El adolescente de 17 años reconoció haber ahorcado con las dos manos a Julieta Candy Javier Arias, de 18 años, en Miluchaca, distrito de Sapallanga. En su declaración ante la Policía contó que actuó por miedo después de que la joven le advirtiera que lo iba a denunciar. El caso es investigado como presunto feminicidio.
El menor declaró el sábado 19 de setiembre en el Área de Investigación Criminal (Areincri) de Huancayo, en El Tambo. Un día antes había sido detenido luego de que las cámaras de seguridad de la planta de chifles y el testimonio de una testigo permitieran identificarlo.
Según su versión, conoció a Julieta unas dos semanas antes por medio de una amiga. Se encontraron en dos ocasiones para tomar licor y la noche del 17 de setiembre volvieron a coincidir durante la fiesta de Miluchaca. Esa noche bebieron licor de caña y cerveza junto a otras dos personas.
Después de acompañar a una amiga hasta su casa, regresó a la plaza entre las 10:30 y 11 de la noche. Allí encontró a Julieta junto a dos hombres. Fue entonces cuando, según su relato, ella le pidió que la acompañara hasta su casa.
La amenaza de una denuncia

Ambos caminaron por un pasaje ubicado detrás de la plaza, cerca de la iglesia, y llegaron a un descampado con poca iluminación. Luego continuaron hasta una zanja tipo canaleta.
En ese lugar, según declaró el adolescente, mantuvieron relaciones sexuales, pero no llegaron a terminar. Fue entonces cuando Julieta le habría dicho que lo iba a denunciar.
El menor contó que le reclamó: “¿Por qué tenías que hacer eso, si tú sabes bien que tengo mis hermanitas, mi mamá está enferma?”. Según su versión, Julieta respondió: “No me interesa”.
Después vino la agresión.
“Después la ahorqué por miedo y temor a que me denunciara”, declaró el adolescente.
Contó que la sujetó del cuello con ambas manos. En ese momento, Julieta dejó de hablar y solo alcanzaba a agarrarle las manos. Él sostuvo que no se dio cuenta de que había muerto.
La vio desvanecida y se retiró del lugar rumbo a su casa.

El celular que escondió
Antes de irse, el adolescente tomó el celular de Julieta. Ya en su casa, según contó, se quedó con el equipo. Al día siguiente, cuando despertó, lo escondió en un callejón por miedo.
El teléfono fue posteriormente entregado a la Policía. El menor acudió con los detectives, el fiscal y su abogado para indicar dónde lo había dejado.
Los investigadores también le preguntaron por la ropa que llevaba la noche del crimen. Cuando llegaron a su vivienda, estaba mojada y había sido lavada. El adolescente explicó que la había lavado porque estaba sucia.
Las lesiones encontradas en su examen médico legal también fueron parte del interrogatorio. Las atribuyó a su trabajo, a la práctica de fútbol y a una antigua herida en un dedo. En su declaración no reconoció haber recibido lesiones durante un forcejeo con Julieta.
“Me di cuenta de lo que había hecho”
El adolescente sostuvo que después de dejar a Julieta se fue directamente a su casa. Recién a las 9 de la mañana del 18 de setiembre, según contó, un familiar le mostró desde su celular una transmisión en vivo sobre el hallazgo del cuerpo.
Fue entonces cuando comprendió lo que había ocurrido.
Julieta Javier Arias fue encontrada muerta y semidesnuda la mañana del 18 de setiembre en un canal de riego de Miluchaca, detrás de la iglesia. La necropsia estableció que la joven sufrió violencia sexual y murió por estrangulamiento.
El adolescente ya fue internado en el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación de El Tambo por 50 días, mientras el Poder Judicial define su situación antes de la sentencia.

