En Huancayo, el nombre Parra del Riego se asocia casi siempre con Juan, el poeta de los Polirritmos que se hizo un lugar en los círculos literarios de Montevideo y murió joven en 1925. Pero Juan tuvo un hermano, Carlos, que también escribió y que hoy vuelve a la conversación gracias al trabajo de la literata Helen Garnica Brocos.
Carlos Parra del Riego nació en el Callao, el 19 de febrero de 1896. Vino de una familia muy ligada a las letras. Además de Juan, tuvo una hermana, Mercedes, que se casó con el poeta Percy Gibson.
Estudió entre Tarma, Huancayo y Lima. Hacia 1914 llevó una vida bohemia, metido de lleno en el ambiente artístico de la época. Más adelante se fue a Bolivia, donde se casó y tuvo dos hijos. De ahí fue deportado a Argentina, donde pasó nueve años trabajando como periodista. Cuando volvió a Lima, escribió en revistas como Variedades y Mundial.
Fue periodista, escritor, político y comerciante a la vez. Helen Garnica lo resume así.
“Carlos Parra del Riego fue periodista, escritor, político, comerciante, pero como escritor parece estar olvidado a la sombra de su popular hermano el poeta de Polirritmos, Juan Parra del Riego”, dice la investigadora.
La enfermedad que marcó su obra
Carlos contrajo tuberculosis, la misma enfermedad que años antes había empezado a consumir a su hermano Juan en París. Llegó a Jauja e ingresó al sanatorio Domingo Olavegoya, un hospital creado exclusivamente para pacientes con tuberculosis, en un tiempo en que esa provincia era conocida en el país como destino de cura climática. Ahí escribió Sanatorio, una novela en la que narró la vida y la muerte cotidiana entre tuberculosos, bajo la voz de su alter ego, Fernández.
“Los ricos se iban a Suiza para sanar, y los no tan ricos, a Jauja”, resume Garnica.
Carlos no se curó. Salió del Olavegoya y fue al hospital El Carmen de Huancayo, donde murió en 1938, a los 42 años. Sus restos están en el cementerio general de Huancayo, pabellón San Esteban, cara 1, fila C, columna 9. Sanatorio se publicó ese mismo año con el sello chileno Zig-Zag.

Quién rescató su historia
La investigadora que sacó a Carlos Parra del Riego del olvido tiene, a su manera, una historia parecida de terquedad y vocación. Helen Garnica Brocos (Lima, 1991) creció en el asentamiento humano “Integración”, en Chorrillos, hija de una enfermera técnica y un técnico del Ejército. En su casa los libros eran un lujo. Fue la primera de su familia en llegar a la universidad pública, entró a San Marcos a estudiar Literatura, hizo maestrías en la PUCP y en la Universidad de Michigan, y hoy cursa un doctorado en Harvard con becas que ganó por mérito propio.
Su conexión con Carlos Parra del Riego nace de otra historia familiar. Su abuelo materno, al que ella llama “papacho”, también se contagió de tuberculosis y le contó de su paso por Jauja para curarse. Años después, Helen encontró por casualidad un ejemplar de Sanatorio en una venta de libros de segunda mano y ahí empezó su investigación.
“Todo conjugó para interesarme en él y en su obra. Mi papacho también se contagió de tuberculosis y me contó de su estancia en Jauja para curarse. Y casualmente encontré el libro Sanatorio en una venta de libros de segunda y empecé con la investigación”, cuenta.
El rescate, casi un siglo después
La reedición de Sanatorio que presentó Garnica en Jauja incluye un Estudio Crítico de su autoría, con una investigación histórica y literaria sobre Carlos Parra del Riego y sobre lo que significó la tuberculosis como enfermedad social, religiosa, económica y política en el siglo pasado. También suma anexos con una fotografía del escritor nunca antes vista, además de artículos periodísticos, libros y documentos históricos de la época.
Tres pasajes de la novela muestran el tono con que Carlos narró su encierro:
La llegada
“Nadie me espera. No es la primera estación donde nadie aguarda mi llegada. Pero ¿no será la última, la definitiva? Muchas veces, en los remotos lugares a donde me llevara mi curiosidad trashumante, me he sentido muy solo y como perdido al término del viaje” (pág. 79).
El enfermo N.° 5
“Mientras el velador se va a llamar al capellán, el enfermo del número 5 contempla con terror la puerta por donde ha salido. Detrás está Ella, al acecho. Casi la siente, casi siente el crujido de sus huesos y el roce sutil de la afilada hoz contra las maderas de la puerta. ¡Ah, que no entre, que no la dejen entrar!” (pág. 177).
La antesala de la muerte
“Yo solo sabía que el ‘cuarto’ era el lugar destinado a los señalados por el favor del director o de las monjas. Ignoraba que era también ‘la antesala de la muerte’. El privilegio de estar ahí, mejor atendidos, sin duda, significa una condena a corto plazo” (pág. 259).
Para Garnica, el libro sigue vigente. Dice que es un texto que “todo político y la presidenta Keiko Fujimori deberían leer” para entender que las condiciones de exclusión y las deficiencias en las políticas de salud pública que retrató Carlos Parra del Riego no han cambiado tanto, como quedó claro con la pandemia de covid-19.
El doctor Miguel Cabañas Enríquez, de la Universidad de Michigan, describe así el libro: “En lo alto de los Andes, donde el aire seco prometía la cura y el nombre de Jauja evocaba tanto salud como muerte, un hombre entra al sanatorio José Domingo Olavegoya sabiendo que quizá no vuelva a salir”.
El libro, publicado con el sello de El lamparero alucinado ediciones, se presentó en Jauja el 13 de agosto, con la presencia de la autora, el arqueólogo Manuel Perales y Lilian Figueroa, a iniciativa del Centro Cultural Tinkuyay. Se puede comprar en Jauja, al número 953922965, y en librerías de la capital.

