La última carta: “¡Quiero que nunca me olvides!”

Los periodistas en Gaza escriben sus últimas cartas antes de caer bajo las bombas. Mariam Abu Daqqa dejó un mensaje de despedida a su hijo, hoy símbolo de la resistencia.
Gaza
Erick Gamarra
Erick Gamarra
Periodista
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No hay segundo de quietud en Gaza. Cada instante puede ser el último para que un niño abrace a su padre, para que una madre alcance a cubrir con su cuerpo a su pequeño, para que una familia tenga siquiera la oportunidad de despedirse antes de que las bombas, el hambre, las balas o enfermedades terminen por silenciarlos. Mientras el Estado de Israel avanza y arrasa lo que queda del territorio palestino, aquellos que se encargan de dar a conocer el horror al planeta —los periodistas en la zona— también caen. Uno tras otro. El genocidio no solo ocurre, se transmite en vivo. Las cámaras, micrófonos y redacciones se detienen, pero las voces persisten en una carta de cierre que las víctimas comparten, escrita entre cenizas y estruendos. Porque en esta región, documentar es ser mártir. Y esa resistencia, hoy, se consigna con sangre.

Cinco trabajadores de prensa fueron asesinados el lunes en lo que cubrían un ataque en un hospital. Estaban en la escalera, junto a dos rescatistas, y un nuevo bombardeo israelí los alcanzó. Dentro del grupo de reporteros figuran Hossam Al Masri (Reuters), Mohamed Salama (Al Jazeera), Mariam Abu Daqqa (AP) y Moaz Abu Taha (NBC), todos laborando en medios internacionales. Las imágenes, difundidas en directo por la señal egipcia Al Ghad, mostraron el momento exacto del impacto. La ofensiva dejó en total veinte abatidos. Al respecto, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, aseguró que llevarán a cabo una “investigación exhaustiva”, no obstante, se limitó a calificar la situación de “accidente trágico”.

 

“El genocidio no solo ocurre, se transmite en vivo. Porque en esta región, documentar es ser mártir. Y esa resistencia, hoy, se consigna con sangre”

 

Como se mencionó previamente, una de esas vidas fue la de Mariam (33 años). Ella eligió quedarse considerando que marcharse significaba aceptar la impunidad y el exterminio sistematizado. Tiempo atrás, puso a salvo a su hijo Gaith (13), en los Emiratos Árabes Unidos, pero le guardó una nota de despedida: “Gaith, quiero que ores por mí, que no llores mi muerte para que yo siga siendo feliz. Quiero que me hagas sentir orgullosa y que seas inteligente y responsable. Quiero que nunca me olvides, hice todo lo que pude para mantenerte feliz, seguro y bien. Y cuando crezcas y te cases y tengas una niña, llámala Mariam en mi honor. Eres mi amor, mi corazón, mi alma, mi apoyo y mi hijo del que estoy orgullosa. Quiero sentirme orgullosa de lo que la gente dice de ti. Por favor, recuerda tus oraciones, hijo mío”.

Abu Daqqa no fue la única, ya que son muchos los comunicadores que asumen que cualquier jornada podría ser su final y, aun así, se arriesgan a fin de que se sepa lo que sucede. Conscientes de ese riesgo, dejan anotadas sus últimas voluntades, pensamientos y súplicas, por si los matan. A comienzos del mes, por ejemplo, Anas al Sharif, de la cadena Al Jazeera, cayó bajo fuego israelí. Dejó preparado un texto: “Si les llegan estas palabras, sepan que Israel ha logrado matarme y silenciar mi voz. Les encomiendo que cuiden de mi familia, les encomiendo a la luz de mis ojos, mi amada hija Sham (…) y mi amado hijo Salah, a los que los días no me permitieron ver crecer como soñaba. No olviden a Gaza… Y no me olviden en sus oraciones sinceras por el perdón y la aceptación”.

 

“Gaith, quiero que ores por mí, que no llores mi muerte para que yo siga siendo feliz. (…) Quiero que nunca me olvides, hice todo lo que pude para mantenerte feliz, seguro y bien”

 

En esa línea, las fuerzas de Netanyahu ejecutan estos crímenes y se esfuerzan en justificarse alegando accidentes o acusaciones, como supuestos vínculos con grupos terroristas o extremistas. Y aunque muchas de esas versiones son desmentidas por las propias agencias extranjeras a los que pertenecían los corresponsales, el discurso persiste. Entonces, ¿cómo hemos llegado a convalidar que cumplir con la labor de difundir hechos pueda convertirse en un acto suicida? ¿Por qué hay voluntad para encubrir la muerte que para evitarla? ¿En qué punto se normalizó que un testimonio de adiós sea parte necesaria del equipo de trabajo?

Desde octubre de 2023, alrededor de 242 profesionales de prensa han sido ultimados en la Franja, de acuerdo con datos de EFE. Según Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas, estas embestidas no son casos fortuitos, sino evidencia de una violencia sostenida contra quienes informan. Los periodistas son parte de los más de 62.800 palestinos muertos, entre ellos niños, madres, familias enteras. A la cifra señalada se suman más de 158.000 heridos. Se asesina a un pueblo y, con él, a las voces que intentan dejar constancia. En tanto, el mundo calla y los gobiernos siguen debatiendo qué hacer. Con cada minuto de indiferencia, este capítulo de la historia se va hundiendo en una inmensa fosa común, y alguien —ahora mismo, en algún rincón de Gaza— escribe su última carta.