La Fiscalía de Derechos Humanos entregó a dos familias de Chambará, en Concepción, los restos de sus seres queridos asesinados por Sendero Luminoso en 1988. Después de casi cuatro décadas, los familiares recibieron los osarios y las actas de defunción que confirman la identidad de las víctimas, cerrando una espera marcada por el dolor y la incertidumbre.
La ceremonia se realizó en el museo Yalpana Wasi, en Chilca, Huancayo. El presidente de la Junta de Fiscales Superiores de Junín, Ramón Alfonso Vallejo Odría, entregó el osario y el acta de defunción de Alberto Aresteni Canto a su hijo. El fiscal adjunto provincial Jhonatan Eugenio Cotrina Dionicio hizo lo mismo con el hermano de Gerónimo Gregorio Casas de la Cruz. Ambos recibieron los restos para darles sepultura en sus comunidades.

El Equipo Forense Especializado del Instituto de Medicina Legal confirmó las identidades de las víctimas después de un proceso de análisis que incluyó el aporte de las familias. Los especialistas recuperaron y examinaron los restos, junto con elementos asociados, hasta lograr su restitución final.
El ataque ocurrió la noche del 11 de noviembre de 1988. Una columna de Sendero Luminoso ingresó al anexo de San Blas, en Chambará, y sacó de sus casas a Alberto Aresteni Canto, Gerónimo Gregorio Casas de la Cruz, Genaro Agapito Mucha Malpartida y Zósimo Víctor Chucos Malpartida. Al día siguiente, los comuneros hallaron muertos a Alberto Aresteni, Genaro Agapito y Zósimo Chucos en el paraje Chorrillos, todos con disparos en la cabeza. Gregorio Casas llegó con vida al hospital Carrión de Huancayo, pero falleció poco después.
Las familias de Chambará intentan cerrar un ciclo de violencia que dejó heridas profundas en la región. La entrega de estos restos representa un acto pendiente de justicia y memoria para quienes esperaron 37 años para despedirse.

