse como el nuevo presidente. Pero vino lo increíble. Los votos de peruanos que por distintos motivos se fueron del país a respirar, trabajar y vivir en otros lugares del mundo, sepultaron al líder de JP de convertirse en el próximo presidente.
No entiendo cómo un puñado de votantes de afuera decide la suerte de 34 millones de peruanos que se fajan en el país.
Además, hubo otros factores poderosos y miserables que contribuyeron a la victoria de Keiko y que relataremos en el siguiente comentario.

