“El problema no es el sismo, sino lo que hemos construido sobre ese suelo”: Hernando Tavera, jefe del IGP

El Instituto Geofísico del Perú realizará un estudio complementario de los suelos en las zonas afectadas por el sismo del 18 de julio y sus resultados determinarán si corresponde reconstruir en las áreas afectadas o buscar terrenos más adecuados.
Jefe del IGP, Hernando Tavera: Los sismos demuestran que la Tierra está viva y en evolución.
Percy Salomé
Percy Salomé
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El Instituto Geofísico del Perú (IGP) realizará un estudio detallado de los suelos en al menos cinco áreas urbanas afectadas por el sismo del 18 de julio y sus réplicas en Chupaca y Huancayo, y los resultados servirán para definir dónde y bajo qué condiciones puede ejecutarse la reconstrucción.

El jefe IGP, Hernando Tavera, llegó a Huancayo y explicó que la decisión parte de un hallazgo en la evaluación preliminar: viviendas similares presentaron daños muy diferentes incluso a distancias cortas entre ellas, de unos cien metros.

“Lo que hemos observado es eso”, señaló Tavera a Huanca York Times al explicar que las primeras mediciones encontraron diferencias importantes en las características del suelo entre sectores cercanos.

El estudio complementario permitirá ampliar esas mediciones mediante una malla de puntos para determinar con mayor precisión cómo responde el subsuelo y dónde existen condiciones más favorables para reconstruir, detalló el experto en… 

Un estudio que puede definir el reasentamiento

Tavera explicó que un eventual reasentamiento no puede decidirse únicamente a partir de los daños observados y debe sustentarse en información científica sobre las condiciones del terreno. “Si el suelo es malo, realmente no valdría la pena construir”, afirmó el investigador, aunque precisó que existen técnicas para edificar sobre terrenos desfavorables, pero con una inversión considerablemente mayor.

El trabajo de campo demandará entre 15 y 21 días y el estudio completo tomará alrededor de tres meses, incluido el procesamiento e interpretación de los datos. 

Tavera dijo que el IGP tiene experiencia en este tipo de investigaciones, pues ya ha realizado alrededor de 80 estudios de suelo en diferentes zonas del país.

El suelo marcó la diferencia en los daños

Tavera explicó que el tipo de suelo puede amplificar o reducir el movimiento sísmico y que en las zonas evaluadas también se identificaron evidencias de agua subterránea y condiciones que pueden favorecer procesos de licuación.

En algunos sectores los suelos son compactos y el movimiento fue menor, mientras que en otros la respuesta del terreno fue más intensa y coincidió con mayores daños en las viviendas, en algunos casos incluso en las de material noble.

El investigador resumió esta relación con una frase que ahora cobra especial relevancia para la reconstrucción: “El problema no es el sismo, sino lo que hemos construido sobre ese suelo”.

El sismo ocurrió cerca de la superficie

El movimiento del 18 de julio tuvo una profundidad de 9,5 kilómetros y se produjo cerca de las áreas urbanas afectadas, una combinación que elevó la intensidad del sacudimiento en superficie, en especial el poblado de Pumpumya, en Chongos Bajo, donde la mayoría de casas de adobe terminaron dañadas. 

Tavera detalló que en las zonas próximas al epicentro se registraron aceleraciones del suelo de aproximadamente 75 centímetros por segundo al cuadrado, suficientes para generar graves daños en viviendas vulnerables.

La profundidad explica también la diferencia con otros sismos recientes registrados en el país, como el de Ayacucho el último viernes, que ocurrió a unos 108 kilómetros de profundidad, bastante alejado de las zonas urbanas. Por esa razón, el movimiento produjo un sacudimiento menor en superficie pese a su magnitud de 7.2 y generó daños distintos a los observados en Junín: solo tres personas con lesiones leves y afectaciones menores a las construcciones.

Altos del Mantaro ya estaba mapeada

Tavera precisó que la falla Altos del Mantaro ya figuraba en los mapas geodinámicos, por lo que el hallazgo no consiste en el descubrimiento de una nueva falla. Lo que no se conocía era evidencia de que esta estructura estuviera generando actividad sísmica, lo que sucedió el 18 de julio de 2026.

Los registros obtenidos después del sismo permitieron conocer mejor su geometría y estimar que tiene una longitud cercana a 30 kilómetros y una profundidad del orden de 15 kilómetros.

Tavera consideró que su extensión no implica por sí misma la posibilidad de un sismo de mayor magnitud y señaló que el principal factor que incrementó el daño del evento del 18 de julio fue su cercanía a la superficie y a las zonas urbanas.

Perú mantiene su actividad sísmica habitual

En otro momento, Tavera señaló que el IGP ha registrado cerca de 570 sismos desde enero, cerca del promedio de 800 eventos sísmicos.

Para el experto, la cifra no representa una actividad sísmica extraordinaria porque forma parte del comportamiento habitual de un país ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico. 

Los movimientos registrados en Perú, Chile y Colombia tampoco necesariamente están conectados entre sí, aunque los tres países comparten la interacción de la placa de Nazca con la placa Sudamericana.

Tavera ratificó que un gran sismo puede ocurrir en cualquier momento en el territorio peruano, pero no existe una fecha que pueda establecerse científicamente. “Puede ser mañana, de acá a 10 años, 50 años, 100 años”, afirmó.

Por ello, el investigador insistió en que la preparación debe comenzar ya y que la información científica debe ser la base para decisiones de planificación territorial, construcción segura y reducción del riesgo.

En Junín, el primer paso será conocer con mayor precisión qué suelo sostiene actualmente a las zonas afectadas y qué condiciones ofrece para reconstruirlas.