Dos arqueólogos, Bruce Owen y Manuel Perales Munguía, unieron esfuerzos para dirigir a un equipo de investigadores en un proyecto que los llevó a explorar un sitio arqueológico casi desconocido, enterrado a más de 4 mil metros de altura en la provincia de Jauja, en la región Junín. Durante dos meses, el equipo utilizó equipos sofisticados y realizó excavaciones en un complejo que podría arrojar nueva información sobre las culturas preincaicas que habitaron la zona.
Para conocer los detalles directamente de uno de sus protagonistas, Huanca York Times conversó con Perales, director de este proyecto denominado Proyecto de Investigación Arqueológica Julcatambo, o PIA Julcatambo.
Para ubicarnos, ¿dónde queda Julcatambo?
Está en el distrito de Canchayllo, provincia de Jauja. A unos 36 kilómetros al suroeste de la ciudad de Jauja. A unos tres de kilómetros de la unidad de producción Cochas de la SAIS Túpac Amaru.
¿Cómo empieza la investigación en Julcatambo?
Este sitio arqueológico fue identificado por primera vez en 1986 por el doctor Bruce Owen, quien realizaba exploraciones con el arqueólogo James Snead y con su asistente, el jaujino Andrés Moya. Owen buscaban evidencias arqueológicas sobre minería y actividades metalúrgicas prehispánicas, y fue cuando identificaron el centro arqueológico de Julcatambo, con dos sectores: Julcatambo Chico y Julcatambo Grande.
Julcatambo Chico fue un sitio previamente reportado por Timothy Earle y Terry LeVine, investigadores de la Universidad de California en Los Angeles, por los años 70. Se sabía de este sitio por las construcciones visibles en superficie, cuyo diseño arquitectónico corresponde a la época Inca, coherente por su ubicación cercana al camino inca llamado Qhapaq Ñan, que va desde Hatun Xauxa (Jauja) hasta Pachacamac, (Lima), ruta que atraviesa por la cordillera de Pariacaca.
Julcatambo Chico está mencionado en los documentos coloniales como un tambo inca importante. Bueno, cuando los investigadores mencionados estuvieron registrando este sitio, observaron por primera vez, a cierta distancia de Julcatambo Chico, un conjunto de aparentes bases de muros de piedra que cubrían una extensión mucho más grande, un área de más de 5 hectáreas y lo denominaron Julcatambo Grande, el cual que no había sido reportado previamente. El doctor Owen con su equipo realizó un registro, pero lamentablemente quedó todo allí por su retiro abrupto de la región por el tema de la violencia política que comenzaba a vivir la región por aquel entonces.
El regreso a Julcatambo Grande después de 25 años
Tras más de 25 años ¿cómo vuelven a investigar Julcatambo Grande?
Mi persona trabaja desde el 2014 en el Proyecto Qhapaq Ñan. En este tiempo hemos sostenido comunicación con el doctor Owen y la doctora Christine Hastorf, quienes han estado viniendo por otros motivos a Jauja, y realizamos algunas visitas a la zona, el año 2024.
Este año, con la Resolución Directoral 197-2025 de la Dirección de Calificación de Intervenciones Arqueológicas del Ministerio de Cultura, se me autoriza dirigir el Proyecto de Investigación Arqueológica Julcatambo, con la asesoría científica del doctor Bruce Owen, uno de los expertos en el tema de la arqueología de la época Wari, y con el respaldo de la Dra. Christine Hastorf, una de las autoridades mundiales en arqueología, específicamente en paleobotánica.
A ellos los acompañan un equipo de investigadores de Estados Unidos, algunos vinculados al Archaeological Research Facility de la Universidad de California en Berkeley. Con ellos y varios operarios nos hemos internado en el lugar durante los meses de junio y julio de este año, en un trabajo arduo de campo en la zona.
¿Qué trabajos de campo realizaron?
Nuestro primer objetivo fue mapear todo el sitio. Se trabajó en el levamiento topográfico y el mapeo de toda la zona arqueológica con drones y la prospección geofísica con un radar de penetración, gracias a la colaboración del Proyecto Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura.
¿Qué significa prospección geofísica con un radar de penetración?
Es el uso de un radar de penetración o GPR, que envía ondas al subsuelo para identificar rasgos enterrados como posibles muros, por ejemplo, según la resonancia de las ondas que envía el aparato.
Luego, sobre la base de los resultados del mapeo y prospección geofísica, se procedió a realizar las excavaciones de prueba, en un total de ocho unidades de excavación. Cada unidad midió metro y medio por metro y medio. La profundidad excavada varió, en algunas unidades fue de un metro y medio de profundidad, en otras unidades mucho menos, es variable de acuerdo a la profundidad de los estratos arqueológicos.
Las excavaciones todavía son de prueba. Mas adelante esperamos realizar excavaciones en área a partir del estudio de todo lo hallado y recuperado.
¿Y qué encontraron?
El radar de penetración y las excavaciones confirmaron la presencia de restos de muros de piedra, rectos y construidos empleando mortero de barro. Estos forman un conjunto arquitectónico integrado por especies de grandes patios, además de recintos que, en algunos casos, se disponen a modo de pequeñas celdas cuadradas hacia los perímetros de los patios.
Al realizar las excavaciones comprobamos que el piso original de varias de estas construcciones no estaba a un nivel tan superficial, sino a cierta profundidad, a más de metro y medio. Entonces, lo que hoy vemos en la superficie del terreno no son necesariamente bases, sino son restos de muros sepultados cuyas alturas son, como dije, de hasta un metro y medio de altura, por lo menos, en algunos casos, pero sucede que están enterrados por grandes volúmenes de tierra. Por lo tanto, es claro que casi todas las construcciones del sector Julcatambo Grande están enterradas.
¿Cuál fue el análisis frente a este hallazgo?
De acuerdo a las características de estos muros, de la arquitectura y la forma de los recintos, descartamos un diseño de la arquitectura inca, hecho que llama la atención, pues Julcatambo Grande está adyacente al camino inca o Qhapaq Ñan. Tampoco tiene características de una arquitectura de la época colonial. Haciendo un estudio comparativo con los planos de otros complejos arqueológicos estudiados en nuestro país, podemos adelantar que con lo que tiene más semejanza Julcatambo Grande en cuanto a las características de su arquitectura, es más bien con conjuntos de la época Wari.
¿Un complejo Wari enterrado?
¿De la cultura preinca Wari cuyo centro fue Ayacucho?
Sí. La hipótesis que justamente comenzamos a desarrollar con el Dr. Bruce Owen fue que probablemente este complejo arqueológico, que está enterrado, corresponde a Wari, en los tiempos del periodo Horizonte Medio.
¿Y qué más hallaron?
Al hacer las excavaciones, es bien curioso, no hemos encontrado casi nada de material arqueológico. Hemos hallado muy pocos restos en el interior de estas construcciones. Los espacios estaban prácticamente casi limpios. No tenían mayor resto de actividad humana antigua. Hallamos muy pocos restos de carbón, muy pocos restos de huesos de camélidos de especie aún no identificada. No obstante, es lógico hallar restos de camélidos porque el sitio está a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
También hemos encontrado muy poquísimos fragmentos de cerámica, y los pocos fragmentos de cerámica no son diagnósticos en su mayoría. Al respecto, hay que precisar que un fragmento diagnóstico es un fragmento que puede brindarnos información sobre la forma, el estilo de la vasija, el uso que tenía, entre otras cosas.
Entonces, son muy pocos fragmentos diagnósticos que tienen algún indicio de decoración, por lo que nos resulta un poco problemático identificar a qué estilo de cerámica podrían pertenecer. Pero no son incas, definitivamente.
En una unidad de excavación un poco extraña, encontramos un fragmento vidriado; es decir, es un fragmento de cerámica de una vasija que, en su superficie, en lugar de pintura, tiene como una especie de resina, que cuando se lleva al horno, adquiere un aspecto parecido al del vidrio. Este fragmento podría ser colonial, o incluso republicano, pero definitivamente es posterior a la ocupación original del sitio. Hoy el vidriado es una técnica que incluso los alfareros de Aco manejan, que ya no es prehispánica, sino son posterior. Dicho fragmento salió de un lugar donde hubo como una alteración, muy posterior, porque está encima de los estratos más antiguos.
Ahora bien, todo lo que está debajo, más al fondo, no tiene cerámica o la tiene un muy poca cantidad.
Otro hallazgo en una proporción bastante llamativa es el de restos de obsidiana.
¿Obsidiana?
Sí, es una roca que tiene origen volcánico, que parece vidrio, con mucha demanda en ciertas épocas en la historia antigua del Perú, porque con ella se hacían herramientas para cortar muy fino. Los antiguos Paracas utilizaban la obsidiana para las famosas trepanaciones craneanas. Sus cuchillos pequeños a modo de bisturí fueron hechos de obsidiana, que permiten cortes quirúrgicos muy finos.
Hemos encontrado una punta de proyectil de obsidiana. Es una especie de punta que debió estar amarrada quizás a un mango. Tal vez haya sido empleada para algún tipo de actividad de caza, pero no estamos muy seguros del uso que haya tenido.
Otro llamativo hallazgo corresponde a una cantidad de lascas o fragmentos de obsidiana. ¿Y qué es una lasca? Una lasca es como la astilla que se desprende cuando un tallador está tallando, valga la redundancia, un núcleo o trozo más grande, al momento de elaborar una herramienta. Entonces va golpeando y va arrancando trocitos como pequeñas astillas, como esquirlas. Entonces esas piezas se llaman lascas. El hallazgo de varias lascas quiere decir que probablemente en este sitio han estado tallando o elaborando estas herramientas de obsidiana.
Aquí en el valle del Mantaro, en las investigaciones arqueológicas casi no se han encontrado ese tipo de restos. Es en la época Wari donde hubo muchísimo intercambio comercial con obsidiana, un material con bastante demanda. Y hasta el momento se han documentado pocas canteras de obsidiana a nivel del antiguo Perú.
Otro material recuperado corresponde a los restos de sedimentos que podrían contener indicios de semillas y otros especímenes arqueológicos diminutos, recuperados por la técnica de flotación. Durante las excavaciones se tomaron muestras de tierra sometidas a la flotación, siguiendo un procedimiento diseñado por la Dra. Christine Hastorf. De este modo, se disuelve una muestra de sedimento con el empleo de agua, de modo que las partículas más pequeñas van saliendo, van flotando, y las más pesadas se van hundiendo, para después recolectar todo con mallas de distinto tamaño con las que se van separando, digamos, las muestras o fracciones.
Este tipo de técnica permite recuperar restos de semillas, de plantas empleadas o consumidas, o trozos de madera pequeñísimos que solo con lente de aumento o microscopio pueden verse. Así, por ejemplo, podemos identificar trozos que tal vez al ojo, así no más, no se ven, y que nos permitirían saber, de pronto, qué árboles también pudieron haber estado utilizando, etc. etc.
No hemos encontrado ningún entierro, ninguna tumba. No hay restos humanos recuperados durante nuestros trabajos.
¿Qué sigue ahora?
El proyecto de investigación continúa, ahora estamos en la etapa de gabinete: estudio de todo lo hallado. Estamos contactando especialistas para el estudio de los distintos materiales recuperados como, por ejemplo, huesos de animales. En ese caso, dicho estudio nos permitirá saber aspectos como la especie, edad del animal al momento de su sacrificio, entre otros.
El Ministerio de Cultura nos dio la autorización para exportar a los Estados Unidos una cantidad de muestra de todo lo hallado para los análisis especializados, como es el caso de fechados mediante carbono-14 y otras técnicas modernas como hidratación de obsidiana. Eso va a ser muy determinante para confirmar o descartar nuestras hipótesis. Aquí, en Perú, lamentablemente no contamos con laboratorios que lleven a cabo estos tipos de análisis especializados.
¿Qué está enterrado en Julcatambo?
¿Y cuál es la hipótesis general que se maneja? ¿Qué está enterrado a 4 mil metros sobre el nivel del mar?
Lo que se piensa, como hipótesis, es que estamos frente a un sitio planificado que probablemente sería Wari. Una especie de un pequeño centro administrativo o algún tipo de instalación especial. Cuando uno observa y analiza el plano de las construcciones, se nota claramente un tipo de planificación similar a la que se aplicó en las edificaciones dirigidas por funcionarios del Estado Wari en otras regiones.
De este modo, Julcatambo Grande sería un mediano centro administrativo que habría sido levantado en esta zona, en dicha época del periodo Horizonte Medio.
¿Y por qué los Wari habrían levantado un centro administrativo en las alturas de Jauja?
Una posible hipótesis para responder a esa pregunta tiene que ver, quizás, con el camino arqueológico que pasa por allí. Si logramos demostrar que Julcatambo Grande es un sitio de la época Wari, esto podría abrir otra hipótesis: que el camino Inca o Qhapaq Ñan que pasa por allí, en realidad, tal vez, no fue construido originalmente en la época Inca, sino que quizás habría sido construido varios siglos antes, por los Wari.
Entonces, hablaríamos de un camino mucho más antiguo que luego fue reutilizado y mejorado por los incas, pero sobre una ruta mucho más antigua que ya existía unos siete siglos antes del Tahuantinsuyu, por lo menos. Y es que, como se viene sabiendo, el Qhapaq Ñan no fue necesariamente una obra original de los incas, sino que se hizo mejorando caminos preexistentes, abiertos posiblemente también por los Wari.
Quizá Julcatambo Grande se edificó por los Wari para administrar el territorio del valle de Cochas, así como para controlar y abastecer a los flujos de viajeros que transitaban entre el valle del Mantaro y la costa central peruana. Ello también explicaría la razón por la que los gobernantes del Tahuantinsuyu optaron por construir allí, mucho después, el sitio inca en Julcatambo Chico, a 600 metros al suroeste de Julcatambo Grande.
En suma, están cerca ambos componentes, los dos sectores de este gran conjunto arqueológico que es Julcatambo. Eso es lo que estamos manejando por el momento como parte de nuestras hipótesis.
¿De cuántos años de antigüedad estamos hablando?
Si Julcatambo Grande no es Inca y si, entonces, corresponde a la sociedad preinca Wari, cuya expansión ocurrió entre los años año 600 y 800 después de Cristo, principalmente, estamos hablando de 1400 a 1200 años de antigüedad, aproximadamente. Es una longevidad notable. Y ¿por qué ha quedado enterrado este centro administrativo? Por el paso del tiempo, son más de mil años, aunque requerimos realizar más investigaciones para responder mejor a esta pregunta.
¿Hay otro centro arqueológico con esta antigüedad en la región? ¿O mayor?
Aunque en realidad hay muchos vacíos todavía en nuestro conocimiento, podríamos afirmar que un sitio de esa época fue Warivilca, puesto que los especialistas consideran que debió tener su máximo momento de apogeo con los Wari, entre los años 600 y 800 después de Cristo.
Por lo dicho, normalmente los investigadores consideran que Warivilca fue el principal centro administrativo Wari de toda la región central, ¿no?, y obviamente de todo el valle del Mantaro. Debió ser un gran centro administrativo, definitivamente mucho más grande que Julcatambo Grande, y, si Julcatambo Grande es Wari, entonces podríamos presumir que debió estar subordinado a los máximos representantes del Estado Wari establecidos en Warivilca.
Dimensión real de la excavación
¿Cuánto es el área excavada?
No más de 20 metros cuadrados, de una extensión total de más de 5 hectáreas que tiene Julcatambo Grande. Por lo tanto, nuestro muestreo todavía es muy pequeñito. Pero en esos 20 metros cuadrados hemos hallado todo lo mencionado. Son ocho unidades de excavación como dije, donde cada unidad de excavación tiene un metro y medio por un metro y medio de lado. Es muy poco, bueno, obviamente, porque tampoco es que hayamos tenido mucho presupuesto.
¿Y con qué presupuesto están trabajando?
Especialmente el presupuesto lo ha gestionado el doctor Bruce Owen, con el respaldo del equipo ligado al Archaeological Research Facility de la Universidad de California en Berkeley. Como sabemos, en los países como Estados Unidos o Europa hay una importante inversión para la arqueología. Aquí en Perú, no hay apoyo a la ciencia en general, tanto en el sector público como privado. Bueno, es terrible.
Felizmente ya contamos con la autorización para exportar las muestras y el doctor Owen -quien llega pronto para los trabajos de gabinete- trasladará las muestras a los Estados Unidos. ¿Para cuándo tendremos más luces de este hallazgo? Estimo que para mayo del año 2026.
Ya para despedirnos, preguntamos a Manuel Perales, si desea algo más qué decir…
Sí, a nombre mío y del Dr. Bruce Owen, agradezco al equipo de investigación de Estados Unidos, en especial a la Dra. Christine Hastorf, así como al Proyecto Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura, por el respaldo pleno a esta investigación. También agradecemos a la SAIS Túpac Amaru, y al personal de la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas del SERNANP, al igual que a nuestros excelentes asistentes de la localidad de Canchayllo, al Centro de Estudios ‘Julio Espejo Núñez’ de Jauja y a todas las personas que nos vienen apoyando en este esfuerzo por hurgar en las raíces de nuestra historia milenaria y maravillosa. Jauja y la región cuentan con un vasto y rico patrimonio arqueológico que aún tiene mucho que revelarnos y, por lo mismo, es urgente protegerlo.

