La huancavelicana que nació invidente y aprendió música de oído hasta convertirse en voz de la chicha

Noemí Huarcaya, una de las primeras voces femeninas de la chicha, recuerda sus más de 50 años de trayectoria y su paso por Los Shapish, donde cantó temas como “Juguetito” y “Hombre Casado”. El próximo 29 volverá a Huancayo para reencontrarse con su público.
Noemí Huarcaya, la voz femenina de la chicha que nació invidente. (Fotos: Facebook / Andina)
Adelina R. Castro
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Sus fans creían que los lentes oscuros que usaba en sus presentaciones eran parte de su estilo. Pocos sabían que era invidente. Felicita Noemí Huarcaya Barrial fue la primera voz femenina de la chicha en el Perú, la que cantó con Los Shapis “Juguetito” y “Soy casado” hace más de 40 años. Hoy, a sus 76 años, conversó con Huanca York Times y recordó sus inicios en la música vernacular huanca y su trayectoria en el género tropical.

“Dios me dio el don del arte musical. Nací con ceguera, nunca vi un escenario ni al público, pero siento sus penas, sus alegrías y su cariño. Tampoco aprendí a leer ni a escribir. En el canto y la música soy autodidacta. Pero nunca fueron obstáculos”, cuenta.

En su carrera recibió el apoyo de sus hermanas y sobrinas. “Ellas me llevaban a las presentaciones en Lima y en Huánuco. Viajaban a las giras conmigo. Además, me repasaban las letras que tenía que grabarme en el cerebro (jajaja), y para la entonación me traían la pista y al oído captaba el compás. Ya en el escenario no me olvidaba, porque si no el público me tiraba manzana, plátano, jajaja”.

Recuerda con cariño a Teresa, Eusebia, Maximiliana, Zenaida y a su sobrina Esmeralda Arana, quienes la acompañaron y la ayudaron en su carrera como cantante.

Nació en Huancavelica el 19 de julio de 1950, en el distrito de Santa Ana, provincia de Castrovirreyna. Es la segunda de siete hermanos. Dos de sus hermanas también fueron artistas: Teresa, la mayor, conocida como La Pampasinita Ancashina, y Maximiliana (+), vocalista del grupo Cariño, a quien recuerda con mucha gratitud y afecto.

“A mi mamá, Basilia Barrial, la llamaban cada 25 de diciembre para cantar en la fiesta de Adoración al Niño Jesús. Ella nació en Huanta, Ayacucho. Mi papá, huancavelicano, don Germán Huarcaya Común, era guitarrista. Así que llevo la música en las venas”, cuenta con alegría.

Debutó siendo niña con canciones vernaculares del centro del país. A los ocho años interpretó “Lorito de la Montaña” y “Paisana”, un tema dedicado a una cervecera, acompañada de la orquesta Junín de Juanito Pérez.

“Mi familia migró a Lima. Mi mamá habló con una señora que tenía el coliseo Andino en El Agustino, y ahí canté por primera vez. Esa señora me puso el nombre artístico de La Bella Durmiente. Soy invidente de nacimiento, no sé leer ni escribir, soy autodidacta”, relata a este medio.

Años después aprendió a tocar guitarra. Con su instrumento en mano llenaba escenarios cantando huaynos. Llamaba la atención su voz de niña, aguda y delicada, además de su belleza y su look con lentes negros.

En 1977, a los 27 años, Juan Arana, director del grupo tropical Melodía, la convocó, y así empezó su carrera en la música tropical andina.

“Tenía 27 años cuando don Juanito me invitó a cantar con su grupo. Grabamos muchos temas”, dice, y canta: “No mientas corazón, en tus ojos pude ver que me vas a dejar a cambio de otro querer. Esta canción la cantó Vico, yo hice los coros”.

Recuerda su paso por grupos tropicales de los años 70 y 80 como Victoria, Chacal (del hermano de Chacalón) y San Lázaro, de Juan de la Cruz, hasta llegar al grupo Somos, de Huánuco, donde se consagró como vocalista. “Madre mía, muchos años he recorrido, pero los más años los pasé con Somos. Grabamos y viajamos por la selva central, oriental y el centro del país”.

Cuando cantaba en Somos, la escuchó el compositor y primera guitarra de Los Shapish, don Jaime Moreira, a quien recuerda como todo un caballero.

“Fue en 1973 que me llevó a cantar dos temas junto a don Julio Simeón Salguerán, Chapulín El Dulce. Repasé con mi sobrina Esmeralda las letras de ‘Juguetito’ y ‘Hombre Casado’, que me entregó don Jaime en unos papeles. Recuerdo que entré nerviosa al escenario, pero Dios siempre estuvo conmigo”, cuenta La Bella Durmiente. Y agrega: “fue una experiencia enorme, me sentí en familia con Los Shapish, y por supuesto, me pagaron por mi arte”.

Los años no le han quitado esa voz aguda y melodiosa: “No sé qué me pasa, soy hombre casado… enamoras tal vez de quien no es tu mujer. Me salió mi gallo, esta canción es para los infieles”, dice sonriendo.

Y como solo ella sabe hacerlo, canta: “Pequeñito niño mío, dime dónde te has marchado, pequeñito niño mío, dime dónde te han llevado, siento un dolor en el pecho, qué vacío está tu lecho”. Es el tema “Juguetito“. La aplaudimos.

Noemí Huarcaya junto a su hija Berenice, quien la acompaña y apoya en sus actividades.

La primera voz femenina de la chicha

A Noemí Huarcaya se le considera la primera voz femenina de la chicha. Le preguntamos por las dificultades que eso pudo significar en un género dominado hasta entonces por hombres, pero ella recuerda con gratitud la buena acogida que tuvo, incluso mayor que en la música vernacular.

“La música es música, y podemos interpretarla todos los que sabemos cantar. El desafío es hacerlo de manera agradable para el director y el público. Los grupos y cantantes tropicales fueron buenos y respetuosos conmigo. Lo contrario viví en la música vernacular, donde una artista con la que hicimos contrapunto dejó caer mi guitarra y la rompió. Le agradezco de todo corazón a Juan Arana, nunca fue envidioso, fue como un hermano, me ayudó mucho”.

Su carrera en la música vernacular y la chicha le confirmó que “hay mucha envidia en el mundo artístico, pero no puedo quejarme, soy una mujer adulta, y le tengo gratitud eterna a Dios por el don que me dio”.

Le preguntamos qué significa haber sido la primera voz femenina de la chicha, y responde satisfecha: “es una alegría. La verdad no estaba preparada para este género, porque yo empecé cantando huaynos, pero poco a poco me fui acostumbrando. El gran Juan Arana me ayudaba, me orientaba, me enseñaba a sobrellevar el desafío de ser cantante tropical entre puros varones. Ser invidente tampoco fue un obstáculo”.

Hoy, con más de 50 años de trayectoria, le canta alabanzas a Dios en la iglesia evangélica El Nazareno de Collique.

“Le agradezco al creador el camino recorrido. Tengo recuerdos muy bonitos que todavía me emocionan, como cuando me presentaban en el escenario y me encontraba con el público, con sus aplausos, con su emoción. Hasta ahora me pongo nerviosa, me encomiendo a Dios, a quien confieso que amo mucho”.

Chicha para mujeres y varones

En el ambiente chichero le dicen Noemí, aunque la bautizaron como “La voz angelical de la chicha”. Dice que ahora cantan tanto hombres como mujeres, y les pide cantar con cariño y delicadeza para alegrar al público que “va a los conciertos a olvidar sus penas”.

Admira a Pastorita Huaracina y a Flor Pucarina, a quien recuerda como una gran cantante por su inolvidable tema “Ayrampito”. En la chicha, es fan de Vico y su grupo Karicia, y también de Chapulín, a quien describe como un caballero que se defiende bien. Otro grupo inolvidable es Manzanita y su Conjunto, con “Arre Caballito”, un clásico emblema de la chicha de los años 70. Chacalón también es uno de sus favoritos. “Era buena persona, sabía tratar, no se sentía creído”, dice. “Aunque no veo, puedo sentir a las personas por su trato”.

Decepciones amorosas

Algunos percances personales que vivió en 1977 la llevaron a aferrarse a Dios. El 12 de abril de ese año se bautizó en la iglesia evangélica El Nazareno, y desde entonces viaja de Independencia a Collique, llevada por su única hija, Berenice De la Cruz Huarcaya. “Hubiera querido que ella cantara, pero no canta”, dice.

Sobre su conversión religiosa, afirma: “El amor de Dios no se compara con ningún otro. El amor terrenal es mentiroso”. Su voz se pone nostálgica al admitir que tuvo decepciones amorosas, se entristece por un momento, pero enseguida se reanima y dice: “aquí estoy”.

Por años se alejó de los escenarios, pero vuelve con el mismo carisma. Mientras conversamos, nos cuenta de su negocio en la puerta del mercado Ermitaño, en Independencia, Lima, donde vende bolsitas de basura negras, diez por un sol, hasta la una de la tarde aproximadamente. Un mototaxista que la conoce pasa a recogerla, la lleva hasta su puesto y luego la devuelve a su casa.

“Volver a cantar está en manos de Dios. Ya no soy muchacha, ya estoy grande, pero todavía me defiendo con mi voz. Siempre tomo mi ‘folidol’ para alegrarme”. ¿Cómo así?, le preguntamos. “Folidol, pues. A mi cafecito le digo folidol, jaja. Si tomo el otro folidol, estiro los pies rápido”, bromea, y confiesa que también le gustan el Nescafé y la cocoa Winter.

Estuvo en Huancayo hace dos años con su sobrina y probó un caldo que, según ella, no tiene comparación en ningún otro lugar del Perú. Le gustan las guindas y los nísperos, el yuyo con canchita, el mondongo, y bailar huaynos del centro y carnavales ayacuchanos, aunque confiesa que no es amante del cuy. El próximo 29 volverá a la ciudad.

Agradece a Huancayo por acordarse de “esta pobre mujer feliz. Cuando canto, no pueden faltar los temas ‘Juguetito’, ‘Hombre casado’ y ‘Culpables’. Es todo un desafío, porque con los años la garganta se va desvaneciendo entre tristezas, pero todavía me defiendo”, dice, mientras canta “Caminito de Huancayo”.

Guarda con mucho cariño su guitarra, la que ganó en 1993 en el programa dominical “El baúl de la felicidad”, conducido por Enrique Maluenda en Panamericana Televisión.

Al despedirse, Noemí envía saludos a su público de Huancayo y le pide a Dios volver a cantarle a los corazones sufridos, a las mamitas y a los papás con “Juguetito”, y a los infieles y a las mujeres con “Hombre casado”. Y claro, también quiere volver a probar el sabroso caldo de cordero, con su presa y su deliciosa piernita.

Los interesados en contratarla pueden llamar al número de su hija Berenice: 901677595.