En la década de 1970, mientras Hora Zero remecía la poesía peruana desde Lima, en Huancayo un grupo de jóvenes escritores comenzó a adaptar ese espíritu a la realidad andina. Entre sus principales impulsores estuvo Sergio Miguel Castillo Falconí, quien convirtió la identidad, la memoria y el paisaje de los andes en el corazón de una nueva corriente literaria nacida desde las provincias.
Ese legado transformó la poesía peruana desde el centro del país y marcó uno de los capítulos más importantes en la historia de la literatura regional.
Nacido en Jauja en 1947, Castillo Falconí es una de las figuras más representativas de la literatura de Junín. Su aporte fue decisivo para que la propuesta de Hora Zero, surgida en Lima, adquiriera una identidad propia en la sierra central al incorporar el lenguaje cotidiano, la memoria colectiva y las problemáticas sociales de los Andes como ejes de una nueva expresión poética.
“Más que escribir poesía, Sergio Castillo Falconí ayudó a construir una literatura con identidad andina, llevando la voz, la memoria y el paisaje de los Andes al centro de la creación literaria peruana”
Su compromiso con la literatura regional había comenzado años antes. En 1968 fundó el colectivo Xauxal Artes y Letras y, en 1970, organizó el Primer Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes del Perú en Jauja, iniciativas que impulsaron la creación literaria y abrieron espacios para nuevas voces del centro del país. A ello se sumó su labor como director del entonces Instituto Nacional de Cultura (INC) de Junín entre 1992 y 2009, desde donde promovió la investigación, preservación y difusión del patrimonio cultural de la región.
La historia de Hora Zero del Centro comenzó a tomar forma en 1975, cuando la visita de los integrantes del movimiento a Huancayo motivó la conformación de un núcleo regional. Tres años después, en 1978, Castillo Falconí y el poeta César Gamarra redactaron el Primer Manifiesto de Hora Zero del Centro, firmado por nueve jóvenes escritores. El documento consolidó el nacimiento del movimiento en la sierra central y planteó el desarrollo del denominado “poema integral”, adaptando la estética horazeriana a la realidad social, cultural y lingüística de los Andes.
La consolidación del grupo llegó en 1983 con la publicación de Hora Zero Huancayo, obra en la que Castillo Falconí compartió páginas con Tulio Mora, Lucía Ocampo, César Gamarra y otros autores. La publicación reafirmó a Huancayo como uno de los principales focos de renovación poética fuera de Lima y demostró que las grandes corrientes literarias también podían surgir desde las regiones.
“Como uno de los impulsores de Hora Zero del Centro, demostró que la renovación de la poesía peruana no solo podía surgir desde Lima, sino también desde Huancayo y el corazón de los Andes”
Ese mismo compromiso quedó plasmado en una obra que abarca más de cinco décadas de creación. Es autor de Identidad nuestra (1967), Un gato borda un barco (1971), Saudade (1997), Mariana (1999), Silvestre Morada (2000), Después de la séptima puerta (2011), Kiswar (2014), La encina y los años (2016) y Odoodooodo de profundis (2022). La crítica ha destacado en sus poemarios una propuesta descolonizadora, ecológica y profundamente andina, cuya vigencia radica en convertir la realidad de los Andes en el centro de su creación literaria.
Más que un poeta, Sergio Castillo Falconí ayudó a consolidar una literatura con identidad propia desde los Andes. Su visión del mundo andino, plasmada en décadas de poesía e investigación, convirtió a Huancayo en un referente de la renovación poética fuera de Lima y dejó una huella decisiva en la construcción de la literatura contemporánea del centro del país que continúa inspirando a nuevas generaciones de escritores.
Ese aporte es el que hoy sustenta su reconocimiento como Personalidad Meritoria de la Cultura, que le fue extendido el último martes 21 de julio.

