“Porque esa prometida transformación terminó siendo una nueva decepción”, dice un extracto de Cumbia de la Esperanza, de Los Olayas Sound System, una canción que podría sonar en cualquier esquina del territorio a la par que una ráfaga de tiros apaga otra vida y confirma que queda poca fe o nada en una patria cansada de esperar. Una nación que observa, sabiendo que tampoco hay dónde elegir, cómo los cocodrilos de siempre —o sus familiares— se reparten los despojos. Aquí Zavalita volvería a preguntarse, con un cigarro entre los dedos y la mirada perdida: ¿en qué momento se jodió más el Perú? Tal vez en este, cuando aprendimos a convivir con la delincuencia —institucional y callejera— y a llamarla normalidad.
“Porque cuando pedimos por un líder de verdad, solo recibimos un títere más”, menciona otro fragmento del tema olayero. Letras que retratan lo que fue el gobierno de Dina Boluarte: la marioneta del fujimorismo y sus satélites. Un Congreso que pudo destituirla mucho antes, aunque prefirió protegerla, archivando las denuncias que la señalaban, como las decenas de muertes en las marchas de 2022 y 2023. Conforme les fue útil, sirvió de garantía para sus intereses con leyes a medida y pactos. Ella se hizo odiar en demasía, tan distante, soberbia y con un “autoridad” que usó en excusarse de su propia inacción frente a la corrupción y el crimen organizado. Dejaste al país más roto de lo que lo encontraste y ojalá esta sea tu hora en rendir cuentas ante la justicia.
“Queda poca fe o nada en una patria cansada de esperar, que aprendió a convivir con la delincuencia —institucional y callejera— y a llamarla normalidad”
Sin embargo, hay que recordar que su caída no es una total alegría, ya que es una maniobra de supervivencia de los politiqueros. El Parlamento esperó hasta lo último antes de saltar del barco sin hundirse o salir del chiquero pretendiendo no mancharse. No la bajaron por los asesinados ni por los escándalos, sino porque se acercan las elecciones y necesitaban fingir distancia. Los que ayer la blindaban hoy posan de jueces con gran cinismo. Renovación Popular, Fuerza Popular, Acción Popular y Alianza para el Progreso —los principales aliados— ahora se conceden el mérito. Al final, todos siguen en el mismo lodo, solo cambiaron de botas.
¿Y qué decir del nuevo presidente? José Jerí, de 38 años, llega al poder de forma interina a julio de 2026, cargando manchas en lugar de credenciales. En 2025 fue acusado de violación sexual, un caso que la fiscalía archivó, posteriormente, aunque el proceso cesó abriéndole la investigación por no cumplir con las terapias de control de ira dictadas por la jueza. También enfrenta una indagación por presunto enriquecimiento ilícito, luego de que su patrimonio pasara de 90 mil soles en 2021 a más de un millón en 2024, una fortuna que no se justifica con su sueldo. A esto se suma que personas de su entorno fueron vinculadas a un soborno de S/150.000 al incluir obras en el presupuesto público. Asimismo, fue uno de los impulsores de la llamada “Ley del perro muerto”, una norma que atenta contra el fútbol peruano. Ese declaran, es el rostro del cambio.
“El Congreso no la bajó por los asesinados ni por los escándalos, sino porque se acercan las elecciones y necesitaban fingir distancia. Los que ayer la blindaban hoy posan de jueces”
Y al tiempo que todo esto ocurre, muchos miramos desde la comodidad. Nos quejamos, ironizamos, nos reímos de los políticos y no los enfrentamos. Nuestra generación, si bien despertó en parte con las protestas recientes, se volvió espectadora y anestesiada. La imposición se alimenta del silencio tanto de su impunidad. Los jóvenes no podemos darnos el lujo de desentendernos de la política, ya que cada vez que lo hacemos, los mismos ocupan nuestro sitio. “Tengo la esperanza de que la gente se quiera unir, porque más opresión ya no puede resistir”, manifiestan Los Olayas en la composición citada al inicio. Ese verso no es solo canto, es advertencia. Esta transición presidencial no significa descanso, es motivo para amplificar la voz. Que Jerí gobierna sin legitimidad y que el Congreso recuerde que seguimos rechazando su pacto mafioso. El país está jodido, sí, pero aún respira. Y mientras haya quien resista, todavía hay esperanza.


