Pobres contra pobres

La segunda vuelta presidencial dejó una fractura política y social: mientras las regiones respaldaron mayoritariamente a Roberto Sánchez, la Lima popular se alineó con el voto de los sectores más acomodados del país.
Los pobres de Lima votaron igual que los ricos del país por Fuerza Popular.
Jorge Ponce
Jorge Ponce
Periodista
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Con este artículo quiero terminar con lo que considero una razón más por la que Fuerza Popular ganó la segunda vuelta electoral.

Se trata de cómo los pobres de Lima votaron en contra de los pobres de las provincias. Los pobres de Lima votan junto con los ricos del Perú. A este fenómeno algunos teóricos lo han denominado “los pobres de derecha”.

Como ilustración, vemos, por ejemplo, cómo en San Isidro, distrito de Lima Metropolitana y donde vive gente adinerada, Keiko Fujimori obtiene el 84.2% de los votos válidos. Mientras en Puno, región pobre del Perú, Roberto Sánchez consigue el 86.4% de sufragios.

La diferencia es elocuente. Esto no es una simple anécdota estadística. No, es el síntoma de una nación que se mira en espejos opuestos.

Un grupo de sociólogos, entre ellos Guillermo Nugent, sostienen cuatro tesis:

1. El proceso de “chonificación” y la nueva identidad limeña: Los hijos de los migrantes provincianos no vivieron el trauma del desarraigo y la pobreza extrema de los años 60 y 90. Para ellos, su referente no es el campo o el pueblo de origen, sino el barrio limeño (Los Olivos, Lurigancho, Comas, Villa El Salvador).

2. La mentalidad del “emprendedurismo” y el mérito propio: La teoría del “éxito individual” con la narrativa de que “el que quiere, sale adelante trabajando”. Esto les genera una mirada crítica a las protestas de las provincias: El habitante de la Lima popular teme perder lo ganado y cuida celosamente su estabilidad económica.

3. El sesgo de la centralización y los medios de comunicación: El centralismo en el Perú no solo es económico, es también mental. Los jóvenes y adultos de la Lima popular ven y sienten los problemas de las regiones como lejanos o ajenos a la cotidianeidad limeña. Los medios de comunicación basados en Lima construyen narrativas que estigmatizan las demandas del interior o la reducen a conflictos ideologizados.

4. El deseo de asimilación y el racismo estructural: El Perú arrastra un racismo y clasismo estructural histórico. Para ser aceptado y progresar en Lima, el migrante debía “limar” sus rasgos provincianos (como perder el acento, cambiar costumbres, evitar la vinculación con lo rural). Este mecanismo de defensa se traduce, a veces, en un distanciamiento consciente o inconsciente de lo provinciano para evitar la discriminación.