Ante la violencia machista, resistencia feminista

"7 de cada 10 mujeres en nuestro país ha experimentado el acoso sexual callejero, incluso niñas y con uniforme escolar, la mayoría de ellas ha vivido algún tipo de violencia en sus vidas"
La pluma insumisa
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Hoy 25 de noviembre se conmemora el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” que debe motivar a quienes no están inmersos/as en esta lucha a que reflexionen y decidan si continúan negando la violencia machista estructural enquistada en nuestra sociedad o se suman a un trabajo constante de deconstrucción y participan de pactos sociales donde la violencia y tratos subordinados a las mujeres no sean naturalizados.

Evidenciamos los grandes retos que tenemos para enfrentar la violencia machista cuando les indigna y les incomoda la presencia de mujeres feministas ejerciendo sus ciudadanías activas que los propios hombres agresores.

Cuando hablamos de violencia hacia las mujeres no podemos quedarnos únicamente con la mirada hacia las víctimas y despertar compasión para ellas. Es imperante ver hacia quienes ejercen esta violencia; realizar esos ejercicios incómodos e interpelarnos para cambiar la estructura social que sostiene este trato inhumano e indigno hacia las mujeres.

El patriarcado es un sistema social, político y económico en el que los hombres ejercen fundamentalmente el poder, expresado en que son quienes en su mayoría lideran los espacios públicos, ejercen los liderazgos políticos y controlan las actividades sociales. En esta estructura social se desarrollan las relaciones de género no equitativas, en la cual las mujeres se encuentran en condición de subordinación. Para mantener “ese orden” se cometen actos de violencia.

“El patriarcado es un sistema social, político y económico en el que los hombres ejercen fundamentalmente el poder. En esta estructura social se desarrollan las relaciones de género no equitativas, en la cual las mujeres se encuentran en condición de subordinación”

 

Mientras muchos hombres y mujeres se ríen o burlan de las feministas, existen mujeres víctimas de feminicidio. Se dan múltiples casos en niñas, adolescentes y mujeres que a diario desaparecen. Existen madres víctimas de agresiones físicas y sexuales que sobreviven al dolor en el silencio. Niñas cuyo hogar es el perfecto infierno al ser víctimas de violaciones sexuales.

Mujeres explotadas y maltratadas a las que les pagan miserias a cambio de trabajos exorbitantes; migrantes secuestradas y sometidas a la explotación sexual para que otros se beneficien económicamente gracias a la violencia que se ejerce sobre ellas.

No necesitamos mirar al medio oriente para alertar las condiciones de violencia que sobre la mujer persisten. Nuestro país es una realidad lamentable en donde además existen grupos de poder sostenidos en fundamentalismos religiosos que pretender perpetuar la violencia hacia las mujeres y limitar el mayor reconocimiento de sus derechos fundamentales.

7 de cada 10 mujeres en nuestro país ha experimentado el acoso sexual callejero, incluso niñas y con uniforme escolar, la mayoría de ellas ha vivido algún tipo de violencia en sus vidas. Muchas no lo porque creen que  esos comportamientos son normales y naturales. Otras sí identifican la violencia pero no la denuncian por miedo a sus agresores y temor a que este sistema de Injusticia las abandone y queden más expuestas a la venganza y represalia.

 

“7 de cada 10 mujeres en nuestro país ha experimentado el acoso sexual callejero, incluso niñas y con uniforme escolar, la mayoría de ellas ha vivido algún tipo de violencia en sus vidas”

 

No se trata de decir no a la violencia hacia las mujeres sin ser capaces de internalizar en nuestras vidas lo que podemos hacer para que esto cambie. Es necesario políticas públicas con enfoque de género, normas garanticen los derechos. También necesitamos forjar un nuevo pacto social, más humano, que entendamos que nuestras conductas pueden dañar la vida de las mujeres y por ello es necesario cuestionarnos a nosotros y nosotras mismas para forjar formas de convivencia más dignas.

A los hombres decirles que no cuestionen a las mujeres feministas por levantar las voces; decirles de manera honesta la realidad machista de nuestra sociedad, si en verdad dicen estar en contra de la violencia, rompan el pacto patriarcal, cuestionen las conductas machistas agresivas, rompan los círculos de violencia, confronten a sus pares que dañan a mujeres.

A nosotras nada tienen que decirnos, porque estamos haciendo nuestro trabajo; estamos asumiendo el compromiso de enfrentar aún con todas las adversidades este sistema machista para saber que una vida digna es una vida sin violencia.