violencia contra las mujeres - lily ku - caso la bella luz

La violencia contra las mujeres: entre la desaparición y la hipocresía

28 agosto, 2026

Un importante logro en materia de igualdad de género es que los gobiernos implementen políticas públicas para reducir o eliminar la violencia contra las mujeres. No obstante, la experiencia demuestra que estas medidas no sirven de mucho si es que no van acompañadas de reformas educativas, las cuales deben ayudar a combatir la cultura machista fuertemente instalada en nuestra sociedad.

En efecto, si solo se sanciona y no se previene este tipo de violencia, se corre el riesgo de que sobre este tema se cree una especie de norma social que nos obligue a “parecer” contrarios a ciertas prácticas que conllevan el abuso y el trato desigual de las mujeres, aunque en casa la realidad sea otra.

Esto es algo que viene pasando en el Perú, donde las fuerzas políticas conservadoras desde el Congreso de la República, lograron suprimir a finales de 2025 el enfoque de género y la educación sexual a través de la eliminación de los Lineamientos de Educación Sexual Integral en la Educación Básica Regular1. Siendo así, ¿cómo se espera que las niñas y niños se eduquen en la igualdad, y dejemos de ser una sociedad machista?

Las políticas contra la violencia de género que desatienden el aspecto educativo, no logran brindar solución al problema de fondo que son los estereotipos de género. Por eso, en algún punto —que es en el que parece que estamos— las personas se mostrarán opositoras a dicha violencia, aunque en sus entornos privados siga siendo normal que las mujeres sean consideradas seres inferiores u objetos sexuales. Esto quiere decir que, en parte, el rechazo a este tipo de violencia responde no a razones de principio, sino al temor al qué dirán y a los efectos de la exposición pública.

Esta forma de hipocresía, que es un efecto (deseable) de la difusión de ciertos actos, no elimina las verdaderas creencias de las personas pero sí las obliga a esconderlas2.

Las fuerzas políticas conservadoras desde el Congreso lograron suprimir el enfoque de género y la educación sexual a través de la eliminación de los Lineamientos de Educación Sexual Integral en la Educación Básica Regular.

También hay juicios que conjugan tanto la desaprobación de la violencia machista como de las conductas de las mujeres que se consideran la causa de dicha violencia, por lo que estos no dejan de ser expresiones que refuerzan el machismo. Frases como: “es que ella llevaba la falda muy corta”, “era muy tarde para estar en la calle”, “pero ella se reía mientras la tocaban”, dan cuenta de una cultura que constantemente refuerza la idea de que todos los hombres llevan por dentro un violador, y que depende de nosotras, las mujeres, evitar que estos monstruos despierten y se exterioricen. Una responsabilidad más atribuida a las mujeres.

Luego está la hipocresía de los medios de comunicación que abordan los casos de violencia de género con poco cuidado y de manera morbosa. Por ejemplo, en el caso de la denuncia pública de Naldy Saldaña, integrante de la orquesta La Bella Luz, por hostigamiento y acoso sexual contra otro de los integrantes que ostentaba un cargo superior, vemos cómo el video que es prueba fundamental de la violencia sexual que padecía la víctima se difunde de forma continua en distintos medios y plataformas sin reparar en el mayor daño emocional que esto puede generar en la denunciante. 

En el mismo ejemplo también se puede apreciar la hipocresía del dueño de la orquesta que, solo cuando dicho video se hizo público, decidió salir en los medios de comunicación para pedirle perdón a la víctima por no haber tomado medidas protectoras a su favor de manera oportuna. Pero, ¿si ese video nunca se hubiese difundido, y no le estuviese generando pérdidas económicas a este empresario, hubiese actuado igual? Los hechos muestran que no. En general, en este tipo de denuncias en las que no siempre las víctimas cuentan con una prueba fehaciente del acoso al que están siendo sometidas, a las mujeres se les suele señalar como “mentirosas”, “exageradas”, “locas”, por lo que estas terminan desistiéndose y callando.

Este descrédito anticipado que sufren las mujeres que son víctimas de la violencia machista busca su silenciamiento y desaparición. Rebecca Solnit explica esto de la siguiente manera: “En su aspecto más brutalmente convencional, la feminidad es un acto de desaparición constante, una eliminación y un silenciamiento para dejar más espacio a los hombres, un espacio donde nuestra existencia se considera hostil y nuestra inexistencia, una forma de gentil sumisión”3.

Como dicha autora cuenta desde su propia experiencia, las mujeres nos hacemos expertas en evaporarnos, deslizarnos y escabullirnos, en retroceder y zafarnos de situaciones difíciles, en esquivar abrazos, besos y manos indeseables, en ocupar cada vez menos espacio, en desligarnos poco a poco o en desaparecer de golpe, porque existir es muy peligroso. Así, bajamos la vista, callamos, evitamos el contacto visual, nos esforzamos por mostrarnos distraídas, discretas e insignificantes, invisibles e inaudibles4, casi siempre para evitar la escalada de la violencia que —según la cultura machista— nosotras provocamos, incluso en sociedades con políticas que dicen que nos protegen.

La violencia de género no es un problema aislado, de cierta clase de gente o de gente de cierta edad; está en nuestras familias, pasando de generación en generación. Es verdad que hemos avanzado en muchas cosas en comparación con el mundo de hace cuatro décadas, pero no es suficiente con que existan políticas que solo nos lleven a esconder nuestro machismo; hace falta que cambiemos desde nuestros entornos más privados. Necesitamos seguir haciendo esfuerzos para que la suma de estas luchas internas nos den la satisfacción de atestiguar cambios sustantivos… cambios que les permitan a las mujeres existir y caminar por el mundo un poco más libres.


1 En el marco de la sexta disposición complementaria final de la ley 32535 (24/12/2025), el Ministerio de Educación aprobó la resolución viceministerial 085-2026-MINEDU, publicada el 15 de mayo de 2026, la cual deroga los “Lineamientos de Educación Sexual Integral para la Educación Básica” (ESI), vigentes desde el 2021, y aprueba un nuevo marco denominado “Lineamientos para la Educación Sexual con base científica, biológica y ética”, que deberá aplicarse en colegios públicos y privados de educación básica. Asimismo, la ley 32535 ordena que el Currículo Nacional de Educación Básica y los currículos regionales eliminen toda referencia a la ESI. Entre los principales cambios de este nuevo marco normativo está la eliminación de las dimensiones política, legal, histórica y cultural de la sexualidad. Para mayor detalle revisar la siguiente nota.

2 Jon Elster, La deliberación y los procesos de creación constitucional. Libro “La democracia deliberativa”, Jon Elster (compilador), Editorial Gedisa, Barcelona, reimpresión, 2013, p. 146.

3 Rebecca Solnit, “Recuerdos de mi inexistencia”, Editorial Lumen, 2021, p. 104.

4 Ibidem, p. 74-75.

Lily Ku Yanasupo

Lily Ku Yanasupo

Doctora en Derecho por la PUCP. Docente universitaria.

Don't Miss