Después de meses de exposiciones, espectáculos, dimes y diretes, y acercamientos con los ciudadanos, llegó el día D. Este 4 de octubre, Junín elegirá a sus autoridades. En Huancayo, la pugna reúne a candidatos que llevan años en la política local y a nuevas voces que se erigen como alternativa. No es casual que en las últimas semanas haya empezado a repetirse con fuerza un clamor: renovar. Incluso el padre Enrique Campos, párroco de Sapallanga, lanzó un mensaje directo al pedir que “(…) no voten por los sinvergüenzas de siempre”. Y hay razones para que ese discurso encuentre eco, Huancayo creció y su movimiento económico no se detuvo, pero la gestión de la provincia no parece haber avanzado con semejante ritmo. Por eso, corresponde revisar quiénes son las opciones de esperado recambio.
Y antes de seguir con ello, es importante aclarar que el pedido de renovación no se trata solo de cambiar nombres. La experiencia política no es defecto, así como ser emergente tampoco garantiza un buen manejo. El problema surge cuando los mismos regresan elección tras elección sin que generen avances suficientes y/o se involucran con actos de corrupción. Tal cual escribió días atrás en esta plataforma el periodista y analista Jorge Ponce: “O elegimos a gente nueva, con ideales de renovación y una esperanza de mejor gobierno; o seguimos votando por los de siempre, por esos que con propaganda millonaria nos vienen estafando”. Por eso, toca hacer un filtro y ver qué los diferencia realmente.
Para la selección, continuaré tomando de base el análisis de Ponce, quien rescata seis postulantes de los diez que disputan la alcaldía huancaína: Angello Ocampo, Yody Leonides, Jesús Contreras, Omar Venero, Paulo Beltrán y Wilmer Canales. Según lo expuesto en su columna, estos no registran sentencias judiciales y son rostros relativamente frescos. Algunos ya ocuparon cargos públicos y también están los del ámbito profesional. De los mencionados, hay tres en los que considero esencial detenerme por una combinación extra de formación, trayectoria y responsabilidades estatales asumidas: Yody Leonides, Paulo Beltrán y Omar Venero.
Leonides es bachiller en Economía, fue alcalde de San Pedro de Saño y estuvo vinculado a la formulación de proyectos municipales. Beltrán es antropólogo, con dos maestrías y suma andadura a modo de regidor y gerente municipal. Venero es abogado, igualmente con dos maestrías y cursa un doctorado en Derecho; además, ejerció en calidad de subprefecto provincial de Huancayo. A su vez, los citados se alejan de la continuidad representada por aquellos personajes enquistados —varios hoy salpicados en investigaciones y/o procesos por presuntos hechos de corrupción —.
Con respecto a sus propuestas, hay planteamientos que vale la pena observar. En ese terreno, Venero apuesta por impulsar el emprendimiento y abrir oportunidades dirigido a comerciantes y jóvenes mediante programas como “Procompite Emprendedor” y “Procompite Joven”, orientados a apoyar sus negocios y facilitar su formalización. Leonides contempla digitalizar los trámites de Obras, Logística, Tesorería y Desarrollo Urbano con el fin de eliminar intermediarios; mientras que Beltrán propone frenar autorizaciones de rutas de transporte y habilitar un corredor de buses entre Sapallanga y la Ciudad Universitaria. Son iniciativas que apuntan a distintas problemáticas existentes. Finalmente, nuestra región es un espejo del masoquista votante peruano. Contar con preparación y experiencia, además de una hoja de vida sin sentencias, no necesariamente se traduce en respaldo electoral. Hubiese sido interesante ver a estos tres perfiles encabezando las preferencias, cosa que, al menos por ahora, no ocurre tal cual. Entre ellos, Omar Venero es quien ha mostrado mayor presencia en los sondeos digitales, mediciones que, aunque son referenciales, le permiten ganar visibilidad. Ese elemento, sumado a lo ya desarrollado, le da a su candidatura el peso particular frente a las opciones de nefasta continuidad. Faltan pocos días con miras a definir el voto. Son cuatro años más. Huancayo decidirá si permanece atado a una política desgastada y manchada o abre las puertas a una verdadera renovación.

