Chile vota, un ganador en puerta y las implicancias para Perú y Sudamérica

A horas de una elección clave, Chile define entre la izquierda y la extrema derecha en un clima de alta polarización. El probable triunfo de José Antonio Kast anticipa impactos en la seguridad, la migración y el equilibrio político de Perú y Sudamérica.
Chile elige presidente este domingo
Erick Gamarra
Erick Gamarra
Periodista
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A poco de que alrededor de quince millones de ciudadanos acudan a votar, Chile ingresa en el tramo decisivo de una contienda que se convirtió de las más tensas y polarizadas de su era reciente. El domingo 14 de diciembre se resolverá el duelo de la comunista Jeannette Jara, representante de la izquierda, y José Antonio Kast, figura persistente de la extrema derecha. Pero ¿quién ganaría y qué implicaría el potencial triunfo de uno para Perú y la región? Latinoamérica observa, mientras el desenlace marcará el tono político de los próximos años, un tono que refuerza el viraje que distintas naciones sudamericanas han elegido.

Conforme con las últimas encuestas, Kast mantiene una ventaja superior a los diez puntos sobre Jara, una diferencia que lo deja bien encaminado a la conducción del Ejecutivo. A sus 59 años, y en su tercera búsqueda de la presidencia, el contendiente del Partido Republicano logró absorber el soporte de las corrientes conservadora y libertaria que quedaron fuera en la primera vuelta, como los que respaldaron a Evelyn Matthei y a Johannes Kaiser. Irrumpe en escena reforzando un mensaje de “mano dura” contra la delincuencia y el control migratorio; sumado a la promesa de ajustar el gasto público, una combinación que pretende convertir en la base de un eventual mandato.

 
“Chile entra en una elección decisiva marcada por la polarización. Con una ventaja clara en las encuestas, José Antonio Kast aparece encaminado a La Moneda, mientras la izquierda, representada por Jeannette Jara, enfrenta el desgaste del oficialismo, el fracaso constituyente y una ciudadanía cansada de la incertidumbre”

 

En tanto, Jara —51 años e integrante del Partido Comunista— cerró su campaña este miércoles. Miles de seguidores la acompañaron en un ambiente festivo e impregnado de optimismo, aun cuando los sondeos no juegan a su favor. Su programa apunta a fortalecer las redes de apoyo estatal en salud y vivienda, además de proponer respuestas respecto a la inseguridad y la migración. Aun así, su apuesta avanza en una vía cuesta arriba para el progresismo chileno, cargado por el fracaso del proceso constituyente, la incertidumbre económica y el desgaste acumulado del oficialismo, reflejado en la caída de la aprobación del presidente Gabriel Boric, elementos que complicaron el camino de su sector de cara a esta definición.

Si Kast se instala en La Moneda, Chile entraría a una etapa caracterizada por disposiciones fuertes y confrontacionales. Una de sus principales propuestas, que contempla una reducción fiscal de US$ 6.000 millones, crea dudas entre especialistas porque hasta ahora no ha detallado de qué forma logrará ese ajuste sin tocar áreas sensibles para la población. En seguridad, tiene expectativas altas con un discurso que asegura dureza y resultados rápidos frente al delito, lo que lo presionaría desde el primer día. En la inmigración propuso expulsiones masivas con plazos a los migrantes irregulares, lineamientos que abrieron un debate por su alcance, por la falta de claridad sobre cómo podrían ejecutarse en la práctica e incluso por su impacto en países vecinos.

 
“Un eventual triunfo de Kast no solo redefiniría el rumbo político chileno, sino que tendría efectos directos en Perú y Sudamérica: mayor dureza migratoria, tensión fronteriza, recorte estatal y un fortalecimiento del bloque de derecha que condicionará la agenda regional en los próximos años”

 

En esa línea, la postura de Kast ya tuvo efectos visibles previo a la elección. Su visita a la frontera peruana-chilena y el mencionado plazo que anunció desató una reacción inmediata del Gobierno, que declaró en emergencia la zona sur y acentuó la presencia militar-policial ante el temor de un aumento en el flujo de retorno. El propio José Jerí reconoció que el planteamiento del ultraderechista ha sido un factor en la tensión actual, a la vez que el candidato insiste en que su plan es viable y habla de corredores de salida sin precisar los acuerdos necesarios con el objetivo de implementarlos. Sus afirmaciones generan alerta en el lado peruano e involucran a otras naciones que serían parte indispensable de cualquier estrategia de repatriación a gran escala.

Finalmente, bajo esa mirada, la victoria de Kast profundizaría el avance derechista en el continente y le daría un peso mayor a ese bloque, porque Chile no es un actor menor, por la fuerte influencia en determinaciones comerciales, diplomáticas y multilaterales. Con su incorporación, la región se inclinaría hacia agendas más severas en seguridad, recorte estatal, control fronterizo, alineamiento con EE. UU., la batalla “anti-woke” y un retroceso en medidas de igualdad y en conquistas impulsadas por el feminismo, ejes que condicionarán las discusiones del tiempo venidero. Su llegada también ampliaría la distancia con los mandatos de izquierda que aún permanecen y los obligaría a revisar por qué su proyecto perdió espacio. Lo que ocurra este domingo no solo trazará un gobierno; influirá también el aire con el que Sudamérica respirará en el siguiente ciclo político.