Ronaldo Barra Leiva (22) fue impactado en el estómago por una bala a una cuadra antes de llegar al cuarto donde se encontraba su pareja con su bebita de ocho meses de nacida; cerca del puente Pichanaqui, aquel aciago viernes 16 de diciembre, día en que los ciudadnos intentaron bloquear la carretera Marginal en las protestas por un adelanto de elecciones; pero fueron violentamente reprimidos por el Ejército y la Policía.
Cinco meses antes, en julio de 2022, el joven Ronaldo tuvo que dejar la base militar Villa María, a unos 10 minutos de Pangoa, en el Valle de los Ríos Apurimac, Ene y el Mantaro (Vraem) en la cual se había enrolado, porque luego de cumplir su servicio militar quería “reengancharse” en la Policía. Por un tumor en la pierna, que no le permitía hacer los ejercicios, le dieron de baja.
De regreso en casa de sus padres, en el centro poblado Ciudad Satélite, en el distrito de Perené, cercano al puente Pichanaqui, se dedicó a varios trabajos temporales, entre ellos lavar kion en los depósitos del barrio Santa Rosa, o a atender en la ferretería Molina.

Jazmín, la hermana mayor de Ronaldo, recuerda que ese viernes, después del almuerzo, ella quiso acompañar a su hermano a salir de casa. “¡No! Quédate, me dijo”, recuerda. Ronaldo había recibido la llamada de su pareja que se encontraba en otro lugar con la bebé de ambos.
Dos horas después, alrededor de las 4 de la tarde, Jazmín recibió la noticia de que su hermano había sido herido de bala a la altura del estómago. Fue trasladado al centro de salud y de allí al hospital de apoyo de esta ciudad. A las pocas horas, ya de noche, un médico le comunicó que había fallecido.
Ahora, los restos de Ronaldo descansan en el cementerio de Pichanaqui. Su madre, Zonia Leiva Quinchoquer, una yanesha de la comunidad de San Pablo Shimashiro, pide justicia. Hace cinco años ya perdió a Rubén, otro de sus hijos, afectado por leucemia.
Ronaldo Barra Leiva fue la tercera víctima de las manifestaciones, reportada oficialmente por la Dirección Regional de Salud de Junín. Deja una bebé de ocho meses. [Puede enviar ayudas al número 933 227 575]

El adolescente vendedor de caldo de gallina
El adolescente Jhonatan W.T.C., de 17 años, fue la primera víctima de aquel viernes. Una bala le impactó a la altura del abdomen, cuando alrededor de la una de la madrugada observaba las manifestaciones y la acción de las fuerzas armadas y la policía por desbloquear el puente Pichanaqui.
En la brostería que sus padres han abierto por la pandemia, en la calle Los Postes, en el centro poblado Santa Rosa, en Perené, Jhonatan preparaba y vendía caldo de gallina. “Era muy concurrida”, dicen sus vecinos. Van 19 días del deceso del muchacho; los mismos que el local permanece cerrado.

Allí está la cocina y las ollas que usaba para su negocio. Su padre Óscar Gonzáles Huamán no tiene las fuerzas para reiniciar el negocio.
Evangélico como sus padres, el joven contemplaba entre sus opciones convertirse en chef.
“Pido justicia para mi hijo. No puede quedar así nomás. Él terminó su secundaria; pensábamos que vaya al instituto o la universidad”, dice su abuela María Luis Claudio Ramos.
En la tumba de su nieto, en el camposanto del centro poblado Sangani, ella responsabiliza de la muerte del joven a la presidenta Dina Boluarte, quien el 14 de diciembre decretó el estado de emergencia nacional por 30 días y autorizó el ingreso de las Fuerzas Armadas al control de las manifestaciones que, entre otras demandas, exigen su renuncia y el adelanto de elecciones para este 2023.
El agricultor de plátano y café
A las tres de la tarde del mismo viernes, Susan Galindo Vizcarra se enteró que su hermano Diego había sido herido al frente de su casa, ubicada en la carretera Marginal, a dos cuadras del puente que se intentaba desbloquear.
Testigos le contaron a Susan que Diego estaba sentado en una vereda al frente de su vivienda, en el frontis del local de la empresa de transportes Miricharo, que hace servicio hacia localidades como Alto Pichanaqui o Palcazú. En un momento en que calmaron las balaceras se levantó a observar el puente, dio uno pasos y fue impactado por los disparos. En ningún momento participó de las movilizaciones.

“Tenía dos balas, uno en el brazo y otro debajo de la tetilla en el lado izquierdo, que traspasó malogrando los pulmones. Prácticamente mi hermano murió a la media hora de que le dispararon. Lo llevaron al [centro de salud de Ciudad Satélite], de allí por el río Perené en ‘chata’ [bote]. Al hospital llegó sin vida”, recuerda Susan.
Dado que el puente era intransitable, el personal médico usó el río para trasladar a Diego, gravemente herido.
“Por lo que he leído la necropsia, fue un disparo directo, de un francotirador, a matar le han disparado”, dice Susan.
Diego se dedicaba a la agricultura, sembraba plátano y otros cultivos. En la ciudad hacía taxi con su mototaxi. 45 años. Soltero. Por ahora nadie ve la chacra.
Lo restos de Diego también descansan en el cementerio de Sangani.

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[PD. Hasta el cierre de esta nota, los familiares de las víctimas aun no fueron contactadas por el Ministerio de Justicia, cuyo titular, José Andrés Tello Alfaro, anunció a fines de diciembre reparaciones para los familiares de las víctimas de las protestas con la presidente Dina Boluarte.
El Ministerio de Salud confirmó 27 fallecidos en las manifestaciones de diciembre].
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[Edición fotográfica: Giancarlo Granza]