Este domingo 4 de octubre iremos a las urnas para decidir una acción crucial, que definirá nuestro destino como pueblo para los próximos cuatro años.
O elegimos como alcaldes y gobernador regional a gente nueva, con ideales de renovación y una esperanza de mejor gobierno; o seguimos votando por los de siempre, por esos que prometieron y nunca cumplieron, por esos que con propaganda millonaria desde hace años nos vienen estafando.
La incapacidad, la corrupción, el abuso del poder y hechos reñidos con la moral y las buenas costumbres se hallan entronizados en las municipalidades y en el gobierno regional. Urge extraer estos callos.
No se necesita ser, todavía, un viejo experimentado o un docto para gobernar. Basta con ser un hombre decente, honesto, firme y con principio de autoridad, para comenzar a sacar del lodo a nuestros municipios y al GRJ.
Es hora de la renovación, nueva sangre, sacudirnos del letargo y esta vez sí elijamos mejor a nuestras autoridades. Sanear los municipios y el GRJ será un camino tortuoso y llevará buen tiempo, pero hay que empezar.

No nos olvidemos de que vamos a elegir alcaldes y gobernador para cuatro años. A los que elijamos se sentarán en sus sillones y nada ni nadie los moverá de allí. De ahí la importancia de elegir mejor.
También es muy importante revisar las hojas de vida de los candidatos. Especialmente, en lo que se refiere a si tuvieron sentencias judiciales en las vías penal o civil. Pues esos hechos deplorables descalifican moral y éticamente a un candidato de convertirse en una buena autoridad.
Tanto así que un reciente informe aparecido en un diario de circulación nacional revela que los candidatos de un solo partido arrastran, a nivel nacional, más de 100 casos judiciales, entre sentencias y acusaciones, que van desde asesinatos hasta violencia sexual y otros delitos.
La pregunta es con qué calidad moral esa gente pretende ser alcalde o gobernador. Desgraciadamente, a esos niveles hemos llegado.
Guardamos esperanza de que esta vez nuestra intuición de votar resulte mejor y no sigamos poniéndonos la guillotina como viene sucediendo desde hace buen tiempo.

