Le dicen ‘Tía Nieves’ y baila por gratitud y una promesa a la Mamita Cocharcas

Rebeca Cristóbal Gómez tiene 78 años y convive con un mal oncológico desde hace 23. Baila tunantada con la Asociación Tunantera San Francisco de Asís hace siete y dice que lo hará hasta que Dios lo quiera.
10 septiembre, 2026

Cada mañana, antes de que empiece el día, Rebeca Cristóbal Gómez pide lo mismo: alivio para sus dolores. Se lo pide a Dios, a la Virgen de Cocharcas y a San Francisco de Asís. Tiene 78 años y un mal oncológico desde hace 23. Aun así, cada setiembre y octubre se pone el traje de tunantada y baila para agradecerles.

“Estoy viva de milagro, ya hubiera muerto. Bailo por gratitud y consuelo. Así será hasta que Dios me llame”, dice Rebeca, a quien conocen como la “Huanquita Tunantera”.

Hace siete años, las chicas trans de la Asociación Tunantera San Francisco de Asís la invitaron a bailar con ellas. Apenas conocieron su historia, su fe y la elegancia de sus pasos, la sumaron a la delegación. Desde entonces encabeza la corte que conocen como las “diosas de Ocopilla”.

Antes bailaba por su propio barrio, Miluchaca, en Sapallanga. “Empecé ya mayor, cuando tenía 55 años. Mi hijo bailaba de chuto y me dijeron: si tu hijo baila, tú también anímate a bailar. Y pues me animé, y aquí me tienes, desde entonces ya no he dejado de bailar”, cuenta.

Este 8 de setiembre bailó de sicaína junto a la Asociación Tunantera San Francisco de Asís. Por sus cabellos blancos, las chicas la llaman con cariño “la tía Nieves”.

Lleva 23 años bailando tunantada. Antes de dedicarse por completo a la danza, Rebeca vivió también de la cocina. Hasta hace 10 años preparaba y vendía caldo de cordero y de gallina, además de los panqueques en un local en el centro de Huancayo.

Nació en Tarma, pero el corazón se le quedó en La Incontrastable. Y tiene fe ciega en San Francisco de Asís. “Yo tenía una deuda y no sabía cómo pagar. Le pedí ayuda a San Francisco de Asís y ese mismo día, no sé cómo, llegó un dinerito y logré pagar mi deuda”, recuerda.

El mal no le da tregua. Recuerda una noche entre el 7 y el 8 de octubre, ya no sabe de qué año, en la que los cólicos llegaron fuertes por el mal oncológico que la acompaña desde hace 23 años. Le rogó a la Mamita Cocharcas que le quitara el dolor porque quería ir a misa y bailar para ella junto a las chicas.

Esta vez amaneció mejor. Bailó y se fue contenta a casa. “Estoy agotada, pero muy contenta. El baile también me ayuda a olvidar mis males”, cuenta la “Huanquita Tunantera”.

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