Leoncio Taipe, autor de Memorias de un cactus: ‘Antes de un celular, los padres deben dar un libro a sus hijos’

Poeta y docente universitario, Leoncio Taipe reflexiona sobre la lectura, la educación y el impacto de la tecnología, a propósito de la publicación de su poemario Memorias de un cactus.
Leoncio Taipe presentó Memorias de un cactus y reflexiona sobre la lectura en la infancia desde la memoria de su tierra.
Adelina R. Castro
Adelina R. Castro
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En pleno 2026, cuando la tecnología continúa marcando el ritmo de la vida cotidiana, la reflexión del catedrático y escritor Leoncio Taipe Javier (61) mantiene absoluta vigencia. Él recuerda su adolescencia cuando alquilaba revistas como Condorito en la puerta de los cines y leía sentado en las graderías; así nació su pasión por la lectura y la escritura. Hoy, más de cuarenta años después y ante la presencia avasallante de los celulares y las redes sociales, lanza un mensaje directo a los padres de familia: “antes de ofrecer un celular, deben ofrecer un libro”.

‘Javier Espinar’ es su seudónimo y ha publicado su primer poemario Memorias de un cactus, un libro atravesado por la memoria personal y colectiva del mundo andino.

En una entrevista con Huanca York Times, ‘Leo’ o ‘Leo Taipe’, como también lo llaman, comparte sus vivencias, sus análisis sobre el avance tecnológico, la enseñanza del quechua, su última obra y su permanente deuda con ‘El Tayta’ José María Arguedas.

Queremos conocerlo…

Yo nací en una esquina

de las montañas

donde las nubes se cuelgan

en tendederos del cielo,

donde el agua suena a besos

Al ir cristalino por el río.

(Poema Origen)

La cascada que inspira uno de los poemas del libro se ubica en el distrito de Pachamarca.

Nací a casi cuatro mil metros de altura, en el centro poblado de Villamayo, distrito de Pachamarca, Churcampa, región Huancavelica.

En Villamayo nunca duerme la lluvia,

ni el relámpago sabe de cenizas.

el tiempo despierta color turquesa

y retoza la mañana con suaves brisas

Viví con mis padres Guillermina y Emilio, familia campesina. Soy el ñuñupaua, ‘el último hijo’ de siete herederos.

Crecí cautivado por la tenacidad ante las adversidades de los cactus de las quebradas y chacras de Villamayo. De niño amaba los molles, la laguna, la montaña, la naturaleza de mi pueblo, y me indignaba el olvido político como si entre los cerros no existiéramos.

Bajo tu sombra fresca descansa

la tarde de labriegos lugareños;

y duerme el río sin sus parpados

y despierta el viento con sus besos

(Poema Molle)

Tenía diez años cuando falleció mi madre. Y apenas terminé la primaria me vine a Huancayo.

¿Qué sucedió después?

Estudié secundaria en la nocturna del colegio Politécnico, promoción 1984. Todos trabajábamos y ni fiesta tuvimos. Fui vendedor de canchita blanca, agua de manzana, chupetes. Vivía con un tío lejano.

¿Algo especial en su adolescencia?

Recuerdo que en las puertas de los cines Central, Mantaro, Real, Astoria habían personas que alquilaban revistas expuestas en una especie de cordel, algo así como ropas, solo que en lugar de ropas eran revistas; o también puestas sobre un plástico en la vereda. Recuerdo las revistas Condorito, Supermán, Tamakún, Kalimán, Archi, telenovelas. Las alquilaba y me ponía a leer sentado en las gradillas con gran entusiasmo.

Así empezó mi agrado por la lectura. Posteriormente compraba periódicos, recortaba artículos de literatura, de poetas, escritores, artistas y coleccionaba suplementos culturales de El Comercio, La Crónica que conservo hasta hoy.

En el colegio, gracias a mi profesor Humberto Mendoza participé en un concurso de declamación por el día de la madre. Gané el tercer puesto con Los heraldos negros de Vallejo.

En el cuarto y quinto año ya escribía mis primeros poemas. Nunca olvidaré que mi primer poema fue a mi mamá.

Madre,

el rocío de la mañana

viene a recoger contigo

la aurora de tus besos

para darnos desayuno.

Y cuando la noche llega,

tu voz de cristal engrandece

la canción de las palabras:

con serenidad y dulzura,

nos narras historias sencillas

de crisantemos blancos.

(Poema Madre)

Al terminar el colegio ¿ya tenía decidido qué estudiar?

Primero ingresé a la facultad de sociología de la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP). Estudié dos años. En esos tiempos, los 80, años de violencia política, Sociología era, pues, una carrera peligrosa y no había espacios laborales. Entonces, me retiré. Siempre tenía la ilusión de seguir alguna carrera afín a lo que me gustaba: leer y escribir, entonces postulé de nuevo e ingresé a Pedagogía, especialidad Lengua y Literatura.

¿Cuál fue el título de su tesis?

Ánálisis de los cuentos del escritor novelista ancashino Óscar Colchado. Sostuvimos una amistad muy cercana al punto que fue el padrino de la promoción 91 que lleva su nombre.

Ya con el título trabajé en la academia, en el instituto Teodoro Peñaloza, y luego en la facultad donde estudié.

Me casé hace unos años con la violinista Estrella Blancas Chávez, compartimos nuestro amor 28 años y tenemos dos hijos: Trilce y Javier. 

Blanca

Pero al final del camino,

estoy junto a ti, con mi cándido

plumaje de espejos ausentes,

acariciando la vida en tu sonrisa

hasta que el tiempo nos separe.

(Poema Blanca)

Desde la docencia

Como catedrático de Lengua y Literatura por más de 25 años, formador de profesores ¿cómo lograr que a los niños y jóvenes les agrade la lectura, la escritura en un contexto de masificación del uso del celular, las redes sociales, en suma el avance de la tecnología?

En las instituciones educativas, promover talleres de lectura, talleres de escritura creativos, prácticos, vivenciales. Empezar con textos breves, lecturas de poemas, narraciones cortas, según cada edad, nivel o grado, o contexto social, cultural, etc. Estoy en desacuerdo que en el llamado plan lector del Ministerio de Educación solo los libros ganadores tienen que leerse todo el tiempo. La lectura debe ser amplia, abierta, diversa, y el profesor no puede estar obligado solamente a leer un determinado texto, debe tener autonomía y trabajar con textos diversos: poesía, ensayo, novela, qué sé yo, textos periodísticos, y estimular a los alumnos la apertura de muchos criterios.

Paralelo, impulsar a la escritura. Que escriban algo de lo que han entendido, lo que han leído, lo que han conversado, lo que han practicado, que digan algo, lo que sienten, lo que piensan.

Lectura y escritura deben ir juntos.

¿Y es solo responsabilidad de los maestros?

No. Depende mucho de los padres de familia motivar en casa la lectura, escritura desde los primeros años. Antes de ofrecer el celular, deben ofrecerles pequeños libros, revistas, láminas con dibujos y palabras, etc. Según edad, por supuesto. Y leer juntos. Nos falta una educación lectora en la familia, en las instituciones y seguramente también en los docentes. Los padres para entretener a los hijos, lo primero que les entregan son el celular. Vemos niños ya dependientes del celular, pero no se ve padres que caminen con un libro y un papel o una hoja, y les ofrezcan a sus hijos para leer juntos, escribir juntos.

Necesitamos repensar todo ese proceso. Hay muchos docentes que en realidad no leen tampoco, entonces ¿con qué autoridad se puede exigir y motivar a la lectura?  Casi la mayoría acostumbran a coger textos que vienen del ministerio, cumplir las tareas propuestas y ejecutar los ejercicios. No hay otros espacios de lectura.

¿Qué otros espacios por ejemplo?

Las tertulias son importantes. A partir de los textos leídos propiciar diversos conversatorios, a la par estimular también la escritura. Ambas deben marchar juntas. Así creo es posible mejorar el proceso de lectura en nuestros estudiantes.

¿Y la tecnología? Avanza imparable

Frente a los avances tecnológicos ver los mecanismos para aprovechar textos digitales. Se requiere una educación lectora en la familia, en el docente, en la población, en el Estado. Sí, pues debería incluirse también como política pública.

El profesor de quechua

Usted nació en una comunidad quechuahablante, ¿habla quechua?

Mi lengua materna es quechua. El español es mi segunda lengua.

¿Cómo fue su migración del campo a la ciudad?

El hecho de adaptarse a la vida urbana es muy diferente cuando uno llega de la zona rural. Siempre la vida de la ciudad, las costumbres, las modas, el lenguaje mismo. Tiendes a perder tu identidad, a perder tu lengua, tus costumbres. Empiezas a avergonzarte. Y como que algo así me estaba pasando. Estaba alienándome. Gracias al escritor José María Arguedas descubrí que estaba equivocado.

¿Arguedas? 

Sí. Bueno, le comentaba que yo compraba revistas, periódicos y suplementos donde encontré biografías de Arguedas, pasajes de su vida, sus experiencias con los indios. Descubrí sus lecturas: Agua, Los ríos profundos, y entendí que no tenía sentido avergonzarse del quechua o de la vida de los indios, de la vida campesina. Recuperé mi identidad. Y empecé a sentirme orgulloso y valorar mi lengua materna el quechua. Antes había más discriminación lingüística, ahora es menos.

Ahora la discriminación lingüística viene de nuestra clase política, de los congresistas cuando dicen el serrano, el provinciano, o recuerdo una del papá de Lourdes Flores cuando calificó a Alejandro Toledo como “el auquénido de Harvard”, expresiones de esa naturaleza de hace años se ha superado bastante.

¿Considera al quechua en la educación básica regular?

Sí, por supuesto, debe enseñarse el quechua, así como el inglés. Los dos idiomas como parte de la interculturalidad. El quechua es parte de nuestra memoria histórica.

¿Desde qué nivel cree que se debería enseñar el quechua?

Desde el nivel inicial sería bueno, ya con palabra. Yo pienso que el aprendizaje de la lengua es fundamental en los primeros años. 

Entonces, el niño de dos años, tres años, cuatro años, hasta cinco, yo creo que debe aprender quechua, inglés, portugués, otras lenguas. Porque a esa edad es tan plástica la memoria de los chicos, y entonces también es edad muy creativa para el lenguaje. Son edades propicias para el aprendizaje de la lengua, y no está mal que los niños de primera infancia aprendan también, aparte del español, el quechua. También deben incluirse en los programas curriculares, tanto en educación básica como en educación superior. 

Los docentes son evaluados en quechua, pero se quejan de que les piden quechua a los que enseñan en las ciudades donde los niños hablan español y que solo debe ser para los docentes de zonas rurales. ¿Cuál es su apreciación?

Falta darle otra orientación más adecuada, solo obedece a una cuestión de política educativa para condicionar la labor docente, negociar las plazas, condicionar las plazas, y no realmente porque deben aprender la lengua, y contextualizar a los docentes en las diferentes zonas donde se requiere la práctica de esa lengua.

Debe haber una formación continua de los docentes desde el Minedu. En el momento es una preparación propia de cada docente. Cuando llegan los periodos de evaluación, contratan especialistas en lengua quechua y los evalúa y ya está. Los docentes estudian obligados. No saben hablar bien, tampoco escribir, entonces no va a funcionar.

Ya no hay bibliotecas. En Chupaca la biblioteca municipal Jorge Basadre es un almacén. Se habla de bibliotecas virtuales. ¿Cuál es su lectura?

Las bibliotecas no se van a cerrar. Quizá en Chupaca tiene un concepto muy limitado de lo que significa el libro, la biblioteca convencional que tiene su propia particularidad, sus propias ventajas.  Porque no es igual leer un texto digital que leer un libro a la mano. Recalco, no hay un acompañamiento lector y ese acompañamiento lector debe empezar en la casa luego en la institución educativa.

El poeta

¿Para qué escribe Leoncio Taipe?

Escribo para entender la vida, para entender el ser humano, sus problemas, sus sentimientos. Para humanizar a las personas. En estos tiempos estamos perdiendo el lado humano del ser humano por la excesiva carga tecnológica que vivimos, la inseguridad ciudadana.

¿Entenderse usted también?

Entre ellos yo también. Es que todos los seres humanos somos así. Estamos dentro de la vida, tenemos amores, pasiones, fracasos, éxitos. Y eso la vida es una constante lucha.

¿También lo ve usted como algo terapéutico, escribir?

Podría ser en ciertos casos.  Pero para mí, más que terapia, es un compromiso con el ser humano, con la vida, con la naturaleza.  Por eso es que yo hablo bastantes poemas acerca de la naturaleza, la convivencia armónica del hombre con la naturaleza como en el mundo andino y ello trato de rescatar.

Acaba de presentar su libro Memorias de un cactus…

Es un poemario. Comprende cinco memorias: Del tiempo, del árbol, de la tierra, del cactus y del hombre. Cada memoria con sus poemas. Son más de 75 poemas en poco más de 142 páginas. Son versos de estructura libre sin métrica, con fuerte peso en la narración poética. Busco musicalidad, movimiento, con sentido profundo en ciertos versos, estrofas. Hay uso de figuras literarias como la metáfora, la animación, la personificación, el símil que le otorgan movimiento al lenguaje.

¿Qué significa Memorias de un cactus?

Es el retorno a mis raíces, pasajes de mi infancia, recuerdos del territorio donde crecí, la vida rural, el contacto con la naturaleza. Doy presencia a pueblos que viven en el silencio como Villamayo, Cahuarpuna, Garú, un resto arqueológico de Huánuco; Rancas, un distrito de Cerro del Pasco; Cobriza, un centro minero que queda en Churcampa. Amaru es una laguna en Villamayo. Procuro asumir compromisos de reivindicación, de resistencia, pero también de cuestionamiento, de denuncia.

¿Hay acaso otra vida después de ti,

madre naturaleza? Nada.

Solo la llanura de la sombra,

solo la niebla de antropófagos,

solo el crepúsculo de sollozos,

solo los bolsillos de la muerte.

(Del poema Madre naturaleza)

¿Por qué en verso y no en prosa?

Porque siempre me ha ganado el sentido poético. Entonces me atreví a escribir los pasajes de mi vida con estructura en verso, antes que propiamente en prosa. Significa mucho para mí pues escribo poemas desde mi adolescencia que están en el libro, claro, ya refinados. Son escritos en un promedio de 30 años.

¿Desde qué edad empezó a albergar su sueño de publicar sus poemas? 

Desde los 25 años. No mostraba mis escritos, solo a unos que otros quienes me animaron. No me creo escritor o poeta. De modo serio pensé hace 15 años. Iba corrigiendo y corrigiendo hasta algo mejor, y lo económico retrasaron la publicación.

¿Por qué habla de un cactus?

Guardo en la memoria los cactus de mi pueblo y asocié con la vida del ser humano. Así nació el título del libro. Imposible no hacer un paralelo con muchos aspectos de la vida humana. Por ejemplo, la forma eréctil del cactus. Asocio con un sentido de simbiosis de lo masculino y lo femenino. Curiosamente el cactus llama la atención con su extraña forma de símbolo sexual. Visiblemente un símbolo fálico por su forma viril, y al mismo tiempo la flor.

 ¿Se considera como un cactus?

El cactus está siempre con la mirada hacia el espacio. Simboliza vida, fuerza, persistencia, perseverancia, fuerza, en muchos casos sobrevivencia, en medio de la indiferencia, en medio de la soledad, en medio de todo lo difícil. … de la tristeza. El cactus crece en los lugares más inhóspitos, pero ahí está.

Mi vida pasó por muchas peripecias, momentos inhóspitos, pero también de luchas constantes, de mucha perseverancia. No me he dejado vencer.

La vida de las personas y pueblos de extrema pobreza, en condiciones vulnerables, en estados de olvido, de parte de la política del Estado, pero ahí están siguen adelante, luchan, sufren y también aman.

Tienen fracasos, tienen triunfos. Entonces, la vida humana es eso, ¿no?

Cactus

Yo voy surcando como tú

esencias de aguas crecientes

en la tibieza de aridez y fuego.

Tú vas tejiendo capullos de vida

y formas de entender el mundo,

mordiendo enigmas del tiempo,

conjugando tus prístinas savias

al borde de la aurora sin limbo.

(Del poema Memorias del cactus)

Admirador de los sociólogos Max Weber y Emile Durkheim, y de los escritores César Vallejo, Walt Withman, Gabriel García Márquez, Nicanor Parra, Pablo Neruda, Octavio Paz, pero muy poco de Mario Vargas Llosa.

¿Y Arguedas? Le preguntamos. Él lo salvó de la alienación.

Apenado confiesa que lo admira pero que está en deuda con él: “No me fue posible un poema en Memorias del cactus, sin embargo, saldo la deuda en Piedra rodante, mi próximo libro que ya está en preparación. Voy a reivindicar a Arguedas”, afirma. Se despide, no sin antes declamar:

Y a la hora de sembrar primavera,

Donde la bruma a veces empantana,

No dejes de empuñar tu fortaleza.

¿Me oíste, cactus de mis entrañas?

El silencio no puede atravesarnos,

Si tenemos voces de viento y de río.

Las costumbres y vivencias de su centro poblado, Ambato Villamayo, están presentes en su obra.

Es doctor en Ciencias de la Educación, magister en Educación de la creatividad y Lingüística quechua. Alguna de sus obras: ensayo Semiótica del silencio (2016); Diálogo intercultural: una perspectiva crítica (2019); Los caminos del aprendizaje y La formación docente (2020), entre otros. El poemario editado por Ramada del Búho Editores se adquiere en el 954921556.