Durante 25 años, el arqueólogo Manuel Perales Munguía ha investigado las poblaciones que habitaron el norte del Valle del Mantaro antes de la llegada de los incas. En los últimos quince años, una parte importante de ese trabajo se concentró en un tema poco estudiado, la arquitectura funeraria.
Su investigación lo llevó a recorrer antiguos asentamientos de Jauja y Ricrán, donde identificó distintos tipos de construcciones asociadas a restos humanos. A partir de estas evidencias, plantea revisar algunas interpretaciones sobre la organización social y política de los antiguos Xauxas y cuestiona la idea de un supuesto reino huanca gobernado por un único rey.
Los resultados de este trabajo fueron presentados hace unas semanas. Huanca York Times conversó con él sobre sus hallazgos.
Manuel, ¿cómo va lo de la arquitectura funeraria?
Primero hay que ubicarnos en el tiempo. Nosotros estudiamos el periodo intermedio tardío, justo antes de los incas, y nos enfocamos en cómo se organizaban social y políticamente los pueblos que vivían al norte del Valle del Mantaro, en el valle de Llanamarca y alrededores, dentro de la provincia de Jauja.
Ok. ¿Qué más necesitamos saber para entender el tema?
Lo que sabemos por los estudios arqueológicos e históricos es que los antiguos pobladores de esta zona construían edificaciones para sus muertos cerca de donde vivían.
Respecto a la organización de estos pueblos, hasta ahora se maneja la idea de que vivían bajo un sistema de jefaturas. Eso se sabe gracias a la evidencia arqueológica y al trabajo de investigadores como Jeffrey Parsons, Ramiro Matos, Timothy Earl y Terence Daltroy.
¿Jefaturas?
Sí, es un término que usamos en arqueología y antropología. Son sociedades donde hay un líder que concentra poder, pero no es un gobernante ni un jefe de estado. Es alguien con una posición socioeconómica mucho mejor que la del resto, encargado de repartir tierras, administrar recursos y esas cosas. El jefe contaba con sus parientes cercanos para ayudarlo en esas tareas y para organizar a la gente en proyectos comunales.
¿Y qué dicen los historiadores sobre estas jefaturas?
El historiador Waldemar Espinosa Soriano planteó que estos pueblos estaban organizados a nivel de todo el valle del Mantaro bajo un rey. Que existía el reino huanca, que el rey tenía seis mujeres (él solo tenía ese privilegio), que tenía ejército, etc. Para nosotros eso es una visión sesgada, aplicada con criterios de historia europea. Presenta a este rey huanca casi como si fuera un rey de la Edad Media en Europa.
Frente a lo que dijo Waldemar Espinoza no hay otros historiadores ni arqueólogos que respalden sus estudios. Sí hay teóricos y estudiosos que piensan que estaban organizados en jefaturas, con jefes, no en reinos como dice Espinoza desde la etnohistoria.
¿Qué dicen sus estudios arqueológicos?
Hay un error de interpretación que incluso historiadores como el doctor Aquilino Castro han cuestionado en la forma de entender la historia de Waldemar Espinoza.
¿Y qué propone usted como arqueólogo con más de 25 años de investigación?
Hemos propuesto revisar ambos planteamientos a la luz de la evidencia de la arquitectura funeraria.
Desde los estudios de arqueólogos como Timothy Earl, Emilio Matos y Jeffrey Parsons se desestima la idea de un reino wanka. La evidencia arqueológica no respalda en absoluto esa idea de un rey con súbditos a los que todos debían obediencia absoluta. Eso no existió.

¿Entonces qué existía?
Lo más cercano a la evidencia, en términos de organización política, son las jefaturas. Además, a partir de trabajos en zonas de Jauja como el sitio arqueológico de Tunanmarca —estudiado por Timothy Earl, Terence D’Alton y Ramiro Matos— y en otros sitios del valle de Llanamarca, hay evidencias de construcciones que no eran para vivir, sino para los muertos.
Como parte de las construcciones donde vivían, que eran circulares, más o menos grandes, de cuatro o cinco metros de diámetro, siempre organizadas alrededor de un patio abierto. En algunos casos, esos conjuntos de viviendas tienen construcciones circulares mucho más pequeñas, de un solo metro de diámetro más o menos, con uno o dos pisos bajitos, levantadas con piedra y falsa bóveda. Y siempre se encuentran restos de huesos humanos dentro. Entonces analizamos esa arquitectura funeraria y nos preguntamos: ¿para qué servían estas construcciones chiquitas? Todo indica que, dada la presencia recurrente de huesos y restos humanos, ahí descansaban los cuerpos ya momificados —los malquis— de ciertos personajes que eran objeto de respeto especial por parte de estas poblaciones.
La arquitectura funeraria como una nueva pista
Hace algunos años, Manuel Perales investigó 30 sitios arqueológicos ubicados en la cadena montañosa del distrito de Ricrán, al norte de Jauja. Allí encontró construcciones funerarias similares a las registradas en Tunanmarca. Lo que llamó su atención fue que no existía un solo modelo de entierro. Por el contrario, las estructuras aparecían en distintos espacios y parecían responder a criterios específicos.
¿Cómo? ¿No era un solo tipo de construcción?
No. Hay algunas levantadas en pequeños abrigos rocosos en zonas muy accidentadas, como acantilados. También hay espacios pequeños entre las rocas, en lugares muy altos, casi inaccesibles.
Otro tipo fueron levantadas en cuevas pequeñas, en zonas más accesibles cerca al río Ricrán.
El tercer tipo está en los antiguos pueblos donde vivían, pero ahí también hay diferencias. Algunas fueron levantadas justo al lado de la entrada principal a estos pueblos, especialmente en los que se parecen a Tunanmarca. Esos pueblos estaban construidos sobre cumbres de cerros, con murallas, y dentro de la zona amurallada estaban las viviendas circulares. Las murallas tenían pórticos o puertas de acceso. Justo al lado de esas entradas hay construcciones asociadas a huesos.
Esas edificaciones guardan cuerpos de difuntos. Están construidas flanqueando la entrada principal. Hacia afuera, como que al llegar había prácticamente dos chulpas o construcciones funerarias a ambos lados. Para entrar al pueblo había que pasar la puerta de la muralla, y uno pasaba en medio de esas chulpas.
Otro tipo ya está construido dentro del pueblo, formando parte de los conjuntos de viviendas con sus patios. En el patio están levantadas varias de esas construcciones. Y ahí surge la pregunta…
¿Qué pregunta?
Inicialmente existieron personajes que recibieron respeto, consideración especial, y fueron enterrados debajo del suelo y sus cuerpos colocados en esas construcciones funerarias. Algunos a la entrada de los pueblos, otros dentro del pueblo, entre los patios de las casas, otros en los acantilados, otros en cuevas cerca del río.
La pregunta es: ¿quiénes fueron colocados a la entrada de los pueblos? ¿A quién pusieron en los patios de las casas? ¿A quiénes en los acantilados? ¿Y a quiénes en las cuevitas cerca del río?
¿Qué respuestas tiene?
No creo que sea casual. Debe obedecer a alguna razón. Mi hipótesis es que estas personas tenían estatus distintos, tal vez niveles distintos de importancia para estas antiguas comunidades.
Por eso decimos que, desde las evidencias en Ricrán, retornamos a Tunanmarca para mostrar que en Ricrán identificamos varios tipos de arquitectura funeraria según su ubicación, y en el caso de Tunanmarca también hemos hallado diferentes tipos de estas construcciones.
¿Y cuál es su lectura como arqueólogo?
En arqueología, las características del enterramiento y el tratamiento que reciben los restos humanos dependen mucho del estatus, la jerarquía o el rango que la persona tuvo en vida. Una persona importante obviamente recibe un tratamiento mucho más importante. Pensemos en el señor de Sipán: él sí era un gobernante, un jefe de estado, y cuando murió su tumba fue especialmente acondicionada, murió con sus ofrendas e incluso hubo personas sacrificadas para acompañarlo.
¿Hay relación entre las jefaturas y la arquitectura funeraria que investiga?
Sí. En Xauxa, organizada bajo la autoridad de jefes, había jefaturas. Y lo que la evidencia de la arquitectura funeraria nos indica es que hubo distintos rangos, una jerarquía mucho más compleja. Algunos están colocados en la entrada de los pueblos, otros dentro de los patios de las casas, otros en los acantilados. Entonces no es que haya un solo tipo de jefe. Debió ser una organización mucho más sofisticada, más compleja, que todavía no estamos entendiendo bien.
¿Qué nos dicen las fuentes documentales, los cronistas?
Bueno, encontramos coincidencias con el cronista ayacuchano Felipe Guaman Poma de Ayala, de 1615. Este cronista habla de los entierros de los antiguos habitantes del Chinchaysuyu. Describe construcciones de piedra, con su pequeña puertita, muy parecidas a las que vemos acá en Ricrán. Guamán Poma también presenta restos humanos ubicados dentro. Él las nombra pucullos para designar a esas pequeñas construcciones donde colocaban los restos de ciertos antepasados.
Guamán Poma también describe en sus crónicas características en los entierros según el estatus que tuvieron en vida: algunos fueron colocados en la puerta de los pueblos, otros dentro de los pueblos, en los patios.
Otro criterio a favor de nuestra investigación: cuando algunas autoridades españolas interrogaron a los antiguos curacas, a inicios de la época colonial, del Valle del Mantaro, acerca de su organización antes de los incas, los curacas respondieron que no obedecían a la autoridad de un solo jefe o de un solo rey, que no había nada de eso. Sino que en cada pueblo obedecían a un grupo de personas que destacaban por su valentía, por su conocimiento, y que a ellos les rendían obediencia.

¿Y cómo se llamaban estos personajes?
Se llamaban sinchis. Cada pueblo tenía un grupo de sinchis, una especie de consejo de líderes con ejercicio de autoridad y liderazgo político de estas comunidades. O sea, no es que había un solo jefe por cada pueblo, sino que habían varios en realidad.
¿Y hay más datos interesantes?
Sí. El cargo no lo heredaban sus descendientes. Cuando un sinchi moría, se presentaban varios candidatos para ocupar la posición. En la elección, la comunidad evaluaba según las virtudes y cualidades de la persona para ejercer ese liderazgo.
En el modelo de jefaturas, el jefe hereda el cargo al hijo. Acá no. En los reinos también los cargos son hereditarios. Acá no pasa eso. La evidencia funeraria indica la existencia de varios tipos de líderes por cada una de estas comunidades. Repito, con funerales ubicados en diferentes lugares: algunos restos están colocados en la entrada de las murallas de los pueblos, otros dentro de los pueblos, en los patios de las casas, otros en los acantilados, en los abismos que están mirando a fuentes de agua, por ejemplo. Eso es interesante.
¿De las diferentes ubicaciones de los entierros deducimos distintos tipos de líderes?
Sí. Plantemos como hipótesis que probablemente las personas cuyos cuerpos fueron momificados y colocados en estas construcciones funerarias podrían haber sido estos distintos grupos de líderes o tipos de líderes que en los documentos coloniales estarían siendo mencionados con el término genérico de sinchis.
Sin embargo, hay que hacer una precisión: habían distintos rangos de sinchis. No creo que sea casual la ubicación de estos restos funerarios en estos distintos emplazamientos donde fueron colocados.
¿Qué recomienda?
Se necesita volver a evaluar la manera en que hemos entendido la organización social y política de estas comunidades del valle, especialmente en la zona de Jauja o Xauja —aclaro, se pronuncia Shaushas— antes de que lleguen los incas, pero esta vez tomando en cuenta este tipo de evidencia que antes no se había tocado, como es la arquitectura funeraria.
¿Cuántos años de investigación?
Quince años. Los resultados fueron expuestos por primera vez en un congreso en Estados Unidos hace unos años. Como artículo científico, publicamos en un libro especializado de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque. Acá en la región, recién públicamente el pasado 13 de mayo.
¿Hay estudios sobre estas construcciones con momias en el interior?
No. Revisamos bibliografía y nos percatamos de la ausencia de investigaciones arqueológicas sobre arquitectura funeraria. No han sido tomadas en cuenta. Al menos no para este periodo y este lugar. Es nuestra primera observación.
Perales Munguía señala que su interés principal siempre ha sido la organización social y política de las poblaciones prehispánicas de la región. Tras quince años de investigación, considera que la arquitectura funeraria aporta evidencias que merecen ser incorporadas al debate sobre la historia de los antiguos Xauxas. Los resultados de este trabajo fueron presentados en un congreso en Estados Unidos y expuestos públicamente en la región el pasado 13 de mayo. Para el arqueólogo, la discusión sobre cómo se organizaron estas comunidades antes de la llegada de los incas aún está lejos de cerrarse.


