La política irrumpió en la Copa del Mundo con decisiones que desataron cuestionamientos sobre la independencia de la FIFA y el trato desigual a selecciones, árbitros y jugadores.
El Foro de Davos expuso el fin del orden internacional que conocíamos: sin árbitros creíbles, con la economía convertida en arma y nuevas “mesas de poder” diseñadas por y para los más fuertes, la estabilidad global deja de ser un bien común
La caída de Maduro expone el fin de una dictadura y la consolidación de una lógica de intervención estadounidense que, frente a una América Latina fragmentada y sin coordinación, reactualiza viejas doctrinas de dominación y ubica la región como un territorio tutelado.
Cuestionar la intervención extranjera en Venezuela no es defender a Maduro, sino advertir sobre el avance de una lógica colonial que, bajo el pretexto de la democracia, amenaza la soberanía y la autodeterminación de América Latina.
Donald Trump justificó la intervención militar de Estados Unidos y el control político de Venezuela como una medida de seguridad nacional, mientras China, Rusia y la ONU condenaron la intervención que capturó a Nicolás Maduro.
La guerra en Gaza expone la ineficacia de la ONU y el peso del veto estadounidense, que convierte al Consejo de Seguridad en un escenario sin poder real de decisión.
La violencia patriarcal, evidente en conflictos como los de Israel y respuestas de líderes como Trump, perpetúa el dominio. Urgen pactos sociales que prioricen la razón y una convivencia sin opresión.
Donald Trump ha desatado una ofensiva contra la libertad académica y la diversidad en las universidades de Estados Unidos. La Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas del planeta, ha sido el blanco más reciente. El exmandatario ha prohibido la admisión