La primera edición de ‘Sombriti’ fue publicada en 2023, en el eco y contexto de la represión de las protestas antigubernamentales que dejó 50 muertos entre diciembre de 2022 y marzo de 2023. Ese mismo año, en medio del estremecimiento ante la violencia y los visos iniciales de impunidad para las fuerzas del orden y los responsables civiles, otros libros también dieron cuenta de la ciudadanía en las calles y la violencia estatal contra ella: Multitudes, de Valeria Román; Esta democracia, de Mauricio Delgado; Diario de protesta, de Eduardo Yaguas; los dos primeros fanzines Qantu y barricada: protesta la poesía. En 2025, la plaqueta de poesía Propongo y agito. No son publicaciones de un momento que quedó atrás, sino de lo que continúa y lo que vendrá.
José Carlos Agüero escribe este texto teniendo en mente a su hija, de siete años en la actualidad. O podemos decir que fue la estrategia de escritura: como si fuera para su hija, pero en realidad y a la vez para su audiencia.
Se trata de un ensayo y poesía, con epígrafes de autores significativos en su construcción como persona. Y una reflexión respecto de imágenes icónicas históricas. Reúne anotaciones y reflexiones del tiempo de la pandemia hasta el período de la violencia que inaugura el pacto corrupto gobernante desde diciembre de 2022.
El ensayo tiene varios ejes: la herencia cultural del siglo XX, el valor y la volatilidad de la palabra o de la creación humana, la condición humana, la relación de los seres humanos con su ciudad, la crianza. Algunas secciones están redactadas en forma de advertencias, especialmente en torno a la represión de los ciudadanos cuando ejercen su derecho a la protesta pacífica en el Centro de Lima: cuando la policía abusa y comete delitos con permiso del poder político. La cuarta advertencia dice que la plaza San Martín es el corazón de Lima. “Es tuya esta plaza”, le escribe a su hija.
“Por décadas, para decir ¡basta!, la plaza ha sido pisada, saltada, corrida, gastada. […] Incluso los que desde otros pueblos del país han sufrido el racismo y el menosprecio del centralismo blanco, saben que esa plaza no es exactamente igual a la élite de Lima. Esa es como su cabecera de playa. Allí llegan —junto a su par, la plaza Dos de Mayo— a descansar, a pasear, a sentir que han llegado a la capital. Y también sin duda, a protestar”, dice Agüero en la página 115.
¿Por qué es tan actual este ensayo? El gobierno que empezó el 28 de julio tiene en el gabinete a un político que dijo a los medios que los asesinados en la represión de 2022 y 2023 eran bolivianos y venezolanos. El viceministro de Justicia fue el funcionario que facilitó el indulto ilegal de Alberto Fujimori en 2017, como presidente de la Comisión de Gracias Presidenciales. El ministro de Justicia actual dijo que la marcha del 15 de octubre del año pasado fue “subversión”, y por supuesto no lo fue: lo sabemos quienes fuimos testigos en el lugar y quienes vieron imágenes transmitidas en vivo por los medios. Lo saben la familia y los amigos de Mauricio Ruiz, el músico asesinado esa noche por un policía vestido de civil en la Plaza Francia.
Agüero señala que los libros no son cosas sino “eventos que nos agreden o nos acarician”. En este libro (Sombriti) se juntan los dos verbos.
Es un ensayo de actualidad porque las movilizaciones contra las injusticias y la indignidad continúan y seguirán. El Congreso saliente, liderado por el fujimorismo, aprobó normas para blindar a las fuerzas del orden, y éstas han seguido cometiendo actos de tortura y asesinatos en Lima y regiones: además de las leyes de impunidad está la más reciente que busca impedir que la justicia ordinaria procese a agentes de las fuerzas de seguridad cuando cometan delitos contra civiles en las localidades bajo estado de emergencia. Y somos millones los peruanos que vivimos hace años en jurisdicciones declaradas en emergencia.
El 28 de julio, mientras la hija del dictador leía un mensaje a la nación, familiares de víctimas de las masacres de 2022 y 2023 en Andahuaylas, Pichanaki, Macusani, Juliaca y Lima caminaban por las calles de Lima en demanda de justicia; lo hacían también en nombre de los parientes de los asesinados en Cusco, La Libertad y Arequipa. Estaban los padres de Inti Sotelo, asesinado por la policía en noviembre de 2020 durante una manifestación masiva contra el gobierno de Manuel Merino; también los familiares de las víctimas del caso La Cantuta y de otros casos de desaparición y asesinatos del período 1980-2000.
Cuando llegaron a la esquina de Abancay y Nicolás de Piérola, al extremo del Parque Universitario, un policía con megáfono invitó a las personas a seguir su movilización hacia la Av. Grau. Pero no fueron hacia allá, regresaron con dirección a la Plaza San Martín. Una vez allí, algunos de los miembros de las organizaciones de víctimas de regiones entraron al centro de la plaza, zona a la que desde diciembre de 2022 la policía impide entrar cuando se trata de manifestaciones de víctimas sobre derechos humanos. La policía reprimió con golpes, varas y escudos, lanzó gas pimienta, empujó a las personas que se acercaban al monumento a San Martín y las lanzó al suelo desde un desnivel. “La plaza es del pueblo”, reclamó la esposa de uno de los asesinados que tenía una bandera de luto en las manos. Los estudiantes universitarios retrocedieron por un instante, empezaba un nuevo episodio de represión y de maltrato a las víctimas. La revictimización en Lima, por tercer año consecutivo.
De pronto, aparecieron muchas personas vestidas de negro, los agentes siguieron forcejeando un poco contra ellos, hasta que se dieron cuenta de que algunos llevaban medallas que colgaban de unas cintas en el cuello. Eran los congresistas que abandonaron el hemiciclo y fueron a acompañar a los manifestantes. Los policías de resguardo de los senadores y diputados estaban con ellos. ¿Qué hubiera pasado si no llegaban en ese instante? Segundos después, el monumento a San Martín fue el lugar donde los familiares de víctimas tomaron la palabra. La pancarta más grande desplegada allí era blanca y pedía justicia para los asesinados por el Ejército en Colcabamba en abril de este año. Esta semana un juzgado ha dado libertad a los militares acusados por el delito, y el juez que ordenó la prisión preventiva en primera instancia corre el riesgo de ser denunciado —debido a una de las leyes recientes pro impunidad aprobadas por el fujimorismo—.
Si no van a comprar el libro, les adelanto un par de recomendaciones que contiene: en caso de agresión policial en el Centro de Lima, busquen llegar al Paseo de los Héroes o la Plaza Grau, donde el gas lacrimógeno se expande y disminuye su concentración; y pese a sufrir los efectos del tóxico, caminen mirando a las fuerzas del orden.
Agüero señala que los libros son el medio que el drama y la condición humana han encontrado para preservarse y transmitirse, que los libros no son cosas sino “eventos que nos agreden o nos acarician”. En este libro se juntan los dos verbos.
‘Sombriti’ trae algunas verdades de la experiencia que es bueno tener a la vista. Por ejemplo, que para vivir o sobrevivir los humanos adoptamos máscaras, o qué es lo más importante después que alguien vuelve a casa tras la represión de una marcha: “Los amigos. Pensar. Cuidarlos. Y dejar que te cuiden”.

