El Perú se desangra y se incendia entre populismo, terruqueo e inacción

La criminalidad avanza, los incendios arrasan bosques y el populismo distrae de los problemas de fondo, mientras el Gobierno se enreda en disputas políticas y deja sin respuesta las urgencias del país.
20 octubre, 2026
Desidia y caos en el Gobierno Central

“¿Por qué estás triste? Dime por qué. Veo en tus ojos pena y dolor”, canta Savia Andina. Versos que retratan al Perú, más aún en estos días. Tantas desgracias juntas que no sabemos por dónde empezar. La delincuencia que no cesa, los políticos que pisotean las leyes, la injerencia yanqui-sionista, las escuelas deterioradas y el bullying que ya cobró vidas, los incendios forestales que arrasan bosques, la amenaza de un devastador fenómeno de El Niño y la destrucción de ecosistemas por la minería, incluso cerca del Huaytapallana. Todo ello sin contar los problemas diarios que enfrentamos. Mientras tanto, la presidenta tiktokera impulsa medidas absurdas y populistas, recurre al fantasma del terrorismo con el fin de descalificar los desacuerdos y presiona para obtener facultades legislativas a su capricho, a la par que la prensa limeña ejerce de relacionista pública del Gobierno.

Hace unas jornadas, el senador Maraví y el ministro del Interior, Astudillo, protagonizaron un altercado luego de que la senadora Ruth Luque cuestionara la falta de una “reforma policial profunda”, planteamiento que incomodó al oficialismo. Y le pregunto a usted, lector: ¿aprueba el accionar de la Policía? Esta semana conocimos que en Puno se desactivó el Grupo Terna debido a que tres de sus efectivos son acusados de simular un operativo para robar S/10 mil de una vivienda. También supimos de la muerte de un joven en una comisaría de Cusco y ahora su familia llora e insta a la justicia. Distintas denuncias constantes contra la PNP, ¿no es legítimo exigir una reforma policial? ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que basta con cambiar generales, ministros o altos mandos cada vez que la institución falla?

Hoy lo que nos aterra es la criminalidad, que extorsiona hasta a los pobres, no el cuco del terrorismo que agitan desde la derecha, sin negar que puedan persistir remanentes.

Tras este incidente, la prensa capitalina se concentró en buscar culpables de la confrontación, mayoritariamente con una posición favorable al fujimorismo, dejando de lado lo fundamental: la discusión se originó por una exigencia de reforma policial, precisamente el asunto que debió ocupar el debate. Posteriormente, la mandataria salió a respaldar a su ministro. Inclusive planteó que los peruanos debíamos decidir si estábamos “al lado del Movadef, de Sendero Luminoso o de nuestras Fuerzas Armadas y de Chavín de Huántar”. ¿Cómo es posible que un reclamo fundado de reforma policial termine convertido en un discurso que fragmenta a la población y alimenta el terruqueo frente a quienes discrepan del Gobierno? Y seamos sinceros, hoy lo que nos aterra es la criminalidad, que extorsiona hasta a los pobres, no el cuco del terrorismo que agitan desde la derecha, sin negar que puedan persistir remanentes.

Días después, Fujimori apareció indicando que “el orden tiene que regresar a nuestras escuelas”, proponiendo cabello corto en los varones y restricciones al maquillaje. Una acción anacrónica que confunde disciplina con apariencia —sin evidencia sólida de que la estética determine el comportamiento estudiantil—. Especialistas advirtieron que estas disposiciones nos harán retroceder “más de tres décadas”. Populismo total en una sociedad conservadora —ya sea derecha o izquierda—; persiste la fascinación por la educación castrense como clave en la formación de “buenos ciudadanos”. ¿Acaso no crecieron bajo esa modelo generaciones actuales? ¿Qué resultados dejó? Además, restringe la expresión personal, esencial en el desarrollo de diversas inteligencias. ¡Lástima por los escolares! A la vez que los verdaderos problemas educativos esperan: colegios deteriorados, falta de capacitación docente, una currícula desactualizada y deficiencias en educación sexual. Pero es crucial controlar el pelo de los educandos para atender esas urgencias, y el pueblo aplaude.

Los siniestros no aguardan nuevas leyes, exigen decisiones y efectividad.

A todo eso se unen los incendios forestales reportados en 16 regiones, entre ellas Cusco, Puno, Junín, Apurímac, Ayacucho y Huancavelica, que han dejado diez fallecidos, miles de hectáreas arrasadas y entornos naturales destruidos. La Central Asháninka del Río Ene (CARE) pide una intervención urgente del Estado y advierte que sus comunidades no pueden seguir enfrentando solas la crisis, una situación que refleja las dificultades de reacción en las zonas alejadas del país. En ese contexto, el Gobierno insiste en pugnar con el Congreso por unas facultades legislativas cuyo alcance genera rechazos; a su vez, emergencias como los incendios requieren acciones inmediatas. Y para movilizar recursos, reforzar brigadas y asistir a las poblaciones afectadas no necesita esperar atribuciones. Los siniestros no aguardan nuevas leyes, exigen decisiones y efectividad.

Finalmente, a estos tiempos grises se suma el daño ambiental provocado por la minería legal e ilegal, esta última vinculada al crimen organizado, sobre los ecosistemas. El peligro ya alcanza las cercanías del Huaytapallana, primordial en el abastecimiento de Huancayo. ¿Permitiremos a que nuestra agua esté contaminada para actuar? Y si por dentro andamos mal, por fuera tampoco hay motivos de orgullo. La política exterior muestra una preocupante subordinación a Estados Unidos e Israel, gobiernos cuestionados por graves violaciones de derechos humanos. Julián Curo-Churata, un compatriota, murió bajo custodia del ICE. ¿Qué respuesta contundente ha dado la Cancillería? Mientras el Perú fortalece sus vínculos con Israel pese al genocidio que se comete en Gaza y el sufrimiento de los palestinos. “¿Por qué estás triste? Dime por qué, veo en tus ojos pena y dolor”. Despierta, peruano.

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