angel pedro valerio - care - huanca york times

El Niño y los incendios forestales: el riesgo que enfrenta la Amazonía peruana

Frente al cambio climático, la prevención debe comenzar desde el territorio. Una estrategia de la CARE (PAAMARI) apuesta por el manejo integral del fuego y el fortalecimiento de las comunidades indígenas.

Cuando pensamos en el fenómeno de El Niño, solemos imaginar lluvias intensas e inundaciones. Pero pocas veces pensamos en el otro extremo: la sequía y las altas temperaturas que puede afectar a la Amazonía. El Niño no provoca incendios directamente, pero puede modificar drásticamente las condiciones climáticas y generar períodos más secos y cálidos, haciendo que los bosques amazónicos y las comunidades sean mucho más vulnerables a los incendios forestales.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), a través de su Centro de Predicciones Climáticas, informó el 10 de setiembre de 2026 que El Niño se está fortaleciendo y existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante los próximos meses. Además, para el periodo de octubre a diciembre de 2026, el organismo estima un 75 % de probabilidad de que se produzca un evento histórico, con una intensidad superior a la de los eventos registrados desde 1950. Este escenario refuerza la necesidad de no limitarnos a responder a los incendios cuando ocurren, sino de fortalecer la prevención y la preparación desde los territorios.

Las comunidades indígenas no solo deben ser consideradas como población afectada por los incendios forestales, sino también como protagonistas de la prevención y gestión del fuego desde sus territorios”.

Esta preocupación no es hipotética. Durante los fenómenos de El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, las condiciones de sequía favorecieron incendios de gran magnitud en diferentes zonas de la Amazonía. En el Perú, entre el 2015 y 2024 se registraron, en promedio, cerca de 66 mil hectáreas quemadas cada año. Solo en 2024 se registraron alrededor de 239 mil hectáreas afectadas, la cifra más alta de la última década, y los incendios cobraron vidas humanas. El impacto del fuego no termina cuando se apagan las llamas, incluso incendios de baja intensidad pueden alterar la vegetación, dificultar la regeneración del bosque, dejando los ecosistemas más vulnerables frente a futuras sequías e incendios.

PUEDES LEER: Facultades legislativas: invertir y modernizar sin retroceder en protección ambiental

El riesgo no depende únicamente del clima. En la Amazonía, las condiciones climáticas, el cambio de uso del suelo y las prácticas culturales y productivas vinculadas al uso del fuego, pueden combinarse y aumentar la vulnerabilidad de los bosques. Por eso, enfrentar los incendios exige mirar más allá de la emergencia y fortalecer la prevención, reconociendo que el fuego también forma parte de la vida de los pueblos indígenas. El desafío es promover un uso seguro y controlado del fuego, en lugar de abordarlo únicamente como una amenaza, para evitar que termine convirtiéndose en un incendio forestal.

Manejo integral del fuego

Desde la cuenca del río Ene, a través de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), hemos asumido este desafío a través de PAAMARI, nuestra estratega de Manejo Integral del Fuego. PAAMARI significa “fuego” en asháninka. Trabajamos con las 45 comunidades nativas afiliadas a nuestra organización indígena. Su punto de partida es sencillo, pero fundamental: las comunidades indígenas no solo deben ser consideradas como población afectada por los incendios forestales, sino también como protagonistas de la prevención y gestión del fuego desde sus territorios.

El Manejo Integral del Fuego (MIF) propone precisamente ese cambio de mirada. No se trata de satanizar el fuego ni de responder únicamente desde la emergencia o la sanción, sino de articular tres dimensiones: cultura, ecología y manejo del fuego. En PAAMARI llevamos esta mirada a la práctica combinando conocimientos ancestrales, ciencia y nuevas tecnologías para anticipar y responder al riesgo. Esto implica fortalecer capacidades comunitarias para reconocer las condiciones del peligro, realizar acciones de primera respuesta y contribuir también a la restauración de territorio afectado.

PAAMARI no pretende reemplazar la labor de los bomberos ni de las instituciones responsables de la respuesta ante emergencias. Su propuesta es articular la ciencia, la tecnología y los conocimientos ancestrales de las comunidades asháninkas. La información meteorológica, el monitoreo y las alertas permiten anticipar las condiciones de riesgo, mientras que los conocimientos indígenas aportan una comprensión del territorio, sus ecosistemas y las prácticas culturales vinculadas al fuego. No se trata de escoger entre ambos conocimientos, sino de conectarlos para tomar mejores decisiones antes de que ocurra una emergencia.

Actualmente, nuestra organización CARE tiene un convenio con el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) y cuenta con una estación meteorológica en la comunidad nativa de Potsoteni. También contamos con el acompañamiento de instituciones y organizaciones vinculadas a la gestión del fuego, entre ellas, el Ministerio del Ambiente, la Intendencia Nacional de Bomberos del Perú, INDECI, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA). La reciente creación de un grupo sectorial de Manejo Integral del Fuego en el MINAM, gracias a la labor de incidencia de nuestra organización y aliados, puede contribuir a fortalecer esta articulación y a incorporar el enfoque MIF en una Estrategia Nacional.

Prevenir los incendios requiere llegar antes de la emergencia y tomar decisiones desde los territorios”.

La experiencia de PAAMARI también plantea una pregunta que va más allá de la cuenca del rio Ene: ¿qué alternativas le estamos ofreciendo a las comunidades indígenas cuando el uso del fuego forma parte de sus prácticas agrícolas y culturales?, si queremos reducir los incendios forestales debemos generar capacidades, conocimientos y alternativas que permitan manejar el fuego de manera segura, en lugar de abordar el problema únicamente desde la prohibición.

La prevención debe construirse desde el territorio, considerando la realidad de quienes lo habitan. PAAMARI nos deja una lección que no podemos ignorar, prevenir los incendios requiere llegar antes de la emergencia y tomar decisiones desde los territorios. El desafío para el Perú es convertir esta mirada en una política pública sostenida con instituciones articuladas y recursos para la prevención. Si queremos proteger la Amazonía, las comunidades deben ser reconocidas, no solo como población vulnerable sino como actores fundamentales en su prevención y gestión.

Deja un comentario

No te pierdas

De ocho candidatos, solo tres son nuevas alternativas

Cuando faltan 20 días para las Elecciones Regionales y Municipales,

‘Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos’: importancia, legado y razones para verla en el cine

“¿De qué valdría que lloren, que sufran, cuando mis lindas