Sonaly Tuesta: ‘Me di cuenta que soy vulnerable, que no era invencible’

Sonaly Tuesta visitó la Feria Internacional del Libro de Huancayo, para presentar su último libro. En esta entrevista nos cuenta lo que sintió y aprendió en ese viaje que la vio regresar.
Sonaly Tuesta presentó su más reciente libro en Huancayo.
Sonaly Tuesta presentó su más reciente libro en Huancayo.
Evelyn Maldonado
Evelyn Maldonado
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La periodista Sonaly Tuesta, con 20 años al frente de Costumbres, el programa de televisión que resalta la diversidad cultural del país, presentó en Huancayo su último libro Un viaje para no morir, un texto testimonial que germinó en aquellos días en que un extraño virus la alejó repentinamente de la televisión, en 2016.

La autora se revela como una mujer vulnerable que encontró el respaldo en la fe de las oraciones y creencias de todas las personas que conoció a lo largo de su carrera de documentalista, recorriendo el Perú, que logró entender la diversidad y mimetizarla con su vida personal.

Diresa anemia

Nacida en Lamúd, en la provincia de Luya, Amazonas, la también documentalista es periodista, escritora y productora audiovisual.

¿Para quién escribes el libro [Un viaje para no morir], Sonaly?

Un viaje para no morir es finalmente una necesidad mía, personal, de poder cerrar un ciclo y de poner ahí este recorrido para sobrevivir, que además aplica a otros escenarios, no necesariamente a estar grave en una clínica, sino a mi propia existencia. Cómo haces, digamos, con ayuda de los demás, para sobrevivir, para hacer ese viaje. Comienza por eso, por una cuestión personal que escribo. Simplemente escribo, todavía no sabía qué quería hacer, pero luego, ya con los mensajes, con el cariño que comencé a recuperar de la gente que había tenido en su momento, dije, definitivamente esto tiene que ser una publicación que sea un agradecimiento para la gente.

La empatía está muy presente en tu libro, me costó reconocerte vulnerable. ¿Cómo se siente Sonaly ahora?

¿Qué me pasó con la enfermedad? Que me di cuenta que yo era una persona vulnerable. Que era una persona que podía enfermarse. Que no era invencible como yo creía. Ya dentro del propio proceso [de recuperarme de la enfermedad] necesitaba de la ayuda de los otros. Imagínate, en medio de ese baño que me dan, me doy cuenta que tengo un pañal. Eso hace que piense que estoy dependiendo de más cosas y finalmente no es revelarte contra eso, sino asumirlo; porque en cualquier momento de tu vida es mejor estar acompañado, es mejor tener la ayuda de los demás para poder construir.

Eso es un aprendizaje que yo tengo de las comunidades: la reciprocidad. Finalmente, el hecho de la debilidad que pueda sentir en un momento no me da vergüenza, porque también sé que está la otra Sonaly fuerte, que busca una alternativa.

La fe en las tradiciones, la medicina tradicional y el poder de los ancestros es el otro protagonista de tu viaje [en el libro]. ¿Crees que la fe te salvó?

Yo creo que sí. Estoy segura. Yo no era mucho de expresar que sentía que habían fuerzas de buena energía que te llegaban, antes incluso de enfermarme. Y después lo he asumido con totalidad. Es la fe de los otros que te llega y te alcanza. Ese es el relato: cómo la gente desde su propia expresión íntima piensa en ti y finalmente logra un objetivo. Yo creo que eso ayuda muchísimo y todo este tema de las deidades y las hojas de coca es importante, porque es la creencia de alguien que lo hace todos los años, todas las épocas. Esa disciplina, esa ritualidad, al ser tan íntima de ellos, te alcanza también.

¿Consideras todo este testimonio personal y tu largo aprendizaje como un aporte para nuevas generaciones?

Yo creo que sí. Porque es esta vivencia que he tenido por más de 20 años [al frente de Costumbres] que se queda en la memoria y el corazón. Finalmente son las cosas de las que uno se agarra. En mi caso, para poder sobrevivir. No se trata solamente de un aprendizaje de nombres o de lugares, sino sobre todo de esencia y de historia, son personas las que están ahí.

En cada lugar del país he conocido gente y cada lugar es especial por esas personas. Si me hablas, por ejemplo, de un mapa actual que puedo tener del país; en ese mapa tengo rostros de personas en cada uno de los lugares. Tengo momentos. Eso, creo, ha permitido también que yo tenga más elementos para ensayar mi memoria para no perderla y para poder vivir.